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Guatemala, 11 de mayo de 2008

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LA BUENA NOTICIAMario Alberto Molina Plurilingües

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En la Biblia hay dos historias que tienen que ver con la diversidad de los idiomas del mundo. La historia del capítulo 11 del libro de Génesis tiene el propósito de dar una explicación a la diversidad de lenguas en la humanidad. Según ese relato, la humanidad hablaba un solo idioma y eso le permitía realizar proyectos audaces. Aquella humanidad decidió darse nombre y construir una torre que llegara al cielo. Se trataba de un asalto a la morada divina, y a Dios le pareció que eso desbordaba los límites propios de la condición humana. Como una medida para que la humanidad tomara conciencia de su lugar en el mundo, hizo que aparecieran las diversas lenguas, de modo que ya las personas no se entendían unas con otras y se dispersaron por la faz de la tierra. Así se formaron las diversas culturas y naciones del mundo.

A pesar de su ingenuidad, el relato nos transmite este mensaje: más allá de la diversidad cultural e idiomática de los pueblos, hay un sustrato común, todos somos igualmente personas. Si consideramos la unidad, deberíamos todos hablar un solo idioma para destacarla mejor. Es verdad que la diversidad cultural ha dado pie a prejuicios y exclusiones, pero el relato nos recuerda que al principio no era así, que más allá de la diversidad, está la común humanidad compartida.

El otro relato que tiene que ver con la diversidad de idiomas en el mundo se encuentra en el capítulo 2 del libro de los Hechos de los apóstoles. Cuenta que, con ocasión de la fiesta judía de Pentecostés, habían llegado a Jerusalén judíos y simpatizantes del judaísmo procedentes de todos los pueblos y naciones, cada uno con su idioma propio. En esa misma fecha, el grupo de seguidores de Jesús se encontraba reunido en oración. De repente oyen un ruido como de viento fuerte y ven que desciende sobre cada uno algo que se parece a llamas de fuego. Quedan llenos del Espíritu de Dios. Comienzan a alabar a Dios en público en su idioma, el arameo. Pero cada uno de los diversos forasteros que los escuchan los oye hablar en su propio idioma. El relato es una declaración de que la diversidad de culturas e idiomas no será impedimento para escuchar y entender el único evangelio y para creer en el mismo Dios.

El segundo relato complementa al primero. El anhelo de unidad de la humanidad no se realiza necesariamente por la eliminación de la diversidad lingüística, sino por la profesión de la misma fe expresada en la diversidad de lenguas y culturas. Ciertamente la diversidad de lenguas y culturas a veces nos hace perder de vista la común humanidad; pero los idiomas no constituyen mundos incomunicables. Son medios para comunicar y compartir ideas y creencias que nos unifican. En un país plurilingüe y pluricultural como Guatemala, estos relatos nos dan qué pensar.

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