Guatemala, 8 de marzo de 2008

ALEPHLas niñas de GuatemalaCarolina Escobar Sarti

MACROSCOPIOComer oro negroHumberto Preti

EL QUINTO PATIOPara ti, en tu díaCarolina Vásquez Araya

UCHA´XIKSocios de la muerteSam Colop

CON OJOS DE MUJER¡Achú, achú...!Marta Pilón

COLABORACIÓNJaime Francisco Arimany RuizEfecto destructor
Los seres humanos tenemos varios problemas que resolver en tiempo relativamente breve. El crecimiento descontrolado de la población y los patrones de consumo hacen que las predicciones de Thomas Malthus con respecto del aumento de la población se conviertan en una terrorífica realidad, no sobre la escasez de comida, sino de energía, factor insospechado a finales del siglo XIX.
Los problemas se derivan del aumento de la población en forma agigantada y un aumento de demanda de energía por cada ser humano que habita la Tierra, combinación que acelera aún más el déficit, lo que da como consecuencia una adicción por obtener más energía a cualquier costo.
Esta contaminación, derivada de los gases producidos por el uso de recursos petroleros y de carbón, materiales que la Tierra había ido acumulando en sus entrañas durante millones de años, es lanzada a la naturaleza, con el agravante de que aquellos elementos que pueden disminuir la contaminación —las zonas verdes y boscosas— son destruidas a pasos agigantados.
Se ha querido manejar que las plantas térmicas de carbón han disminuido su contaminación, lo cual es cierto en cuanto a la generación de dióxido de nitrógeno, pero no lo es en cuanto al lanzamiento, al espacio, de CO2, que continúa saliendo al aire porque el carbón no se destruye.
Una planta térmica que quema materiales orgánicos que están en la superficie de la tierra, como la madera y el bagazo de caña, si no quema petróleo, no aumenta la contaminación, ya que utiliza el carbono que estaba funcionando en el balance que permite al planeta estabilidad, de tal forma que si estuviéramos en el ciclo de calentamiento global, como sostienen algunos científicos, no la aceleraría. El nivel de vida de la población y los niveles educativos son bajos; necesitamos aumentar la producción de bienes y servicios para que la gente viva mejor.
¿Cómo vamos a cumplir con la exigencia popular de tener suficiente energía? ¿Qué va a hacer el Gobierno para evitar el aumento de la contaminación, sin que disminuya el servicio energético?
Nuestra sociedad debe tomar la responsabilidad de enfocar los esfuerzos en la generación de energía limpia, que no contamina el aire con más carbón. En Guatemala, el total instalado es de mil 800 megavatios (MW), hay una licitación para 200 MW de una planta de carbón y se hablan de 400 MW más.
En pláticas con el ministro Luis Ferraté, hemos conversado sobre la urgencia de cambiar las licitaciones de plantas de carbón por las de gas, que no contaminan y pueden instalarse en dos años; el doctor Ferraté está dando prioridad a las negociaciones derivadas del cambio climático para Guatemala, para beneficio tanto a nivel público como privado de los certificados de carbono. Señala que la mejor vacuna es el sistema de áreas protegidas que tiene Guatemala, por la reforestación y regeneración natural del bosque.
El precio actual de tonelada absorbida es de US$25 anuales. Una hectárea puede absorber unas cuatro toneladas de CO2, US$200 por año, más rentable que algunos cultivos de secanos.
La contaminación promedio mundial en partes por millón de CO2 era 270 en 1900; 372, en 2003, y al ritmo actual será 450 en 2050. Los científicos coinciden en que ese valor generará efectos atmosféricos destructores.
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