Guatemala, 25 de marzo de 2008
Los musicales de cine tuvieron su mejor época entre las décadas de 1930 a 1970, pero desde hace unos años vuelven a despertar pasiones entre el público y los famosos.
Siendo el género histriónico más completo, que incluye baile y canto al lado de la actuación, el musical suele conectar con los deseos más íntimos del observador, que se siente invitado a la trama de una u otra forma estratégica, al mismo tiempo que produce una energía inacabable en los actores, que desean desenvolverse a la perfección en cada una de estas actividades que hablarán de su personaje. Es por eso que, luego de Chicago, la gran ganadora del Oscar en 2006, que se llevó seis estatuillas, renace el deseo de contar las historias de esta forma.
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