Guatemala, 11 de mayo de 2008
Pese a que muchas personas fallecieron debajo de las paredes adobe; de 1973 al 2002, el número de viviendas de ese material aumentó en 17 departamentos
Esta es una enfermedad producida por las heces de la chinche picuda, la cual anida en el adobe, y su extremo lleva a las afecciones cardíacas, según explicó Antonieta Rodas, coordinadora del laboratorio de entomología y parasitología de la Universidad de San Carlos.
Jutiapa es uno de los departamentos con más casos de mal de Chagas, y por ello se lleva a cabo un plan piloto en las aldeas La Tule y La Brea, en Quesada.
Allí le enseñan a la población que se puede evitar que el insecto forme nido en sus casas, a través de la aplicación de un repello que sólo requiere de tierra y arena de río, por lo que con las medidas necesarias y bien colocado, se evitan las grietas y el ingreso de la chinche picuda.
Con ello, lograron bajar el porcentaje de casos, de 8 a 1 por ciento.
Ahora, quieren implementar tecnología para colocar piso en las viviendas.
En Quiché, prefieren construir con adobe, por economía, ya que una casa como esta utiliza aproximadamente mil 500 adobes, cada uno a Q2.50, mientras que el block cuesta Q3.40 y se utiliza un número similar.
Por s. valdez, m. castillo y o. figueroa
El 4 de febrero de 1976, unos 23 mil guatemaltecos perdieron la vida en pocos minutos, cuando quedaron soterrados debajo de los escombros de sus viviendas, tras el terremoto ocurrido a las 3.30 horas.
En la provincia, en la mayor parte de casos, las viviendas eran vulnerables, ya que estaban hechas con paredes de adobe o bajareque, con pesados techos de teja, que no resisten los movimientos de la tierra.
De acuerdo con los datos de la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan), 257 mil 928 se vinieron abajo durante el terremoto, y la tragedia dejaba una lección histórica que jamás debería olvidarse: el uso de materiales no apropiados para la construcción en un país sísmico es un riesgo para miles de vidas.
Pero las circunstancias del país, en especial la pobreza en la que vive un sinnúmero de comunidades, ha hecho que se retroceda en el tiempo y que el número de viviendas construidas con adobe se haya incrementado en 17 departamentos, que de acuerdo con las cifras de Segeplan, viven en condiciones de pobreza y extrema pobreza.
Juan Carlos Villagrán De León, geólogo, creador de la Gerencia de Gestión para la Reducción del Riesgo en la Coordinadora Nacional para la Reduccion de Desastres (Conred) y quien se dedica a la evaluación de desastres para Centroamérica y Naciones Unidas analiza que hay dos factores en el aumento de viviendas fabricadas con adobe.
“Uno, es el alto porcentaje de pobreza, que impide a la población, en particular a la que reside en zonas rurales, agenciarse de viviendas de block o ladrillo, reforzadas mediante columnas, zapatas y vigas de concreto. Además, en donde el terremoto de 1976 no tuvo un impacto de destrucción de viviendas, no se logró consolidar en la población de manera efectiva el cambio de paradigma”.
Marta López, quien reside en la aldea La Laguna, Huehuetenango, es un ejemplo de ello. Pese a que con ella viven niños pequeños, su casa es de adobe; la mitad de ésta se derrumbó durante el invierno pasado y, a pesar de ello, volvieron a levantarla con el mismo material.
Aunque está consciente del peligro, señaló que su situación no le permite utilizar un material diferente.
La misma historia se repite en Quiché. Manuel Natareno, quien recuerda los daños del terremoto de 1976, vive en una casa de adobe que ya evidencia muchas grietas, pero él prefiere justificarse diciendo que se trata de un patrimonio de más de 150 años.
Villagrán realizó un estudio de ese fenómeno, con el apoyo del Centro de Investigación y Mitigación de Desastres (Cimden), una organización técnico-científica, con la meta de sistematizar la información para proponer e implementar medidas que lleven a reducir el impacto de esas construcciones en Centroamérica.
Villagrán y el Cimden clasificaron los departamentos en tres rangos de vulnerabilidad, y en el más alto aparecen Totonicapán, Huehuetenango, Quiché, Baja Verapaz, Chiquimula, Jalapa y Jutiapa.
Mientras unos señalan el riesgo que implican las construcciones de adobe, ese material también tiene defensores. Según Virgilio Ayala, jefe de la Sección de Tecnología de Materiales, en la Facultad de Ingeniería, de la Universidad de San Carlos, su utilización tiene muchos beneficios. Con un refuerzo de columnas con malla, cemento y arena, además de técnicas de construcción, se evita que la casa sea vulnerable ante un sismo.
Utilizando un buen repello se evita que la chinche picuda, un insecto que produce el mal de Chagas, forme nido en el adobe, lo cual mejora la salud de quienes habitan viviendas construidas con ese material.
Para el experto, las autoridades municipales podrían establecer una unidad que vele por las normas de construcción, para que haya supervisión técnica en ese tipo de estructuras.
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