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Guatemala, 11 de marzo de 2008

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Este mes celebramos el Día In- ternacional de la Mujer; es justo y necesario que celebremos un día al año a nuestras compañeras de la creación. Es primordial resaltar que, a pesar de que por naturaleza tienen los mismos derechos, éstos no son respetados. La discriminación contra la mujer es una realidad en todos los países del mundo; aunque la misma varíe de forma o intensidad, ésta existe en todos los ámbitos. Que conste que una cosa es tratar con discriminación y otra es con deferencia y respeto, como bien nos enseñaron nuestros antepasados.

Hay quienes dirán que no debemos tratar, nosotros los hombres, de forma diferente a las damas, por ser precisamente eso: damas. No lo comparto. Es fundamental que todos los que tenemos uso de razón y algo de sesos nos esforcemos cada día más, primero porque verdadera mente exista un estado de Derecho, puesto que ante esto ni se discute la igualdad de géneros ante la ley.

De igual manera, con eliminar la impunidad, que es la reina y señora de nuestro medio, evitaríamos la ola de violencia que nos azota a todos por igual.

Impunidad que no solo favorece a los criminales profesionales y organizados, sino que también apaña los actos incorrectos de tantos miserables que viven una doble vida ante la debilidad del Estado.

Cuando vemos que más del 70 por ciento de las mujeres asesinadas han sido víctimas de violencia intrafamiliar, realmente podemos empezar a entender el origen de dichos crímenes. La muerte llega a ser la cúspide de una vida de sufrimiento de la víctima, y sin duda alguna, de sus congénitos. Desde niñas esclavizadas, explotadas sexualmente, abusadas en su misma casa, utilizadas como objeto disponible al mejor postor. ¡No más!

Esta situación también nos explica la discriminación de la que son víctimas nuestras compañeras en todos los ámbitos. ¿Cómo no van a discriminar a una mujer extraña, si son capaces de matar a su compañera de vida y madre de sus hijos?

Este tema medular de la igualdad y el derecho a la vida es uno que tiene que ser atendido con urgencia. Las principales responsables —como si no fuera poco— de corregir esto son las mismas mujeres, en el momento de criar a sus hijos.

El mal viene de raíz, el machismo, la violencia intrafamiliar y la tácita aceptación por parte de la niña, se maman en casa. ¡Ya basta!

¡Celebro este festejo por la mujer! Es fácil entender por qué todos los que estamos en uso de nuestro sano juicio debemos hacerlo.

A mí me encanta vivir cada día, pero tengo claro que hoy, el mañana y los días del pasado los he tenido gracias a que mi adorada madrecita me dio la vida y me enseñó a vivirla con principios, valores y ética. Sé que ha entregado su vida y sacrificado su felicidad por sacar adelante a sus tres hijos, que seguiremos siendo sus chiquitos, aún después del día que el Señor le llame a su lado.

Luego está mi compañera, amiga, adorada madre de mis hijos, quien ha estado siempre en las buenas y en las malas y de quien estoy convencido que daría su vida por mí, al igual que yo por ella. Mi compañera, que me hace feliz.

Como si fuera poco, tengo la dicha bendita de estar rodeado de cinco princesitas que me hacen el padre más feliz y orgulloso.

Dígame usted, querido lector: ¿cómo no vamos a celebrar al ser más importante de nuestro existir? Con todo respeto y de corazón: ¡que Dios las bendiga siempre!

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