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Guatemala, 13 de mayo de 2008

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Igual de enérgicas, populares y sensuales: Kylie y Madonna.

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Madonna y Kylie Minogue presentaron sus respe tivos discos en dos escenarios de París. Cada una con su propio público, estilo y forma de llamar la atención.

Redacción espectáculos

¿Qué tienen en común Kylie Minogue y Madonna, además de ser indiscutibles referencias de la música pop que trasciende generaciones y sigue ganando fans gracias a su sensualidad y exitosa trayectoria discográfica? Resulta que tanto la “chica material” como la “princesa australiana”, eligieron la Ciudad de la luz, París, para presentar sus nuevos álbumes, en sendos conciertos: una señal de que aún tienen mucho que ofrecer a sus admiradores.

Kylie aterrizó en París para arrancar con su gira mundial para promocionar su nuevo disco X. Su recital, de tres horas y media, envuelta en vestidos de Jean Paul Gaultier y acompañada de un elenco de bailarines y acróbatas en el Palacio de Deportes de Bercy, coincidió el martes con el de su amiga Madonna, que ofreció un concierto privado en el Olympia.

La reina del pol cantó y mostró su faceta más provocativa, enfundada en cuero y seda, sirviendo a unas mil 500 personas un espectáculo en forma de aperitivo, antes de iniciar en agosto en Europa su gira planetaria para presentar Hard Candy, su undécimo álbum. “Madonna versus Kylie” titulaba la semana última la prensa parisina, orgullosa de acoger a dos iconos incansables, que han mantenido intacta su desenvoltura y energía en el escenario, de la misma forma en que sus éxitos siguen sonando, desenfrenados, en las pistas de baile de todo el mundo.

Madonna, a punto de cumplir los 50, y Kylie, que sumará 40 años a finales de mes, tienen mucho en común: rubias, esbeltas, experimentadas y con ese particular don de quien sabe adaptarse a las nuevas tendencias, sin miedo a reinventarse cada vez que el mercado lo requiera.

En la sala Olympia, Madonna irrumpió sentada en un fantástico trono negro, con pantalón de seda y botas altas con cordones, vestida de negro de los pies a la cabeza, y con una varita de maga en la mano. La diva demostró una vez más que nada le asusta, jugando con los cambios de registro entre pop, hip hop y hasta el heavy metal.

Mientras tanto, en el Palacio de Bercy, la australiana, que el año pasado regresó a los escenarios después un retiro temporal debido a un cáncer de mama, ofreció un concierto preparado al milímetro, con decorados y coreografías cambiantes que dieron vida a sus temas dance, interpretados con su habitual frescura.

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