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Guatemala, 18 de mayo de 2008

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Modelo tradicional va en decadencia

La familia en Guatemala pasa por tiempos difíciles 

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“La tendencia es ver más familias mixtas, y no patriarcales” 

Los diferentes problemas políticos y sociales de la región, como emigración y enfrentamientos internos, han repercutido en la formación del núcleo familiar, a tal grado que se observan familias con características diversas, que han dejado el sistema patriarcal como algo del pasado.

Esta es una de las conclusiones de la socióloga chilena Irma Arriaga, oficial de Asuntos Sociales de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y coordinadora del informe “Familias y Políticas Públicas en América Latina: una historia de desencuentros”.

Hay un aumento en la diversidad y los estilos de familia, en el sentido siguiente: un aumento en la monoparentalidad, las familias en donde habitualmente la madre es quien está a cargo, el padre está ausente por diversos motivos: migraciones, divorcios, separaciones, conflictos y desplazamientos forzados de la población.

El hecho concreto es que hay dos tendencias importantes: el aumento de las familias recompuestas y una reducción en el tamaño de éstas, con menos número de hijos.

Los mayores problemas se encuentran en aquellas poblaciones que presentan altos niveles de pobreza, donde hay mujeres jóvenes que son jefas de hogar y tienen muchos hijos. Esa situación se encontró principalmente en Centroamérica, en Bolivia y en algunos países donde hay una porción muy importante de población en situación de pobreza.

La información sobre Guatemala era limitada cuando realizamos el estudio; sin embargo, uno de los temas complejos es la magnitud de la pobreza y la diversidad de situaciones familiares, como tener muchos integrantes en las familias, sobre todo de zonas rurales.

Se da la paradoja que entre más pobres son, más hijos tienen. Entonces les cuesta más la sobrevivencia y tener una buena educación. Esa es una de las situaciones que mas se observaron en Guatemala.

En Centroamérica vimos que había muchas iniciativas en torno a la legislación sobre situaciones familiares, para mejorar sus condiciones de vida, pero eran esfuerzos bastante dispersos, que no iban acompañados por un diagnóstico actualizado de la situación de la familia.

Lo que encontramos, en general y en el caso de Guatemala, es una ausencia de diagnósticos actualizados que permitan proponer y diseñar buenas políticas en el tema familiar.

Seguir trabajando en políticas claras contra la pobreza, pero que sean de carácter permanente y que apunten a las causas estructurales de problema, y no a las consecuencias de la pobreza. Que no sean paliativos, que busquen generar trabajos de calidad con incentivos.

¿Cree que existen políticas adecuadas?

Hace falta más. Quedan unos desafíos muy grandes, sobre todo en mejorar los diagnósticos, principalmente en el área rural que no están bien estudiados, y si no hay un buen diagnóstico, difícilmente habrá buenas políticas. Hay muchos temas por delante para continuar investigaciones.

Por ejemplo, todas las medidas que se han tomado en algunos países para mejorar la seguridad social de la población mayor han presentado avances, pero se debe hacer más.

Es compartido. Se deben generar condiciones de apoyo para los padres que trabajan; es decir, cobertura escolar, atención para el cuidado de los niños en las distintas etapas de crecimiento, retención en el sistema educativo y, al mismo tiempo, apoyar en el cuidado de los adultos mayores.

El tema fuerte es cómo conciliar un trabajo de calidad con una familia, cuando las condiciones sociales no lo permiten.

En algunos países no existen las guarderías gratuitas para las familias de extrema pobreza. Sus trabajos quedan lejos de los hogares. En fin, eso está generando una gran tensión, porque la sociedad sigue delegando a las mujeres la responsabilidad exclusiva del cuidado de los hijos y de los adultos mayores.

En la medida que la sociedad no asuma que es una labor de todos, que involucra al estado, a los empleadores, y hace que los padres y madres se ocupen de los hijos, eso seguirá siendo un problema social, fuerte.

En el libro se plantea que las políticas deben ser variables, dependiendo de si son países en transición demográfica avanzada, incipiente o intermedia, pues la mayor preocupación siempre será la atención preescolar y la estimulación precoz de los niños.

Se habla en algunos casos del bono demográfico; es decir que, en la medida que nacen menos niños, hay un bono que los países deben aprovechar para invertir en mayor calidad de educación, pero ese todavía no es el caso de muchos países, aunque esa es la tendencia. No es en este momento la situación de Guatemala, pero lo va a ser en un futuro no muy lejano, si se aplican políticas adecuadas.

