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Guatemala, 12 de mayo de 2008

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ECLIPSEIleana Alamilla Detener la subasta de niños

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Los tratadistas afirman que la corrupción es el rompimiento de los principios, es arruinar y echar a perder, es anular los valores, pisotear la ética, y se inspira en el poder y en el haber, en la generación de dinero fácil, con los respectivos daños sociales. También aseguran que de todos los tipos de corrupción, uno de los más perniciosos es el que se da en el ámbito jurídico, ya que el Derecho busca establecer normas para regular lo justo.

Desde hace varios años, hay un jugoso negocio que ha incrementado sus ganancias y que está exhibiendo su perversidad: las adopciones. El núcleo de estos comerciantes inescrupulosos lo constituyen profesionales del Derecho, quienes tienen en sus manos la fe pública, depositada en ellos por el Estado, lo que les otorga facultades para certificar que lo que dicen es así, y punto.

El prestigio del notario, que también es abogado, está en entredicho, no sólo por el negocio de las adopciones, sino por una serie de irregularidades en que incurren quienes han pervertido este noble quehacer con actuaciones vergonzosas, algunas de carácter delictivo, con lo que han traicionado la credibilidad, el prestigio y el trabajo digno de quienes los precedieron en esta función.

Hay muchas víctimas de la deshonestidad y de la ambición desmedida, expresión de la codicia humana, vicio que ha degradado el ejercicio del notariado, una profesión que ha tenido etapas de enorme reputación, que debería ser recuperada para reivindicar y dignificar al gremio.

Múltiples publicaciones de prensa han mostrado las irregularidades de diversa naturaleza en las actuaciones notariales. Se ha conocido de despojos de propiedades a campesinos, especialmente indígenas, que, debido al desconocimiento del idioma oficial, han colocado su huella digital frente a testigos “idóneos”, y luego se encuentran con que sus bienes ya son propiedad ajena. Algunos hasta se atreven a falsificar las firmas para apoderarse de los bienes.

También se han develado casos en los que las personas, confiadas en las diligencias notariales en ocasión de la realización de su casamiento, ante cualquier contingencia, incluyendo el deseo de disolver el vínculo, se dan cuenta de que aún son solteras, pues nunca se dieron los avisos respectivos, no se protocolizó el acta ni se extendió el testimonio de ley.

Y más de algún sorprendido habrá que descubra que el instrumento público que firmó, junto a todos los comparecientes en el protocolo del notario, posteriormente fue cancelado. Otras víctimas resienten el desinterés en la facción de las escrituras, en las que muchas veces se incumplen requisitos esenciales para su validez, cuyo resultado es el rechazo en los registros correspondientes.

Pero el colmo de los notarios (as) es el comercio de niños que, según se ha descubierto, se subastan como objetos, se “decoran” o “retocan” para publicitarlos y se ofrecen a varias familias, a ver quién da más. Esto ya traspasó toda tolerancia. El Colegio de Abogados y su Tribunal de Honor deben actuar ya, y las entidades responsables de las adopciones están obligadas a investigar, denunciar y someter a los tribunales a los implicados en esta cruel infamia.

iliaalamilla@hotmail.com

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