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Guatemala, 27 de marzo de 2008

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Economía a la chapina 

Los precios de la gasolina siguen en aumento.

“Se pueden proponer medidas temporales, sin mucha certeza sobre el impacto que podrían llegar a tener, y que además funcionarían solamente en el corto plazo”.

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Por tomás rosada

Opinión

En Guatemala es el país del todo puede suceder. ¡Literalmente! Fíjese en esto: a principios de la semana, los medios de comunicación nos cuentan que en el seno del Congreso de la República el malestar por la subida en precios ha llegado a tal punto que los “padres de la patria” han decidido hacer a un lado las reglas básicas y fundamentales de la economía, y además han dispuesto que siempre es culpa del Gobierno todo lo que nos sucede.

Han mandado llamar a funcionarios del Ministerio de Finanzas, de la Superintendencia de Administración Tributaria, y del Ministerio de Energía y Minas para jalarles las orejas, porque la oferta y la demanda (de los mercados mundiales) no parecen hacer caso y actuar como ellos quisieran, y seguramente es culpa de nuestra burocracia no tener un “plan B”.

Se quejan de que no hay (sic) “(…) soluciones inmediatas, a pesar de que fue una de las promesas de campaña del presidente Álvaro Colom” y que “(…) le están dejando la responsabilidad al Congreso”.

Por lo tanto, están pensando qué podemos hacer desde nuestra pequeña economía guatemalteca, para que los efectos perversos de los mercados internacionales no nos sigan pegando tan duro.

¿Qué tal? Ahora solo nos falta que digan también que si llueve por la tarde en vez de por la mañana es culpa del presidente, y si sopla el viento muy fuerte y nos da gripe es porque el Gobierno no tiene iniciativa.

No es un secreto para nadie que la subida de precios de los combustibles y de otros productos considerados materia prima nos está apretando el zapato.

Como tampoco lo es que dichos efectos los estén sintiendo unos más que a otros. Pero vamos por partes.

En primer lugar, no hay que perder de vista que existe una banda de transmisión desde los mercados internacionales a los nacionales. Si el precio del petróleo sube, también lo hará el precio del galón de gasolina y diésel. Y dado que estos últimos son insumos para otros productos, el impacto continúa trasladándose hacia los precios del pan, leche, huevos, carne, etcétera.

En segundo lugar, hay que estar claros de la causa detrás del alza en el precio de la gasolina en el país. Es fundamentalmente porque el precio internacional del petróleo está subiendo. Y por lo tanto, el Gobierno no tiene mucho qué hacer al respecto, más que asegurar un flujo de información claro y constante hacia la población, y garantizar —eso sí— que los mercados internos no estén sean distorsionados por fenómenos como la especulación, el contrabando y similares.

Además, debe continuar explicando a toda la población que los instrumentos que se tienen a la mano son muy limitados, para mitigar el fenómeno. Distinto sería si estuviéramos ante un proceso de indisciplina fiscal o monetaria. Ahí sí podríamos pedirle al Ejecutivo un plan de disciplina, para devolvernos a la estabilidad de precios.

Y en tercer lugar, al hablar y evaluar posibles soluciones, el Gobierno (Ejecutivo y Legislativo) debe ser muy honesto y directo con la población: ¡simplemente no hay solución!

Se pueden proponer medidas temporales, sin mucha certeza sobre el impacto que podrían llegar a tener, y que además funcionarían solamente en el corto plazo. En otras palabras, si los precios internacionales del petróleo siguen subiendo no hay nada más que hacer que aguantar el chaparrón y punto.

Hace algunos meses, me refería a seudosoluciones de corto plazo, tales como exoneración de impuestos al combustible; planes de ahorro de energía, como el cambio de hora, y ponernos todos a cambiar las bombillas de la casa por otras que consuman menos; o bien las campañas de concienciación, para un uso más racional de los recursos que utilizan combustibles derivados del petróleo.

Más recientemente, algunos funcionarios han sugerido adherirnos a la iniciativa de Petrocaribe, para comprar petróleo más barato y con la posibilidad de endeudamiento a largo plazo. Pero eso tampoco es sostenible en el mediano y largo plazos. Además de que puede tener implicaciones políticas de otra índole.

En resumen, todo lo anterior se puede intentar, pero no perdamos de vista que no van a eliminar la causa de fondo que está generando el alza en la gasolina y el diésel.

Y en algunos casos podríamos estar fabricándonos un problema adicional, como la eliminación de impuestos y su consiguiente impacto en recaudación y gasto público, en la propuesta de endeudamiento externo, para comprar a precios más baratos.

Como dije en oportunidades anteriores, los movimientos en los precios son y seguirán siendo un fenómeno propio de las economías de mercado, y por lo tanto debemos aprender a convivir con ellos.

Si el mercado internacional no revierte su tendencia, Guatemala no lo puede hacer tampoco. Una economía de mercado no se establece por decreto.

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