Guatemala, 12 de marzo de 2008

CATALEJOHora sin cambiosMario Antonio Sandoval

UCHA´XIKTierra, tierra, tierraSam Colop

COLABORACIÓNRespeto mutuoDanilo Arbilla

ECLIPSEAlerta amarillaIleana Alamilla

A CONTRALUZSin rostro indígenaHaroldo Shetemul

CARA PARENSHosy OrozcoNo más escuelas sin libros
Un indicador de desarrollo humano es el analfabetismo de los países. Pero existe otro grave nivel de analfabetismo: el denominado analfabetismo funcional. Se trata de la condición de las personas que, habiendo asistido por lo menos tres años a la escuela primaria, no pueden entender lo que leen, no pueden darse a entender por escrito, o no pueden realizar operaciones matemáticas elementales para desenvolverse adecuadamente en sociedad. Este tipo de personas no utiliza la capacidad de leer y escribir para adquirir y producir conocimiento, sino solo para recibir información, frecuentemente aislada, banal, y no pocas veces engañosa. Como los expertos señalan, se quedan en el nivel de lectura literal, el más bajo. Este problema se agrava aún más en alumnos que deben leer e interactuar en un idioma que no es el materno o propio. Un estudio ejemplar realizado en 2003 por el Sistema de Indicadores Sociales de Ecuador reveló que dicho país poseía un analfabetismo de 11.7 por ciento y un analfabetismo funcional del 25.1, y en las mujeres del área rural llegaba al 45.6.
El problema no es exclusivo de grupos sociales pobres y de baja escolaridad; algunos universitarios son incapaces de comprender un texto, y de resumirlo en forma escrita u oral con precisión. No tenemos cifras precisas en Guatemala, pero hay indicios de la problemática: los exámenes de admisión a la Universidad de San Carlos muestran resultados insatisfactorios en más del 60 por ciento de aspirantes, en matemáticas y lenguaje. En las evaluaciones que el año 2006 realizó el Ministerio de Educación (Mineduc) a estudiantes de nivel medio de todo el país, más del 50 por ciento de los evaluados presenta serias deficiencias en la interpretación de lecturas. En pruebas internacionales como el proyecto PISA de la OCDE, que evalúa la lectura como síntoma de la calidad educativa, los alumnos latinoamericanos quedan en los últimos lugares en comprensión lectora, y los alumnos de Europa y Asia, en los primeros. Esta “catástrofe silenciosa” que está dañando la educación ha llevado a implementar programas como “Hambre de libro”, en Brasil, o la Ley para el Fomento a la Lectura y el Libro en México, o el débil Consejo de Lectura del Mineduc. Universidades anglosajonas poseen programas de “alfabetización académica”, para dotar a los alumnos de la capacidad de producir y analizar textos, por su importancia para aprender y tener un buen desempeño en la universidad y para entrar en la cultura discursiva de las disciplinas, lo que avalan recientes investigaciones.
Varios factores favorecen la lectura comprensiva, pero el acceso a libros es un factor fundamental. Por eso, es inaceptable que alumnos de escuelas oficiales reciban sus libros de texto a mediados del ciclo escolar (como lo ha revelado la Gran Campana Nacional por la Educación). Como bien señalan las autoridades del Mineduc, este problema se origina en el tardío inicio de la ejecución presupuestal y retrasos administrativos, pero es imperativo que las entidades que planifican, aprueban y gestionan el presupuesto de educación (Ministerio de Finanzas, Congreso de la República, las supervisiones, etcétera) prevean un año antes la impresión o compra de libros de texto, para que estos lleguen a inicios del ciclo escolar y no al final. Si este problema persiste, el analfabetismo funcional seguirá aumentando.
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