Fernando Leal, AEG 

“Existe gran cantidad de familias monoparentales, en las que la madre se queda con la responsabilidad no solo de criar a los hijos, sino, en ocasiones, de sostenerlos y velar por su educación. En este aspecto, hay una culpa compartida. Por un lado, muchas mujeres tienen hijos sin tener una pareja responsable, y, en gran número, los hombres evaden esta responsabilidad y abandonan a su familia”.

Jorge e Ileana Antillón, CEG 

“La familia guatemalteca es el gran pilar de la sociedad. En ella se guardan tradiciones, valores morales, éticos y religiosos. Si embargo, vemos cómo es atacada sistemáticamente, para dejar paso al libertinaje y a la pérdida de valores. También vemos a la familia afectada por la desintegración, debido a la migración a la que muchos padres se ven forzados, para buscar mejores oportunidades de trabajo”.

Alejandro Urízar, sociólogo 

“Los guatemaltecos aspiran a la familia clásica del modelo norteamericano, que responde a la corriente del funcional estructuralismo: un padre, una madre y de dos a tres hijos, pero la realidad estructural de Guatemala es otra. Esa contradicción existente hace chocar y genera frustraciones que se traducen en dificultades para interactuar socialmente en el trabajo, la escuela y la universidad”.

Sergio Argüello Reyes, sicólogo 

“Hay un gran deterioro de la salud mental, por varias razones externas, y en muchos casos esta situación —derivada de la violencia, ausencia de uno de los padres, abusos, pobreza y falta de oportunidades— ha socavado la autoridad de los padres. Los niños ya no saben a quién hacerle caso. Solo mediante una educación adecuada se puede llevar una corrección para que se mejore la familia y, por ende, la sociedad”.

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Las mujeres, además de trabajar, se encargan del cuidado de los hijos.

Por redacción dominical

Por antonomasia, la familia es el núcleo esencial de la sociedad, y de su bienestar depende, en parte, la salud mental de la población. Sicólogos, sociólogos, religiosos y politólogos consultados coinciden en que en Guatemala este pilar se desmorona, y que factores como migración, violencia, pobreza y paternidad irresponsable han transformado el sistema tradicional patriarcal y han dado paso al inicio de una historia de desencuentros.

Precisamente este es el nombre del último estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre la familia en la región, el cual fue presentado recientemente en el país.

“Familias y políticas públicas en América Latina: una historia de desencuentros”, concluye en que en Guatemala el régimen de bienestar familiar es el “informal de doble proveedor”, con un Estado y mercado débiles.

“Para lograr niveles mínimos de ingreso, se registra una alta participación laboral de las mujeres y de familias con doble proveedor, así como una elevada proporción de trabajo informal y de autoempleo”, dice el informe.

Es decir que las mujeres, además de continuar

con los cuidados del hogar y de los hijos, tienen que apoyar económicamente, con su trabajo, a la familia, debido a la falta de colaboración o ausencia de los padres, políticas públicas deficientes y escasa inversión social.

Datos proporcionados por la Organización Internacional para las Migraciones dan cuenta de que el fenómeno migratorio supone la desintegración del 36 por ciento de las familias centroamericanas.

Desintegración

En Guatemala viven más de cuatro millones de parientes directos de emigrantes, y en el 77 por ciento de los casos ya no los vuelven a ver. El núcleo familiar se rompe, y esto hace que en más del 47 por ciento de los hogares, los que se quedan, en especial los hijos, padecen problemas psicológicos.

Las mujeres asumen el papel del cuidado del hogar y de los hijos, quienes, debido a la falta de políticas públicas y de centros de cuidado diarios, son educados por familiares y extraños, que, en un considerable porcentaje de casos —más del 10 por ciento, según estudios de Unicef— abusan de ellos.

Sandra Escobedo, secretaria presidencial de la Mujer, reconoce que falta mucho por hacer, y que los centros de cuidado diario no llegan a las áreas rurales. A su criterio, dejando aparte los factores externos que afectan el núcleo familiar, la mujer en Guatemala quiere ser útil y productiva, y aportar al hogar. El problema es que acaba haciéndolo todo, ya que el hombre normalmente no suele ayudar en las tareas del hogar ni en el cuidado de los hijos.

Agrupaciones de mujeres van más allá, y demandan una política concreta de apoyo por parte del Estado, la cual contenga educación sexual y de planificación, acceso a microcréditos, capacitación, desarrollo rural, cambio en leyes laborales y apoyo con el cuidado de los hijos, entre otros beneficios.

El documento de Cepal, en sus recomendaciones, secunda la necesidad de cubrir algunas deficiencias derivadas del cambio de la constitución tradicional de la familia, que, en el caso de Guatemala, colocan a la mujer en desventaja respecto del varón, quien, en muchos casos, ni siquiera quiere reconocer a sus hijos. El 37 por ciento solo cohabita con su pareja, con la idea de evadir responsabilidades civiles.

