Guatemala, 18 de marzo de 2008
Claro y conciso
“Apegarse a las enseñanzas bíblicas e intentar aplicarlas en la vida práctica, cada día, consistentemente y sin desmayar transforma la vida en total plenitud, paz y éxito.”
Por César A. García E.
Opinión
En esta semana tan especial, en la cual se conmemora el acto de amor más grande, maravilloso y hasta increíble que ha visto la humanidad, me tomo la licencia de compartir algo que tiene que ver con mi líder, mi mentor y mi Dios… con el hombre más valiente, responsable y contundente que he conocido; obviamente, con respeto al espacio en el que aparece mi columna, relacionaré el tema con negocios y economía, pues así corresponde.
Para muchos, la Biblia, a quien en lo personal prefiero llamar “Sagradas Escrituras”, es un libro religioso, abstracto, incomprensible y reservado para seminarios, conventos o monasterios.
Nada más alejado de la realidad, La Biblia, el libro de los libros que —le pese a quien le pese— es el más vendido en la historia de la humanidad y traducido a más idiomas, es una fuente inagotable de sabiduría, aplicable a todos los ámbitos de la vida.
Así las cosas, además de que Dios: “…dio a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna”, lo cual es el regalo más grande que nos ha otorgado, pues con solo creer en Él, somos salvos y accedemos a una herencia eterna; nos legó con Cristo y —a través de su gracia— su sabiduría, a la cual podemos acceder justamente en la Biblia.
Esta maravillosa colección de obras o biblioteca es, sin duda, de autoría sobrenatural, pues Dios, enseñándonos como siempre humildad, usó a gente variopinta para completar su obra.
En efecto, fueron nobles y plebeyos, libres y esclavos, judíos y gentiles, obreros y empresarios, ricos y pobres, eruditos e iletrados, quienes sin siquiera conocerse entre sí —y a través de varios siglos— construyeron una obra que tiene la gran virtud de ser consistente y no contradecirse, en nada; quien diga lo contrario, llanamente no la ha leído; por cierto este libro no va dirigido al intelecto, sino al corazón, nadie que la lea sin reverencia logrará extraer mucho de ella.
¿Cómo debe manejarse la vida económica personal, empresarial y nacional?
1. Con integridad: Proverbios 11:1, “La pesa falsa es abominación del Señor, mas la pesa cabal le agrada”. 2. Con diligencia: Proverbios 10:4, “La mano negligente empobrece, mas la mano de los diligentes enriquece. 3. Con generosidad: Deuteronomio 15:11, “Porque no faltarán menesterosos en medio de la Tierra; por eso yo te mando, diciendo: ‘Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra”. Y ¿cómo debe ser un gobierno desde la perspectiva de Dios? Justo: Proverbios 29:2 “…cuando gobiernan los justos, el pueblo se alegra, pero cuando lo hacen los malvados el pueblo sufre”.
Estoy convencido y le exhorto a que lo explore y se convenza, usted también, de que los consejos o instrucción de Dios, a la que comúnmente y religiosamente llamamos “mandamientos”, lejos de tener un tono de amenaza —como el que nos han vendido, comercialmente los religiosos sin escrúpulos, cuyo discurso se resume en “incumplimiento =a muerte eterna o infierno”— tienen un tono que yo resumo como “los mejores consejos del mejor papá… a los hijos más amados”.
El mejor papá es Él, los hijos más amados… todos aquellos que tenemos la convicción de depender absolutamente de Él, y que separados de Él nada podemos hacer ni lograr (Juan 15:5).
Así las cosas, apegarse a las enseñanzas bíblicas e intentar aplicarlas en la vida práctica, cada día, consistentemente y sin desmayar —lejos de convertirlo en mojigato(a), introvertido(a) y tornar su apariencia en el de un mártir sufriente— transforma la vida en total plenitud, paz y éxito.
No hay que olvidar que la ética pura de la que se jactan los docentes, la filosofía sana cuya sabiduría se le atribuye a grandes hombres, así como los delitos, faltas y los principios de justicia, expresados en casi todos los códigos civiles y penales del mundo, emanan de un libro del que muchos, tontamente, se avergüenzan y yo me enorgullezco: la Biblia.
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