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Guatemala, 8 de marzo de 2008

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En hombro de gigantes 

La mayoría de nuestras calles o no tienen banquetas o están ocupadas con vehículos, rótulos, ventas o cualquier obstáculo. Eso sí, el vehículo es el amo, el dueño.

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Por Manuel Salguero

Opinión

“Stand on the shoulders of giants”, estar parados en hombros de gigantes. Es muy probable que Newton, en una carta escrita a Hook en 1675, le dijo, modestamente “si yo he visto más allá que otras personas, ello es porque estoy parado en hombros de gigantes”. Los gigantes, claro, son los científicos que desarrollaron el conocimiento antes de Newton, y a quienes él da crédito como quienes le ayudaron a entender un poquito más el universo.

Pero en cuanto a la frase, quedó asociada con el mito de Newton y, gracias a Voltaire, pasó a ser leída como un elogio del método científico, que permite a los pigmeos modernos superar hasta a los gigantes del pasado.

Y esto viene a colación respecto de ciertas condiciones de nuestra forma de vida, de nuestro desarrollo. No hemos podido salir del subdesarrollo, a pesar de la gran cantidad de gigantes de la historia sobre los cuales podríamos subirnos, para ver un poco más allá. Seguimos siendo pigmeos modernos.

El desbordamiento urbano ha rebasado toda previsión. Tenemos en nuestras ciudades y municipios, centros urbanos completamente saturados de actividad humana.

Todos necesitamos de calles adecuadas, para desplazar automóviles y personas de una manera cómoda y segura.

Pero caminar es un placer, una necesidad, un derecho en todo espacio público de niños y adultos, hombres y mujeres, de personas con capacidades íntegras o discapacitados.

Todos, uno por uno, sin excepción requieren de un espacio para transitar, estar parados, sentarse, platicar o correr en el espacio común.

Sin nada con qué tropezarse, sin nada que limite el deseo de caminar por la calle o un parque.

El camino a la escuela, a la universidad, al parque, la tienda, el banco, la iglesia, el trabajo y a donde vaya alguna persona, acompañada o con su pensamiento nada más.

Sin embargo, en nuestras ciudades, caminar frecuentemente es inseguro, incómodo, humanamente denigrante.

La mayoría de nuestras calles o no tienen banquetas o están ocupadas con vehículos, rótulos, ventas o cualquier obstáculo. Eso sí, el vehículo es el amo, el dueño. Para él las calles, puentes, pasos a desnivel, autoservicios.

Al peatón “nada”. En muchos países ya se han aprobado legalmente “los derechos del peatón”.

Nuestros antepasados nos legaron ciudades hermosas, parques, banquetas y calles amplias, alamedas, calzadas; sin embargo, no aprendemos de nuestros gigantes.

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