El informe reconoce avances, pero plantea que el Estado tiene mucho que hacer. “Para evitar que las familias se desarticulen, las leyes deben exigir paternidad responsable y hacer cumplir la responsabilidad inmediata de atención de los padres a los hijos, que, bien sabemos, constituye parte del cuidado para el desarrollo de la personalidad de las futuras generaciones. La soledad de las madres en la tarea materna, sin adecuados ingresos, hace más vulnerables a los niños y niñas, tanto a la pobreza como a diversas formas de abuso. La responsabilidad familiar debe ser compartida subsidiariamente con el Estado, para ampliar la protección”.

Salud mental, en deterioro

La ruptura del núcleo familiar tradicional en una sociedad conservadora como la guatemalteca hace que la salud mental de gran parte de la población esté afectada.

Sergio Argüello Reyes, sicólogo de la Universidad de San Carlos de Guatemala, explica que en Guatemala convergen muchos factores externos que afectan la salud mental de la familia y dan lugar a la pérdida de valores. Entre esas causas están la violencia, la migración, la crisis económica y falta de recreación.

“El deterioro de la salud mental familiar es muy grave, ha socavado la autoridad de los padres. Los niños ya no saben a quién hacerle caso”, lamenta el experto.

Argüello recomienda que el cambio empiece desde abajo. “Hay que educar a los niños desde pequeños, para la relación de pareja. Se le debe enseñar a las niñas quiénes verdaderamente somos los hombres, y a los hombres, quiénes verdaderamente son las mujeres. Se les debe impartir una educación para la vida, una educación que les permita una unión y separación reales.

Solo mediante educación adecuada se puede llevar una corrección para que se mejore la familia, y, por ende, la sociedad”.

El sociólogo Alejandro Urízar opina que la aspiración de los guatemaltecos o la imagen que tienen de una familia —madre, padre e hijos— choca con la realidad, ya que, por causas históricas como el conflicto armado interno, y socioeconómicas como la violencia o la migración, en muchos hogares falta el padre o la madre. “A muchos niños les ha tocado crecer con sus abuelos o familiares”, enfatiza.

El experto explica que la contradicción entre el deseo de pertenecer a una familia tradicional y la realidad genera una serie de expectativas que se desatan en frustraciones y, en algunos casos, generan algún tipo de fenómenos sociales posteriores más complejos, como las pandillas. “Los niños, cuando crecen, tratan de insertarse en otros grupos sociales”, expone.

Fernando Leal, representante de la Alianza Evangélica de Guatemala (AEG), comparte la opinión de los anteriores entrevistados y agrega que la familia guatemalteca afronta tiempos difíciles, de mucha desintegración, pues los padres no están cumpliendo a cabalidad con sus funciones, y de esa cuenta muchos niños y jóvenes encuentran refugio en las pandillas.

Entre las causas de la crisis enumera: la paternidad irresponsable, el interés de la mujer por autorrealizarse y ser económicamente activa, y la migración. “Muchas mujeres tienen hijos sin tener una pareja responsable. Y, en gran número, los hombres evaden esta responsabilidad y abandonan a su familia”, afirma.

Respecto de las mujeres que quieren ser económicamente activas, Leal opina que la clave es dedicar tiempo de calidad a los hijos, y que las tareas del hogar se compartan, lo cual no siempre ocurre.

En el caso de la migración, dice que es el factor que más afecta a la familia. “El padre se marcha por un tiempo, para hacer dinero, con el fin de reunir lo suficiente para construir la casa, y deja la responsabilidad a la madre”, lamenta Leal.

Julio e Ileana Antillón, matrimonio coordinador de la Comisión de Pastoral familiar de la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG), aseguran que la familia, bastión donde se guardan tradiciones, valores morales, éticos y religiosos, está siendo atacada en sus cimientos.

Hablan de la influencia negativa de los medios de comunicación, donde se habla de libertad sexual —familias integradas por dos hombres o dos mujeres—, el derecho al aborto y consumismo. También se refieren a la desintegración causada por factores como violencia, migración, alcoholismo, falta de educación, de oportunidades y de políticas públicas encaminadas a sostener a la familia como base de la sociedad.

Todos coinciden en que, por todo lo anterior, muchos niños, que son el futuro de Guatemala, crecen desorientados, sin valores, y mentalmente insanos. Por ello demandan al Estado que ponga manos a la obra e implemente políticas públicas que garanticen educación, salud, cuidado y protección de los menores que, por una u otra causa, son afectados por esta historia de desencuentros, cuyas consecuencias sociales ya se sienten en el país.

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