Guatemala, 7 de marzo de 2008

DE MIS NOTASDónde ir en la Semana MayorAlfred Kaltschmitt

FARO¿Crisis controlada?Rodrigo Castillo Del Carmen

SIEMPRE VERDENo es normalMagalí Rey Rosa

VENTANAComo PizarroRita María Roesch

COLABORACIÓNEntregado a la vidaJosé Miguel Argueta

CATALEJOMario Antonio SandovalConsideraciones sobre una crisis
LA MUERTE DE UN LÍDER guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por fuerzas militares de ese país dentro de territorio de Ecuador es un hecho cuyo análisis necesita ser realizado con serenidad, porque puede ser interpretado de muchísimas maneras. En primer lugar, el gobierno del presidente Álvaro Uribe necesita explicar con exactitud cómo ocurrió, y el mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, explicar por qué se encontraban ese grupo de guerrilleros de Colombia dentro del territorio de Ecuador. Tan repudiable como una acción castrense en territorio ajeno es la actitud de pasividad o de apoyo abierto a grupos políticos armados cuyo fin es derrocar al régimen popularmente electo de una nación vecina.
LA CRISIS PUEDE alcanzar niveles en realidad absurdos. Por un lado, el riesgo de la pérdida de vidas no solo de soldados enviados a combate por los gobiernos, como de civiles inocentes radicados en las áreas donde se libraran las escaramuzas. Por el otro, la intervención directa del presidente venezolano, Hugo Chávez, a causa de su folclorismo y su manera poco seria de expresar sus criterios, solamente agrega leños a una hoguera a punto de encenderse. La amistad entre Chávez y Correa puede convertirse en el detonante de una confrontación abierta en el norte sudamericano, región donde por desgracia desde hace mucho tiempo existe una carrera armamentista peligrosa, porque cuando hay armas, existe el riesgo de usarlas con algún pretexto.
HE LEÍDO UN PAR DE ARTÍCULOS escritos alrededor de una idea: la acción militar colombiana puso en peligro la continuación de las negociaciones para la liberación de rehenes de las FARC. A mi criterio, esta posición le da una vuelta inaceptable a un hecho evidente: los culpables de la inhumana retención de los rehenes son los guerrilleros, quienes no merecen ser calificados positivamente porque han liberado a unas cuantas personas y aseguran estar dispuestos a hacer lo mismo con unos pocos más. Aun en el caso de devolverle su libertad al resto de sus víctimas, los guerrilleros tampoco merecerían ningún aplauso. Afectaron la vida de miles de inocentes, no solo quienes han sido secuestrados, sino sus familiares más cercanos.
EL PRESIDENTE CHÁVEZ tiene poco motivo para hablar. Es un admirador confeso de los terroristas colombianos, para quienes incluso ha pedido tratamientos especiales. Por otro lado, es necesario analizar la situación colombiana, cuyo pueblo ha sido desde hace décadas víctima de las FARC. La pregunta básica se refiere a cómo debe actuar un país en defensa de sus ciudadanos y de las actividades legales realizadas por éstos en todo el país. Hace varios años, en Guatemala, uno de los problemas era la existencia dentro de México de campamentos guerrilleros cercanos a la frontera, en los cuales llegaban a refugiarse. Sin aspavientos pero con eficiencia, el país vecino obligó a la reubicación de esos lugares. Las incursiones disminuyeron.
CHÁVEZ Y CORREA TIENEN ahora una grave responsabilidad. Han llegado incluso a despotricar contra la Organización de los Estados Americanos y sus esfuerzos por llegar a una solución diplomática. Yo tengo algo claro: la relación entre dos países no puede ser puesta en peligro por una acción dirigida contra un grupo sembrador de terror por décadas. Por eso, hablar de ultraje y de otros términos similares sería casi risible si no fuera porque dichos mandatarios, por su corte populista, necesitan con urgencia un pretexto para proteger un supuesto nacionalismo, la defensa de la Patria y demás conceptos cuya validez depende de muchas circunstancias. Necesitan escuchar el apoyo continental a una solución diplomática, para dejar su posición actual.
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