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Guatemala, 16 de mayo de 2008

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Audiencia Sobrevivientes señalan a efectivos del Ejército por atrocidades

Testigos narran masacre en aldea Plan de Sánchez 

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Drama  

“Vi a mi madre muerta junto con otros cadáveres que quedaron calcinados en una vivienda. Yo logré escapar porque me refugié en un escondite que teníamos en la comunidad. En esa masacre murieron 12 familiares”, relató Faustina Cojón.

Temor 

“Los soldados nos capturaron cuando nos dirigíamos con mi hermano a la aldea, donde visitaríamos a nuestra madre. A unas 35 mujeres nos encerraron en una casa, donde escuchamos los bombazos, pero logré escapar”, recordó Viviana Morales.

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Viviana Morales, Faustina Cojón y Juan Jerónimo esperan firmar el acta de su testimonio en el Juzgado Undécimo de Sentencia Penal.

POR OLGA LÓPEZ OVANDO

Con la convicción de que sus relatos ayudarán para que se les haga justicia, ayer testificaron tres sobrevivientes de la masacre de la aldea Plan de Sánchez, Baja Verapaz, ocurrida el 18 de julio de 1982.

El juez Eduardo Cojulum escuchó los testimonios como parte de la asistencia solicitada por la Audiencia Nacional española, para el proceso de genocidio que promovió Rigoberta Menchú contra cinco generales en situación de retiro y dos civiles.

Faustina Cojón, Viviana Morales y Juan Manuel Jerónimo viajaron de Rabinal, Baja Verapaz, a la capital, para narrar la incursión de efectivos del Ejército y de las patrullas de Autodefensa Civil en esa comunidad, donde masacraron a 268 personas.

Como si hubiera sucedido ayer, Jerónimo recordó cómo los soldados y paramilitares mataron a 18 integrantes de su familia, entre ellos a su madre, esposa y cuatro hijos.

“El Ejército planificó esa masacre porque sabía que era día de mercado en la plaza, y toda la gente acudía a comprar, pues al retornar a sus casas los pobladores eran capturados”, expresó.

Recordó que ese día él prefirió quedarse en su vivienda, con su madre, pues presentía que algo pasaría. Minutos después, vecinos les avisaron que el Ejército se dirigía a su comunidad, y su madre le aconsejó que huyera.

En ese tiempo, Jerónimo era catequista, y había sido amenazado por el Ejército, por considerarlo aliado de la guerrilla. Como las entradas y salidas de la comunidad eran vigiladas por los soldados, él se escondió en un refugio cercano a su vivienda.

Desde allí observó cómo militares, con ayuda de patrulleros, sacaban de manera violenta a pobladores.

“Vi cómo mis familiares, junto con otras personas, eran trasladados a la casa de mi hermano, donde los encerraron, y después lanzaron dos granadas a la vivienda”, expresó con voz quebrantada.

Soldados torturaron y degollaron a otro grupo de personas, mientras que a las jovencitas primero las violaron y después las mataron.

Jerónimo también fue testigo cuando un oficial del Ejército ordenó enterrar los cadáveres en 13 fosas clandestinas.

Los tres sobrevivientes fueron los últimos testigos de las 15 personas que llegaron a declarar sobre las masacres perpetradas por el Ejército.

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