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Guatemala, 28 de marzo de 2008

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CATALEJOMario Antonio SandovalSe derrumba una alianza sin bases

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A SOLO TRES MESES DE haber sido informada la población acerca de un pacto para facilitar la gobernabilidad del país, suscrito o al menos acordado por los representantes de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), del Partido Patriota y de la Gran Alianza Nacional, la realidad objetiva demuestra una verdad imposible de negar: no queda nada. En realidad, desde el principio quedó clara la superficialidad de las palabras pronunciadas por los representantes de dichas agrupaciones políticas. Como siempre ocurre, los políticos tienen como objetivo principal el beneficiarse personalmente de sus puestos, como segunda meta la de provocar trabas problemas de todo tipo al oficialismo, y hasta un lejano tercer lugar, el beneficio de la colectividad.

NADIE PUEDE SORPRENDERSE del intercambio de frases fronterizas en la disonancia, con las cuales la oposición criticó al presidente Colom por haber cedido a las numerosas y variadas presiones en el caso de la pena de muerte. Otro tema causante de la destrucción de ese pacto tácito, para aplicarse al menos en los primeros seis meses del régimen, es el de los préstamos internacionales, el tercero es el de los puestos magisteriales. En esto, los propios diputados de la UNE son los causantes principales de la separación con las demás fuerzas políticas, porque al igual de como ha ocurrido en todos los gobiernos anteriores, andan en plena cacería de puestos para repartirlos, y ojalá no venderlos, entre parientes, amigos o correligionarios.

ACONTECIMIENTOS COMO los hoy comentados, tienen el elemento común de afianzar la desconfianza popular en el Congreso de la República, y su rechazo como ente político. Han sido tantos los casos de parlamentos integrados por una mayoría de oportunistas, negociantes, aprovechados. Por ello en el ambiente se solidifica, aunque sea inconscientemente, la idea de un gobierno totalitario, tal vez llegado por medio de los votos, pero luego afianzado en un poder omnímodo, como han sido los casos tanto de Venezuela como de Ecuador en este momento. El Congreso es, en el sistema democrático bien entendido, el poder estatal más importante debido a su representatividad. Pero en Guatemala es el de peor fama.

UNA PREGUNTA VÁLIDA es ¿por qué siempre ocurre lo mismo? Hay varias respuestas, pero la más obvia se refiere a la carencia de equipos humanos reunidos en agrupaciones políticas con fines en realidad políticos, no politiqueros. Es una muestra de retroceso cuando alguien se considera un iluminado capaz de resolver él solo los problemas del país, y por ello se dedica a la tarea de buscar a una serie de personas a quienes les tocará desempeñar el papel de comparsas, no de integrantes de un equipo multidisciplinario pero unido por el deseo de permitir al país y a sus habitantes alcanzar un verdadero desarrollo. La historia demuestra cómo cada vez los límites de la moralidad política se van ampliando, hasta alcanzar el invisible horizonte.

EL DERRUMBE POLÍTICO aquí comentado viene siendo un ejemplo de los derrumbes de otro tipo ocurridos en el interior de la sociedad guatemalteca. No hay interés por nada; la capacidad de asombro ha sido llenada, y en general se tiene una sensación de hastío. El fracaso de un gobierno es, en cierta forma, el fracaso de la sociedad, y al ser válido considerar fracasados a los gobiernos producidos dentro de la actual etapa de democracia electoral, es aceptable también pensar en un retroceso del país. Con mayor población, los pocos avances sociales o políticos no alcanzan. El futuro se ve mal, y la sociedad guatemalteca tiene en este momento muy poco para ofrecer a esos miles de niños nacidos cada año, sin esperanzas reales de una vida digna.

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