Guatemala, 8 de marzo de 2008
A sus 104 años, Dominga Sánchez Aroche recuerda que desde niña trabajó en la siembra y corte de café, para ayudar al sostenimiento de su familia.
Su vida está ligada a la actividad agrícola, donde transcurrió su infancia, porque todos los días acompañaba a sus padres a laborar en las fincas cafetaleras.
Doña Minga es hoy una de las mujeres más longevas de Amatitlán, con sus recuerdos y pensamientos muy claros, aunque con limitaciones para movilizarse.
Relató que creció con su abuela y se fue a vivir con sus padres cuando tenía 10 años; dos años después conoció la capital.
“Nos íbamos a pie a vender pepesca; caminábamos por toda la cuesta de Villalobos para llegar”, expresó. Ahora lo único que pide es ayuda para comprar una silla de ruedas, porque la que tiene es prestada.
Procreó 11 hijos, de los cuales le sobreviven siete. El de menor edad es Basilio, de 68 años, quien considera que es un milagro tener a su madre aún viva y que lo más difícil es movilizarla para llevarla al sanitario o a su cama.
Mildred Aroche, de 11, expresó que sus compañeros de clase se admiran cuando ella les dice que su tatarabuela aún vive.
Josué Simón Aroche, de 4, es el más pequeño de sus tataranietos.
En los recuerdos de doña Minga está su hija Reyes Aroche.
Con la voz entrecortada aseguró que falleció hace pocos meses y que le hace mucha falta. “Ella era la que me daba lo que necesitaba. Ahora me cuida mi nieta Carmela”, contó.
Doña Minga ha hecho su vida en el barrio San Lázaro, Amatitlán, donde es querida por los vecinos.
Es una mujer que ha sobrevivido al siglo y espera, el próximo 15 de septiembre, llegar a los 105 años.
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