Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 8 de mayo de 2008

Tipo de cambio

US$1.00 | Q7.43

Búsqueda

  

Archivo digital

Suplementos
Anuncio

Publicidad
Economía

Economía y desarrollo

Demandas en ruta de colisión 

Más Noticias



“Estos momentos demandan y ponen a prueba las capacidades de los equipos políticos, tanto de la Municipalidad de Guatemala como del gobierno central”.

Especiales
Fotogalerias
Entretenimiento
Mapas de Guatemala
Publicidad

De nuevo, Guatemala enfrenta una crisis del transporte que afecta a todos los pobladores.

Por tomás rosada

Opinión

Guatemala es un país muy rico en recursos, pero en el que paradójicamente su gente debe sobrevivir entre innumerables carencias.

Y es en medio de ese desconcertante claroscuro que toda una población la va pasando, a veces mal, a veces peor, a veces un poco mejor (o no tan mal). Pero en general, la sensación es esa: la vamos pasando.

Por ratos, con una pasmosa resignación y tranquilidad, que incluso llega a enervar cuando a la vista se tienen las razones y lo legítimo de sus demandas. Somos como un animal prehistórico, siempre allí, siempre latente, por ratos fósil, por ratos como bestia dando coletazos descontrolados y esporádicos, aunque sin mucha capacidad de cambio.

Pero hay una o dos cosas que pueden despertar a ese monstruo apacible y mal herido. Por ejemplo, ¡que no le suban el precio al pasaje del transporte público, porque entonces sí que se arma la de Troya! Y eso ha sido de toda la vida.

Desde aquel famoso “10 sí, 15 no” de los años 1980, con sus quemas de buses, vidrios de vitrinas rotas, encapuchados, bombas molotov y todo el barullo, que usualmente termina sentando a la mesa a nuestros “hacedores de política” de turno, para buscarle una solución menos incendiaria a nuestras recurrentes crisis. Al final, de lo que hablamos es de una sociedad que ya la tiene difícil en su día a día, y que cada poco se siente agredida por fenómenos que nos rebasan en nuestra capacidad de reacción.

Hoy vivimos tiempos particularmente difíciles. Una coyuntura internacional que nos frunce el ceño y nos dice: “Se fregaron, muchá, porque ni tienen el petróleo de Nigeria o Venezuela, ni el cobre y las instituciones de Chile, ni los recursos humanos altamente educados de Europa del Este”.

Es decir, no competimos por la vía de recursos naturales (capital natural), tampoco lo podemos hacer por la vía de mano de obra calificada (capital humano). Como que toca entonces abrir el paraguas y recibir el chaparrón.

La crisis se agudiza en estos días con el paro al transporte, que ya comienza a hacer mella en nuestra rutina diaria.

Combustible escaso, tiempo perdido en colas por los accesos bloqueados a la ciudad, en largas filas en las gasolineras son solo algunas de las manifestaciones. Un problema viejo, con muchas aristas, como casi todo lo social, pero que además se amplifica por los impactos directos sobre la movilidad física de los guatemaltecos y sobre nuestra capacidad de trabajar y producir que, a la postre, es lo único que genera crecimiento económico.

Por un lado, tenemos a un grupo de trabajadores pilotos y transportistas, que demandan ampliar los tiempos para circular por la ciudad.

Suena comprensible que no quieran hacerlo por las noches, dadas las condiciones de inseguridad prevalecientes, lo cual en sí es una demanda legítima y comprensible. A nadie nos gustaría que nos den un balazo (porque así es como usualmente terminan muchos de los asaltos ahora) por hacer nuestro trabajo y que, seguramente, el hecho quede impune.

Por el otro, tenemos una necesidad clara de ordenamiento territorial en una urbe que es la mayor de Centroamérica, que rebasa los tres millones de habitantes, y que además ha crecido sin mucha planificación. Eso también es una demanda clara, que obliga a tomar medidas para minimizar un poco los efectos de vivir en una jungla de piedra y asfalto.

Pero entonces, ¿cómo conjugar objetivos que están en ruta de colisión? ¿Cómo hacer para garantizar la seguridad y a la vez pensar en una ciudad más vivible?

Estos momentos demandan y ponen a prueba las capacidades de los equipos políticos, tanto de la Municipalidad de Guatemala como del gobierno central, para poder atender una lista de demandas, todas razonables, pero que claramente no encuentran solución con el estado actual de las cosas.

Es evidente que el problema de fondo rebasa las capacidades del gobierno local, aunque no por ello debe estar ausente en la búsqueda de una solución. La seguridad es un tema transversal que, a todas luces, nos ha desbordado como ciudadanos, ¡e incluso por ratos nos rebasa como Estado!

Ante condiciones económicas ya bastante adversas, mayor razón para darle todo el sentido de urgencia a resolver una crisis que solo no ayuda mucho a salir del bache económico. Cada hora que pasa en este paro es una hora que el país no produce, que no crece, y donde la incertidumbre aumenta.

Incertidumbre de cuál y cuándo va a llegar la solución, pero además incertidumbre de si contamos con cuadros políticos competentes, para atender lo que a los guatemaltecos hoy más nos urge: ganarle terreno a la inseguridad, sin que por ello perdamos de vista la necesidad de procurarnos un espacio habitable y decente.

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio