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Guatemala, 18 de marzo de 2008

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Semana Santa en Guatemala: la máxima expresión de la fe religiosa 

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Cientos de personas observan el paso de la Consagrada Imagen del Cristo Yacente que sale del templo El Calvario en el centro de la ciudad de Guatemala. Foto Prensa Libre: EFE

  PESCADOS Y ENCURTIDOS 

Para que la celebración de la Semana Santa en Guatemala sea completa, es necesario degustar las exquisitos platillos de pescados secos y curtidos de verduras y vinagres, preparados con recetas antiguas que se convierten en únicas por la mixtura de ingredientes propios de la gastronomía árabe y española, con la indígena.

Estos platillos, que se complementan con deliciosos postres de dulces de garbanzos, torrejas y molletes, preparados con panes rellenos de manjar de leche y pasas, engalanan las mesas de los guatemaltecos durante la Semana Mayor, y que también atraen la atención de miles de turistas.

Por respeto a las creencias religiosas, los guatemaltecos suspenden el consumo de carnes rojas durante la Semana Santa, y basan su dieta en pescados secos que se acompañan con salsas rojas elaboradas a base de chiles, tomates y especies.

También son propios de esta temporada una variedad de empanadas dulces y saladas, encurtido de verduras sazonados con vinagres, y refrescos de horchata, piña y de súchiles, así como una gama de frutas tropicales como la papaya, el melón, la sandía y el mango. Los olores de estas comidas, se mezclan con los de las flores perfumadas, el corozo y el incienso.



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07:00 | 18/03/2008

Miles de feligreses católicos de Guatemala reviven la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, durante las celebraciones de Semana Santa, época en la que la religiosidad se desborda en verdaderas muestras de penitencia y espiritualidad.

Desde muchos meses antes, las Hermandades de los principales templos católicos del país organizan las andas y vestimentas que pondrán a las imágenes de Jesucristo con la cruz al hombro, que en majestuosas procesiones, acompañado de la Virgen María, María Magdalena y San Juan, recorre las calles de las ciudades.

Estas pintorescas representaciones, además de la devoción y entrega con que los católicos guatemaltecos celebran la Semana Santa, hacen de esta una conmemoración única en el mundo, la cual cada año atrae a millares de turistas de todos los continentes.

La tradición es una herencia dejada por los sacerdotes españoles durante los años de la colonización en estas tierras, que al paso de los años ha adquirido elementos de las culturas indígenas que habitan el país, la cuales se funden con los ritos propios de la Iglesia Católica.

Las imágenes de Jesucristo, la Virgen María y los Santos que los devotos cargan durante largas jornadas en la Semana Santa, tienen su historia propia. La mayoría son esculturas elaboradas en finas maderas por artistas españoles hace más de 300 años.

Estas obras de arte religiosas son llevadas en hermosas andas de madera (algunas de las cuales superan los 150 metros de largo) finamente decoradas con piezas diseñadas por artistas locales, y vestidas con trajes bordados en oro y plata, que son minuciosamente trabajadas por los devotos que integran las Hermandades de los templos, incluso hasta con un año de antelación.

Los cucuruchos, como se les denomina a los cargadores de las procesiones por el capirote que utilizan para cubrir sus cabezas durante los cortejos, caminan bajo el sol y la lluvia al lado de las andas durante los recorridos que suelen extenderse hasta más de 18 horas.

Para poder ser cucurucho no es estrictamente necesario que los devotos sean miembros de las Hermandades, pero sí que posean sus propios trajes con características similares a los aprobados por ésta, y que pagan una ofrenda (que en ocasiones pueden llegar hasta los 100 dólares), fondos que son utilizados para financiar los gastos de la procesión.

Más que por una tradición cultural, los cucuruchos asumen el reto de llevar en sus hombros a Jesucristo, como una especie de redención de sus pecados. Muchos, incluso, con un hombro cargan el espacio de la procesión que les corresponde, y en el otro llevan a sus hijos menores, para que el sacrificio, en la búsqueda del perdón, sea mayor.

