Guatemala, 12 de marzo de 2008
Busco la autoridad que es concedida sin pedirla,
Te oigo cantar pajarito de colores,
Anaité y Milagro Quiroa funden su arte en La hija de los nawales
“La cosmogonía maya es maravillosa; no termino nunca de aprender”.
Anaité Quiroa, escritora.
“A través de la pintura puedo transmitir esta parte de nuestra cultura ancestral”.
Milagro Quiroa, pintora.
Por Nancy Arroyave
Por las venas de Anaité y Milagro Quiroa corre sangre de artista. Tal afirmación se hace patente por medio de La hija de los nawales, un libro en el que las pinturas de Milagro ilustran los versos de Anaité, para convertir la plástica y la literatura en vehículos que acercan al lector a la cosmogonía maya.
El libro, patrocinado por la Fundación G&T Continental, será presentado el próximo sábado, en Casa Santo Domingo, cuya Sala del Artista albergará, bajo el mismo nombre, la muestra de los cuadros originales pintados por Milagro.
El proyecto surgió hace tres años, aproximadamente, cuando Anaité tuvo la idea de utilizar el arte para hacer llegar a más personas el profundo conocimiento y sabiduría que encierra el calendario sagrado maya, que tiene 20 días. Ella ha dedicado muchos años a estudiar la filosofía, la simbología y las ceremonias mayas.
“Hay muy pocas publicaciones y divulgación sobre la cosmogonía maya. La mayoría de estudios al respecto están escritos en inglés, y todo este conocimiento se ha trasladado oralmente en las sociedades mayas”, comenta la escritora, hija de Marco Augusto Quiroa, polifacético artista que destacó en la plástica y en la literatura.
La poesía era sólo una parte de la visión de Anaité, quien quiso complementar el trabajo con ilustraciones realizadas por su hermana.
“Anaité me involucró en este proyecto, para el que he tenido que investigar muchísimo”, comenta Milagro, a quien le tomó dos años completar los 22 acrílicos sobre tela y las cinco tintas que integran la muestra, para igual número de poemas.
Estos poemas están inspirados en los nahuales del calendario maya, que se corresponden con cada día del mismo.
“Tuve que investigar mucho para poder pintar a los nahuales lo más cercano a su identidad”, dice Milagro, quien explica que cada uno puede estar representado por un animal, un elemento de la naturaleza, e incluso un vegetal. A cada cual corresponde un glifo, un color, un punto cardinal.
La hija de los nawales está escrito en español, con traducciones al quiché, a cargo de José Diego Xibalam, y al inglés, por Irene Herbruger y Christian Kummerfeldt.
“Es un sueño hecho realidad, gracias a la Fundación G&T”, reconoce la escritora.
“Creímos desde el principio en el proyecto”, argumenta Flor Orellana, miembro de la fundación. “Se trata de un trabajo muy especial puesto que, además, involucró la labor de muchas mujeres. No sólo las autoras, sino que de la fundación, donde nos involucramos seis, tanto en la diagramación, el diseño y la revisión de textos, como en la parte logística”, agrega.
La hija de los nawales será presentado el 15 de marzo, en la Sala del Artista, Casa Santo Domingo, Antigua Guatemala, a las 18 horas. En el mismo acto será inaugurada la muestra, que estará en exhibición hasta el 13 de abril. Entrada libre.
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