Guatemala, 10 de junio de 2008

DE MIS NOTASLitigar por la PrensaAlfred Kaltschmitt

MIRADORLa IV FlotaPedro Trujillo

HOMO ECONOMICUSReviviendo a Arana...José Raúl González Merlo

PUNTO DE ENCUENTRORecuperar la historiaMarielos Monzón

WACHIK´AJ Veto a esa guerraMartín Rodríguez

SIEMBRAPresidenteCarlos Enrique Zúñiga Fumagalli
EDITORIAL
Los frecuentes relatos acerca de atropellos que sufren los inmigrantes en las naciones desarrolladas plantean un nuevo escenario para una institución que en sus inicios estuvo rodeada de admiración, comprensión y solidaridad, porque de sus filas salieron forjadores de naciones o pioneros de grandes empresas e iniciativas, como lo ejemplifica la prosperidad de Estados Unidos.
Pero como el hombre es el lobo del hombre, la migración es ahora abominada por naciones que, en gran parte gracias a su respaldo, amasaron fortuna por medio del trabajo y el conocimiento de quienes, sin reticencia, dieron lo mejor de sí a los países de acogida, como un reconocimiento a su hospitalidad.
Hoy, aquel fenómeno es visto como una peste y es objeto de rechazo y persecución hasta los límites de la brutalidad, porque se ha institucionalizado la violación abierta y descarnada de los derechos humanos de quienes forman parte de él a causa de la necesidad de subsistencia, por la falta de empleo y de oportunidades en sus países de origen.
La fraternidad enarbolada como símbolo de la Revolución Francesa y la subsecuente elevación del concepto a principio paradigmático de las relaciones entre individuos y pueblos, o la Declaración Universal de los Derechos Humanos, han perdido esencia y vigencia, porque la competitividad ha prohijado, por doquier, feroces represores.
Para no vivir en un mundo de hipocresía y apariencias, de repente será necesario que las Naciones Unidas y otras sociedades que antes se erigían como defensoras de los derechos humanos, cambien declaraciones en las que tutelan el derecho a la vida, para que no sigan contrariando sus propios principios y cuenten con autorización expresa para ultrajar a los migrantes, a quienes también deben despojar de su condición de seres humanos.
Y para matar dos pájaros de un tiro, los sabihondos de aquellas altas esferas de las decisiones universales deben abrogar, asimismo, cuanto tratado exista en contra de la discriminación, la exclusión y el racismo, para sacarlos del abismo de los hechos punibles y execrables, y elevarlos al solio de las prácticas nobles de quienes gobiernan este mundo.
De hecho, en los EE. UU., la migración ya tiene categoría de delito grave, y sus autoridades son implacables y severas contra quienes intentan hollar un territorio poblado, coincidentemente, por un mosaico de razas en cuyos orígenes primaron el despojo y el exterminio de las poblaciones aborígenes.
En cuanto a la culta Europa, la de la Ilustración y la solidaridad, sus autoridades de migración y Policía se entretienen en estos tiempos con la práctica de la xenofobia, y hacen gala de inusual patología para vilipendiar y humillar hasta lo indescriptible e inimaginable a quienes cargan con el estigma de no haber nacido en tierras de realeza ni pueden blasonar de piel ni apellidos de alcurnia.
El mundo civilizado ha ahogado la misericordia en su desmedido afán por acaparar bienestar y riqueza. Pareciera que Hitler ha vuelto, sólo que en muchas latitudes y con el racismo exacerbado.
“Pidió un permiso para retirarse del Congreso durante dos meses, sin goce de sueldo... Este es un mensaje para todos los diputados. Si se va el presidente del Congreso, se puede ir cualquiera; aquí no se va a amañar a nadie”.MARIO TARACENA,Jefe de bancada de la UNE
“Yo soy nueva en el Congreso, y no sé cómo se manejan los viáticos. Creí que podía usarlos para invitar a cenar a algunas personas con las que nos reuniríamos, o para llevarles regalos, que es lo que usualmente se hace, según he escuchado”.ROSA ZAPETA,Diputada
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