Para las calles en donde pasan las procesiones, los vecinos adornan sus casas con flores y papeles de colores, y diseñan hermosas alfombras multicolores con serrín frutas, que se convierten en verdaderas obras de arte.

Los olores de estos productos se funden con el del incienso que a lo largo del cortejo van regando los cucuruchos, y el de las comidas típicas de la época que son vendidos en las esquinas, lo cual crea un aroma único que identifica la tradición.

La Jerusalén de las Américas

Aunque las procesiones son parte de la estampa de Semana Santa en todos los pueblos y ciudades de Guatemala, son las de la capital y las de la colonial Antigua (ubicada a 50 kilómetros al este) las que mayor admiración despiertan entre propios y extraños. Tanto así que durante esta época Antigua ha sido considerada como la Jerusalén de América, por la majestuosidad de sus cortejos procesionales.

Las calles empedradas de esta ciudad, fundada en 1542 por el español Francisco de la Cueva, y que durante más de 200 años fue la sede de la Capitanía General de Guatemala, son convertidas en verdaderas obras de arte con los cientos de metros de alfombras multicolores que los lugareños realizan para el paso de los cortejos.

La procesión de la imagen de Jesús de la Caída de la parroquia de San Bartolomé Becerra, es la más grande de las más de 20 que recorren la ciudad colonial. Más de 11 mil hombres cargan la impresionante anda de madera que por más de 17 horas recorrer los barrios de Antigua.

La tradición de este cortejo, que data de 1640, ha trascendido las fronteras nacionales, ya que hasta un grupo de fieles salvadoreños viajan a esta ciudad para llevarla en sus hombros en un turno especial frente al asilo de ancianos Fray Rodrigo de la Cruz.

Según el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat), más de 1.5 millones de turistas, locales y extranjeros, visitan Antigua durante la Semana Santa para participar en los cortejos procesionales.

El historiador guatemalteco Miguel Ángel Álvarez, señala que ningún otro país en América Latina tiene tantos Nazarenos como Guatemala, ni son tan venerados como en este país durante la Semana Mayor.

El principal día de la conmemoración religiosa es el Viernes Santo. Ese día las procesiones ya no muestran a Jesucristo con la cruz a cuestas, sino que lo llevan acostado simulando el Santo Entierro. Los cucuruchos cambian su habitual traje púrpura, por uno completamente negro, y de fondo, una orquesta ambulante que acompaña el cortejo, interpreta sensibles bandas fúnebres.

Las procesiones del Santo Entierro de las parroquias de la Escuela de Cristo, la Catedral y la Merced, son las más emblemáticas de ese día.

Antes de las tres de la tarde del Viernes Santo, en estas parroquias se celebran rituales donde se representa la crucifixión de Cristo, cuya imagen es colocada sobre el anda procesional que recorrerá las calles.

Los cortejos, además de los cucuruchos, también son acompañados por cientos de fieles que visten trajes de saldados romanos, y que montados a caballo, recorren las calles de Antigua leyendo la sentencia de muerte de Jesucristo.

Las inmensas andas de madera sobre las cuales van las imágenes, son decoradas con águilas, calaveras, biblias y fuego, símbolos que representan la ascensión de Cristo al cielo, la mortalidad del cuerpo, la palabra de Dios y la acción fecundadora, purificadora e iluminadora.

El Sábado Santo (o Sábado de Gloria), las procesiones de La Dolorosa, la Virgen María acompañada de María Magdalena y San Juan, cargadas por mujeres y en completo silencio, recorren las calles como nuestra de luto por la muerte de Jesucristo.

La última procesión de la época es la de Resurrección, que sale el Domingo de Resurrección, y que es considerada como la más alegre y festiva de todas. La imagen de Jesús vestido de blanco y con las manos hacia arriba, en posición ascendente, simboliza su ascenso, en carne y hueso, hacia el cielo.

EFE

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