Guatemala, 27 de junio de 2008

CATALEJOLas banderas y su jerarquíaMario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASLos precedentes de San JuanAlfred Kaltschmitt

LA IMAGEN ES PERCEPCIÓNImagen y profesión militarBrenda Sanchinelli Izeppi

SIEMPRE VERDETejiendo nuestro futuroMagalí Rey Rosa

VENTANALa calavera sonrienteRita María Roesch

LO QUE EXPRESOEsperanza sanjuaneraJosé Miguel Argueta
EDITORIAL
Los ciudadanos de los países democráticos tienen derecho a estar enterados de las acciones del Gobierno y sus instituciones, sobre todo cuando implican uso del dinero de las arcas nacionales. Ese es el principio que justifica la exigencia de cuentas, efectuada gracias a la participación de los mecanismos de control. Pero cuando éstos fallan, como casi siempre ocurre en Guatemala, se debe recurrir al trabajo de grupos ciudadanos que hacen las denuncias y que convierten a la Prensa en el vehículo para que se conozcan acciones mantenidas ocultas por tener algo oscuro.
El ejemplo más reciente es el Congreso de la República y la decisión de colocar 82 millones de quetzales de sus fondos para inversiones en una casa de bolsa. El público conoció de este asunto y, sobre todo, de sus implicaciones, gracias al trabajo de la Prensa. Hasta ahora nadie ha podido responder por qué se justifica o explica haberse metido en semejante aventura financiera.
Los fideicomisos se han convertido en una manera de evadir leyes como la de contrataciones. Por ser un mecanismo utilizado en muchos casos por la municipalidad capitalina, es explicable que los diputados del Partido Unionista se opongan con subterfugios a que se apruebe la ley de libre acceso a la información.
Pero también hay otras entidades que necesitan hacer públicas todas sus acciones y decisiones, y responder ante el público. La autonomía, sea edil, universitaria o deportiva, no es sinónimo de secreto. Por ello, cualquier negativa a informar sólo puede ser vista como una forma solapada de ocultar acciones que deben permanecer fuera del conocimiento público.
La Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala, ahora intervenida, está a punto, si no lo hizo ya, de llegar a un acuerdo para entregar por 30 años el estadio Mateo Flores al empresario mexicano Guillermo Cañedo, quien se encuentra en este momento en el país, a cambio del 3 por ciento de los ingresos. No se efectuó la licitación de ley ni se ha explicado por qué a la CDAG no le alcanzan los 250 millones de quetzales anuales para el mantenimiento de las mencionadas instalaciones.
Obviamente, es mejor alquilar a largo plazo una instalación ya existente que construir una: puede haber mucho interés en alargar el tiempo de un contrato y en disminuir el porcentaje de participación de las instalaciones, que al quedar en manos privadas podrían ser vedadas para el uso o ingreso de cualquier persona o entidad, sobre todo periodísticas.
Este asunto podría convertirse en otro escándalo, peor al actual del Congreso, al tener que investigar el Ministerio Público, para deducir responsabilidades penales; la Contraloría de Cuentas, para investigar la negociación; la Procuraduría de la Nación, para investigar si el contrato es correcto o lesivo; el Ministerio de Cultura y Deporte y el Congreso, para decidir hacer interpelaciones. Y los guatemaltecos tenemos derecho legal y moral de saber dónde se ha hecho realidad esa idea, y qué beneficios significa y para quiénes.
“La lucha por defender a los migrantes debe ser general. En el presente caso, Canadá y EE.UU. también formaron parte de la reunión de ayer, para convocar la misión, y están dispuestos a trabajar con nosotros”.JORGE SKINNER-KLÉEEmbajador del país en OEA
“Yo no creo que fueran tan brutos; al contrario, esa gente (implicados en el desvío de Q82 millones del Congreso) se pasó de lista. Seguro registraron una cantidad, pero por debajo de la mesa recibieron otra”.MARIO TARACENADiputado
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