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Guatemala, 18 de marzo de 2008

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Presidente reconoció las dificultades que ha tenido estos dos meses para gobernar, y explica por qué dijo no a la pena de muerte

Cambios estructurales requieren tiempo, dice Álvaro Colom 

“Me sorprende la voracidad por los cargos, y me molesta que en actividades me pidan trabajo”.

Álvaro Colom Caballeros

Presidente de la República

Seguridad

“Será después del cuarto mes de gobierno que la población va a empezar a sentir más seguridad. Es un proceso complicado, pero estamos haciendo esfuerzos”.

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Por Luisa F. Rodríguez

La corrupción, el desorden administrativo y la falta de comunicación han dificultado su gestión y la atención debida a los grandes retos que afronta, afirmó el presidente de la República, Álvaro Colom; sin embargo, sostuvo que eso no le quita el optimismo por los cambios estructurales que impulsa su gobierno en beneficio de los más pobres.

En entrevista concedida ayer a este diario, en su despacho de la Casa Presidencial, el mandatario hizo una evaluación de los primeros dos meses de su administración.

¿Podría decirse que en estos dos meses la decisión más fuerte fue en relación con la pena de muerte?

Sí, porque hasta dentro del mismo Gobierno las posiciones estaban divididas. En esos 30 días —tiempo para decidir si vetaba el indulto aprobado por el Congreso— leí mucho sobre el tema y escuché todas las posturas. Aprendí la facilidad con la que el pueblo de Guatemala se puede dividir. Yo nunca voy a hacer cosas que dividan al país, y tal vez era la primera vez que me tocaba tomar una decisión de nación, y no una postura personal.

¿Por qué vetar, cuando la población quería lo contrario?

Yo no quería aprobar una ley que incurriera en inconstitucionalidad. Confirmamos que la pena de muerte no trae ningún beneficio, y que se ha demostrado que en lugares donde se ha ejecutado a alguna persona, después se incrementan los asesinatos. Me quedó una frase de un psicólogo que decía: “Cuando el Estado mata, legalmente autoriza a toda la población a matar”.

¿Cómo rechazar algo que los mismos miembros de su partido, en el Congreso, aprobaron?

Yo ya no estoy en elecciones, ni por votos. Yo quiero tomar mis decisiones en favor del país. Al principio los diputados me consultaron, y yo no me opuse, pero no tenía toda la información completa. Según los tiempos, se hubiera tenido que ejecutar a más de 31 personas en menos de 20 días. El espectáculo para el país, pasar ejecutando gente, la imagen del país se hubiera hecho pedazos.

Pero la gente está desesperada por la violencia, y muchos ven ese castigo como un atenuante.

Es cierto que la población quiere venganza; lo que hay que evaluar es si ese es el tipo de justicia que se requiere y si eso va a lograr que la violencia baje.

Siempre hablando de violencia, en el Plan de los Cien Días usted ofreció que en los primeros meses se iba a empezar a percibir la seguridad...

Nuestro plan va, y se están cumpliendo las metas, pero en 60 días no se puede solucionar un problema que se ha hecho tan grave durante los últimos 12 años. Existe descontrol en las fuerzas de seguridad, y estamos buscando la institucionalización de los cambios; no queremos que éstos sean cosméticos.

Pero la percepción es que esa inseguridad sigue, pues continúan muertes de pilotos, secuestros y asaltos.

Tenemos una percepción grave en el tema, y en la seguridad nunca se pueden tener números buenos. Un asesinato es impactante. Veníamos con un promedio de 17 asesinatos diarios, ahora estamos por 12 y medio. Esperemos que eso baje.

Las incautaciones de droga o capturas de capos del narcotráfico tampoco han sido la constante.

Estamos en eso, buscando apoyo con todos los sectores. Está costando, porque hay serios problemas de equipo. Vamos a hacer operativos fuertes en algunas áreas —el 90 por ciento de la droga ingresa por el Océano Pacífico—; se volvió a cortar toda la amapola, y ahora estamos destruyendo pistas clandestinas, pero falta mucho.

Por si fuera poco, éste fue un fin de semana duro, por el secuestro de turistas belgas en Lívingston, ¿no? ¿Qué va a hacer para evitar estos hechos?

Lo más difícil es que nos piden que nos involucremos en los temas de justicia, y allí nosotros no podemos hacer nada, pues competen a los tribunales.

Y con su bancada parece que la relación ha mejorado luego de algunas fricciones desde el inicio de la gestión.

Han mejorado bastante; hemos tenido más de cuatro reuniones, pero estoy consciente de que nos hace falta. Hubo mala comunicación y nunca se les explicó lo que estaba ocurriendo.

¿La solicitud de plazas y el nombramiento de los gobernadores fueron las principales causas del conflicto con los diputados oficialistas?

Yo nunca dije que no iba a ayudarles. El problema es la forma, porque hay puestos técnicos que deben de respetarse. No puede hacerse borrón y cuenta nueva. Hay gente buena en el Estado que tiene muchos años de estar trabajando. Los gobernadores son del partido; algunos no los nombró el diputado. Pero estamos trabajando en esa ley, porque dice que la sociedad civil debe presentar propuestas, pero no existe un perfil. Verme muy cerca de los alcaldes los puso nerviosos, porque con ello se acabó la intervención de los diputados.

¿Qué aspectos desconocía de la administración pública?

Me sorprende la voracidad por los cargos, y molesta que en cualquier lugar, actividad o reunión alguien me dé su currículum o me pida trabajo. Reconozco que es por los mismos problemas, pero uno no puede hacer borrón y cuenta nueva de todo el personal en el Estado.

El vicepresidente tiene más protagonismo que usted, ¿qué opina de ello?

Honestamente, hubiéramos podido hacer un mejor trabajo en materia de comunicación. Creo que se debe a varios factores: por el cambio de sistema, la personalidad de cada uno. Debemos mejorar en información, especialmente en los ministerios de Comunicación y Salud.

Parece que no están coordinados, ¿por qué se contradicen en algunos temas con el vicepresidente?

Se han dado contradicciones, como en el caso del aumento del Ejército o subida de impuestos; creo que ha sido mala información de parte nuestra. Se quiere decir una cosa, y se dice otra, aunque nos contrariemos públicamente. Pero es parte del ordenamiento y las limitaciones de funciones. En la administración anterior, el vicepresidente tenía más funciones; ahora estamos ordenando lo que tiene que hacer cada uno.

¿Cómo va la ejecución del Plan de los Cien Días? ¿En el camino ha detectado corrupción, la cual, según sus palabras, le ha dificultado gobernar?

Algunas instituciones se han complicado, pero están trabajando en eso. Se ha logrado la armonía en el Gabinete, y estoy convencido de que los cambios estructurales llevan tiempo. Me hubiera gustado avanzar más en el tema de corrupción, pero es muy complicado. Existen trampas legales, y uno sabe que algo no suena bien, pero cuesta probar lo contrario con documentos.

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