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Guatemala, 14 de marzo de 2008

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Crisis Aldea Palo Blanco está en el abandono

Jutiapa: Vecinos viven en la pobreza 

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En las viviendas, de lámina y bajareque, conviven hijos, padres, abuelos y animales.

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En crisis total

La aldea Palo Blanco se localiza a 12 kilómetros de Conguaco.

• En el lugar viven 75 familias en extrema pobreza.

• Carecen de servicios de agua entubada y drenajes.

• En la aldea mueren cinco niños cada mes, en promedio, producto de la desnutrición.

• La comunidad sólo tiene una comadrona para atender urgencias de parto.

• La mayoría de niños y niñas que van a la escuela padecen desnutrición.

• Otras aldeas afectadas son Piedra Redonda, Cerro El Bonete y Rosario El Rincón.

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Por óscar González

JUTIAPA

Conguaco. Vecinos de la aldea Palo Blanco denunciaron que las autoridades municipales y gubernamentales los tienen abandonados a su suerte.

“En el 2005 Prensa Libre informó acerca de las condiciones de pobreza y extrema pobreza en que vivimos, pero el alcalde de entonces, Fabián Cortez, sólo ayudó a quienes le apoyaban en su gestión”, declaró Anacleto Santos, representante del Consejo Comunitario de Desarrollo de la aldea.

Pobreza extrema

En la actualidad las 75 familias de Palo Blanco, viven en condiciones miserables. Habitan en casas construidas con láminas y bajareque.

Cada una tiene como promedio cinco hijos y todos duermen en una misma habitación, menor a 20 metros cuadrados.

Es común ver en un mismo espacio a hijos, padres y abuelos convivir entre gallinas, perros y cerdos, pues temen que les roben sus animales domésticos.

Por si eso no fuera suficiente, tampoco tienen letrinas ni sistema de agua entubada y, menos, drenajes. Regularmente se abastecen en pozos contaminados con heces fecales.

La mayor parte de los infantes presenta severos grados de desnutrición e infecciones en la piel.

Problemas en la escuela

Ana Asencio, directora de la escuela, aseguró que los niños apenas asisten a clases, pues sus padres no cuentan con los recursos económicos para comprarles útiles.

“Al principio venían porque les dábamos desayuno o almuerzo. Venían, con todo y hermanos, hasta los que no estaban inscritos”, relató.

Según Asencio, para mitigar la pobreza las maestras han promovido pequeños regadíos, sin asistencia de técnicos del Ministerio de Agricultura, para que los niños aprendan a cultivar en sus casas.

La maestra reconoce que, aún con ese apoyo, la infancia de la aldea no tiene futuro.

El vecino Jacinto Cortez, de 45 años, expresó que en Palo Blanco viven necesidades muy graves, pues “los niños no tienen qué comer, están con el pelo tostado y panzones de tanta lombriz”.

“Nos contaron que la esposa del presidente está haciendo una lista de los lugares más pobres del país. Ojalá nos tome en cuenta a la hora de repartir alimentos”, agregó.

Sólo ilusiones

María Alvarado, una mujer de aproximadamente 85 años, vive sola en una covacha. Su esposo murió hace varios años y sus hijos la abandonaron.

“Hace unos años vinieron unos canchitos de tacuche. Me ofrecieron construirme una casa, pero sólo me mandaron cuatro láminas”, comentó.

Las ilusiones de la infancia también se esfuman con el viento. “Quiero subirme a un carro para ir a la casa del presidente y pedirle que ayude a Palo Blanco”, manifestó Luis, que apenas puede asistir a la escuela, pero quiere ser licenciado.

Con poco apoyo

“Lo que se ve en Palo Blanco se ve en todas las aldeas de Conguaco”, reconoció el alcalde Arturo Linares.

Según él, la anterior administración no dejó presupuesto para sacar de la pobreza a las familias de la comunidad y el Consejo Departamental de Desarrollo sólo asignó dos obras para el municipio.

“En Palo Blanco, Piedra Redonda, Cerro El Bonete y Rosario El Rincón sólo hay tierra seca, no hay agua ni servicios sanitarios”, dijo Linares.

Por aparte, el auxiliar de la Procuraduría de los Derechos Humanos, Elmer Guerra, expuso que es condenable la situación en que vive la comunidad.

La pobreza y extrema pobreza en que viven en Palo Blanco, contrasta con el desarrollo agrícola de aldeas de Jalpatagua y Moyuta, colindantes a Conguaco, en donde el analfabetismo supera el 40 por ciento y la esperanza de vida apenas llega a los 60 años.

Para paliar el problema, representantes de iglesias evangélicas y de la iniciativa privada han llegado a regalar víveres, pero eso no es suficiente.

“Estas personas no necesitan bolsitas con víveres, sino programas de riego y asistencia técnica”, para resolver sus necesidades más inmediatas, afirmó Guerra.

El problema es que los hombres no trabajan, porque la tierra no produce. En esas condiciones, las amas de casa hacen milagros para alimentar a sus hijos.

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