Guatemala, 8 de marzo de 2008

ALEPHLas niñas de GuatemalaCarolina Escobar Sarti

MACROSCOPIOComer oro negroHumberto Preti

UCHA´XIKSocios de la muerteSam Colop

COLABORACIÓNEfecto destructorJaime Francisco Arimany Ruiz

CON OJOS DE MUJER¡Achú, achú...!Marta Pilón

EL QUINTO PATIOCarolina Vásquez ArayaPara ti, en tu día
Hoy se celebra tu día en el mundo entero. Quizás no te has enterado, porque tus padres, en lugar de enviarte a la escuela, te destinaron al trabajo del campo, al servicio doméstico, al cuidado de tus hermanos o, simplemente, planificaron tu casamiento y para eso no se necesita saber leer ni escribir, mucho menos tener un diploma académico.
El proceso ha sido largo y doloroso. Una especie de adolescencia interminable jalonada de logros y retrocesos, en los cuales prevalecen aún los prejuicios que nos han mantenido apartadas de los principales centros de poder político.
A ello contribuyen con particular entusiasmo la mayoría de credos religiosos, cuyos fundamentos nos asignan un papel subordinado, so pena de condenación eterna, alimentando desde el púlpito toda clase de prejuicios sociales, tan arraigados en el inconsciente colectivo que incluso nosotras terminamos creyendo en ellos.
Pero ahí vamos, avanzando de a poco y con muchas ganas de transformar estas sociedades discriminadoras en comunidades humanas más justas e incluyentes. Para ello nos reunimos en cooperativas, círculos, mesas, frentes, foros y toda clase de recursos de asociación que nos brinden la oportunidad de hacernos escuchar y sirvan de plataforma para expresar nuestro pensamiento.
No ha sido fácil. Enfrentamos, sin éxito, la concentración del poder en instancias de vital influencia para el cambio, como los organismos legislativos y la mayoría de entidades estatales y privadas cuya relevancia las convierte en inmensos obstáculos para alcanzar los cambios exigidos para lograr la equidad de género.
Nos han privado así de la reforma y emisión de leyes destinadas a eliminar toda forma de discriminación, con lo cual se intenta perpetuar nuestra subordinación en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Y eso muchas veces lo han logrado con la entusiasta complicidad de algunas de nosotras en cargos públicos.
Sin embargo, tenemos la gran ventaja de conocer bien nuestros objetivos y saber con certeza hacia dónde encaminar nuestras estrategias. Estamos conscientes de que la falta de equidad constituye una violación a los preceptos de la Constitución Política de la República y de todas aquellas convenciones y convenios internacionales ratificados por el Estado, los cuales demandan la eliminación de esas injusticias sociales. Somos mujeres y, por tanto, seres humanos con responsabilidades y derechos pero, además, con la fuerza que nos da la irrebatible razón de nuestras demandas. Por todo ello, madre, hija, hermana, esposa, estudiante, profesional, analfabeta, artista o campesina, felicidades en tu día.
elquintopatio@gmail.com
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