Guatemala, 18 de marzo de 2008

HOMO ECONOMICUSDiaco-terrorismoJosé Raúl González Merlo

MIRADORInteligencia gratuitaPedro Trujillo

PUNTO DE ENCUENTROEl meollo del asuntoMarielos Monzón

WACHIK´AJLejosMartín Rodríguez

SIEMBRAElección norteñaCarlos Enrique Zúñiga Fumagalli

DE MIS NOTASAlfred KaltschmittEstado de Derecho y Pro-nadie
Comencé esta columna escribiendo una serie de epítetos por el cierre del Programa Nacional de Autogestión Educativa (Pronade), pero al final lo he borrado todo y me quedo con una exclamación que utiliza la juventud. Estoy bracas…
Nada puede hacer el campesino que se queda sin la posibilidad de involucrarse en la educación de sus hijos, sino resignarse. Campesinos con hijos que estudian en escuelitas de remotos lugares donde nunca llegó ni llegará bien el Ministerio de Educación, sino con Pronade, el cual venía cumpliendo con su razón de ser desde hacía 14 años, pero que ahora se lo vuelan de un plumazo.
Ni el éxito que ha tenido el programa que les da cobertura a más de 250 mil niños bajo la férrea supervisión de los padres de familia, ni la lógica de la autogestión, bastión central del desarrollo cuya metodología de participación comunitaria es universalmente aceptada, pudieron contra los Jodieles y los pagos de facturas políticas indecentes que desaparecerán Pronade.
Ningún argumento estatal aguanta ni tampoco se sostiene ante los tres pilares de la autogestión educativa comunitaria. Uno: que un comité de padres siempre será más honesto, eficiente y responsable que un burócrata en la supervisión de lugares remotos de difícil acceso que le resultan incómodos y fáciles de evadir; como es y ha sido siempre la supervisión del Ministerio, floja, ineficiente e inefectiva.
Dos: que no hay como el maestro de la comunidad, nacido y viviendo en la localidad, que uno importado de plazapoliticandia, que, como en la mayoría de las escuelas, no son del lugar y, por ende, siempre están motivados a largarse tan pronto como pueden.
Tres: que el manejo de fondos jamás será mejor hecho por un maestro que por un comité de vigilantes padres que piensan en cómo beneficiar a sus hijos.
Estas tres objeciones: el involucramiento de los padres, la utilización de maestros de la comunidad y el manejo de fondos por el comité de padres de familia son las objeciones centrales contra la disposición del Gobierno de desaparecer Pronade, son irrebatibles.
Pronade puede ser mejorado. Los maestros pueden ser asimilados para que tengan sus prestaciones, que es una de las críticas que el magisterio le hace. Está bien. Asimílenlos, pero no tiren el agua con todo y el bebe…
Que “la supervisión de la calidad educativa no la puede descargar el Ministerio en los padres”, dice la ministra. Pues hágalo, como quiera y cuando quiera. ¿Quién se va a oponer a una mejor calidad educativa?
Pero no lo entierre…
Secuestros impunes
Este gobierno necesita de un manejador de crisis o va a tronar con todos nosotros a bordo. El torpe e ilegal manejo que hizo hace unas semanas cuando un grupo de campesinos de Río Dulce “secuestró” a un contingente de policías para presionar la liberación de un invasor e incitador de actos ilegales llamado Ramiro Choc, y que luego de “negociar” impunidad con los secuestradores consiguió liberarlos, fue inaudito.
Con ese mensaje, de que en este país todo se puede lograr bajo presión —incluido el secuestro— los campesinos volvieron a secuestrar, pero esta vez a cuatro turistas extranjeros. El procurador de los Derechos Humanos “negoció” la liberación de los cautivos, y los delitos de secuestro, amenaza, etcétera, etcétera, quedaron olvidados. ¿Cómo que olvidados? ¿Y la ley, qué? ¿Entonces el secuestro es permitido por este gobierno bajo “ciertas” circunstancias?
La noticia le dio la vuelta al mundo; Río Dulce es un desierto turístico y los campesinos están en pie de guerra, envalentonados como nunca. Tienen un arma nueva.
Sí, pues…
alfredkalt@gmail.com
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