Guatemala, 28 de marzo de 2008

CATALEJOSe derrumba una alianza sin bases Mario Antonio Sandoval

COLABORACIÓNRara avisDanilo Arbilla

FARONuevo gobierno en TaiwánRodrigo Castillo del Carmen

SIEMPRE VERDE¿Qué les preocupa?Magalí Rey Rosa

VENTANAOjo...Rita María Roesch

COLABORACIÓNJosé Miguel ArguetaGobernabilidad
Al regreso del descanso de la Semana Mayor, con nuevos ánimos, fuerzas y sentido de responsabilidad, los chapines nos incorporamos a las actividades cotidianas con la pesadumbre muchas veces de que edificamos en una Guatemala cuyo fundamento social, político y económico no está plenamente definido.
Si no se reflexiona sobre la gobernabilidad de Guatemala, el futuro nuestro y de las futuras generaciones, como afirma Leonardo Boff en su actual visita a Guatemala, está delicadamente vulnerable.
Los gobiernos de Arzú, Portillo y Berger no lograron mantener sostenibilidad en sus acciones políticas tendentes a la resolución de los problemas fundamentales del país. No hubo una correcta transición entre las políticas de gobernabilidad de uno a otro, y mucho menos entre los diferentes actores de sus propios sistemas de gobierno. Esto se refleja en la vida que todos los días enfrentamos como ciudadanos.
Los retos de gobernabilidad del presidente Colom en el 2008 son crear un desarrollo dentro del marco de la formación de una política de comercio con miras al crecimiento, un avance económico sistemático de país, una capacidad diplomática para el aprovechamiento de las relaciones con Europa, Asia, América Latina y Centroamérica en intereses comunes.
Existen varios retos, como la enorme crisis mundial del petróleo, nuestra incesante dependencia de recursos energéticos y la crisis de leyes —que, si bien están intencionadas hacia solución de problemas, no cuentan con la infraestructura que las haga operativas—.
Por ejemplo, en materia jurídica, si alguien en cualquier parte del mundo deseaba adoptar un niño, lo frecuente era que fuese chino o chapín. La reforma de la ley produjo mucha más lentitud en los procesos de hacer bien las cosas, cuyos resultados se reflejan en miseria sostenida dentro de una población con valores constantemente vulnerados y contradictorios.
La reflexión sobre la gobernabilidad se fundamenta en el interés que como país tenemos en la paz y desarrollo para todos. Estamos interesados en el futuro del sistema político guatemalteco, en el fortalecimiento de la democracia libre y en el aprovechamiento de las relaciones internacionales entre los pueblos.
Necesitamos poner atención en nuestro sistema político, de comercio y productividad, que nos permita una manera material y concreta de vivir mejor. Si no ponemos atención al mismo, tenderemos a una fractura de todos los componentes de la vida civilizada que degraden y comprometan el futuro de las generaciones invisibles o que están por nacer.
No se puede prometer un cambio político que no se concrete en formas palpables de mejoría en la vida social. No puede mantenerse solo un discurso demagógico de querer hacer bien las cosas, pero que no se manifieste en prosperidad constante y diaria para cada guatemalteco.
Hay signos esperanzadores en Guatemala, hay guatemaltecos comprometidos con hacer bien las cosas, que reconocen la necesidad de la responsabilidad que implica para toda persona vivir de manera civilizada. En un país multicultural, multilingüe y multiétnico, con variaciones de intereses y de educación, es necesario que la gobernabilidad utilice los recursos de la diversidad racionalmente. El reto es para todos, tanto para el sector privado como para el público. La gobernabilidad es tarea de todos.
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