Guatemala, 18 de mayo de 2008
Urgen políticas públicas para la industria forestal
Claudia Santizo, secretaria general del Conap, explica que, frente a la deforestación, han creado “diferentes mecanismos de reforestación y recuperación de los sitios degradados”. Al mismo tiempo, han trabajado en puntos de alto riesgo, debido a la entrada del invierno.
Dale Bosworth, ex jefe del Servicio Forestal de EE. UU., refiere que esa institución trabaja de la mano con los gobiernos, a los que brinda asesorías, entrenamiento, capacitación y transmisión de tecnología. “Esta visita sirvió para evaluar qué intercambio podemos hacer con Guatemala”, dijo.
Carlos Salvatierra, activista del Colectivo Madre Selva, explica que Guatemala es uno de los pocos países en el mundo que posee riqueza en la variedad de árboles.
A su criterio, la industria forestal fomenta el cultivo de una o varias especies de árboles, pero a la vez motiva la deforestación de los bosques naturales.
“No solamente se elimina toda la biodiversidad que existe dentro de ellos, sino también se perjudica a las comunidades aledañas”, declara Salvatierra.
El ambientalista añade que en Sudamérica se ha fomentado una campaña que expone que las plantaciones de árboles con fines industriales no son bosques.
“En varias comunidades del interior del país, muchas personas no aceptan este tipo de plantaciones”, y asegura que, de seguir fomentando este tipo de industria, sin controles adecuados, se puede dañar al sistema forestal de manera irreversible.
millones de hectáreas es la actual cobertura forestal del país, según cálculos.
hectárea equivale a un campo de futbol lleno de árboles.
“El incentivo forestal no tiene distinción entre el Conap y el INAB”, explica Luis Ernesto Barrera, gerente general de esta institución. Agrega que las dos entidades otorgan incentivos en áreas protegidas, y al mismo tiempo en regiones donde hay aprovechamiento forestal.
Por juan fernando estrada
El diagnóstico del sector forestal se ha tornado crítico. Cada año, 70 mil hectáreas de bosques son taladas, y solo 11 mil son reforestadas.
Expertos en el tema aseguran que Guatemala está quemando su futuro y dándole la espalda a la vocación forestal que le ha caracterizado. Por ello instan a que se elaboren planes y políticas públicas encaminadas a desarrollar esta industria, la cual, aseguran, podría convertirse en una importante fuente de ingreso de divisas para el país.
La Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura considera que, con un buen manejo, Guatemala podría convertirse en una de las principales industrias forestales del continente, además de potenciar al máximo el sector turístico en las áreas protegidas.
Los países interesados en esa industria, como EE. UU., ven un nicho de explotación, que cuenta con un enorme potencial en la mayor parte de tierras del país.
Tanto es así, que el mes recién pasado una comitiva del Servicio Forestal de EE. UU. vino para evaluar los bosques y su manejo sustentable, y también para revisar el capítulo ambiental del Tratado de Libre Comercio.
Esta evaluación tuvo resultados positivos y ya se comenzó a trazar una estrategia bilateral para que se fomente esta industria.
James Riley, presidente Ejecutivo de Intermountain Forest Association, opina que es necesario comprender que el sector forestal tiene “un gran potencial para ofrecerle a la economía nacional”.
Francisco Escobedo, director de la Gremial Forestal, adscrita a la Cámara de Industria Guatemalteca, asegura que en los departamentos es posible salir de la pobreza por medio de un manejo adecuado de la industria forestal.
Se calcula que la cobertura forestal del país es de 4.3 millones de hectáreas, equivalente al 40 por ciento del territorio.
De esta cantidad, el 55 por ciento se encuentra dentro de áreas protegidas, y su manejo y protección están a cargo del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap). Sin embargo, esta cifra podría disminuir, de no detener la tala ilícita o la sustracción de leña.
Claudia Santizo, secretaria ejecutiva del Conap, expone que en la actualidad existen tres millones 350 hectáreas en áreas protegidas, divididas en 16 categorías de manejo .
“Muchos de los sitios con mayor afluencia de turistas se encuentran dentro de áreas protegidas”, enfatiza Santizo, quien planea unir fuerzas con el Instituto Guatemalteco de Turismo y el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, para implementar una política que ayude a preservar estas áreas sin que deban ser cerradas al público.
El gerente general del Instituto Nacional de Bosques (INAB), Luis Ernesto Barrera, cree que cada año se pierden alrededor de 13 millones de metros cúbicos, por el consumo individual de esta forma de energía, y los principales problemas que afectan al sistema forestal guatemalteco son los incendios, la agricultura migratoria y la falta de cultura.
Desde 1997, el INAB, cuyo objetivo es fomentar el desarrollo forestal mediante el manejo sostenible de los bosques, lleva a cabo el Programa de Incentivos Forestales, el cual otorga estímulos económicos a propietarios de tierras en donde se ejecuten proyectos de reforestación o simplemente se mantengan intactos.
A pesar de ello, según el documento “Perfil Ambiental de Guatemala 2006”, elaborado por el Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente, de 1993 a 2001 el país tuvo una pérdida de 563 mil 176 hectáreas de bosque, lo que representa un 11 por ciento de la cobertura total. De continuar con esa tendencia, en 25 años podría afrontar una crisis por deforestación irreversible.
El director ejecutivo de la Gremial Forestal comenta que en los últimos 10 años muchos empresarios se han involucrado en la actividad forestal, ya que el marco legal existente es claro y fomenta la siembra de bosques.
Reportes de dicha cámara arrojan que en el 2006 se exportaron 54.8 millones de pies tablares, de distintas clases, y fue EE. UU. el principal destino.
“Además de que es rentable, no amenaza a la biodiversidad del país”, declara Escobedo, y explica que, contrario a las creencias generales, la actividad forestal es como cualquier otro cultivo, solo que la tierra se utiliza para sembrar bosques y trae consigo beneficios directos, como la generación de empleo en la provincia, e indirectos, como la producción de oxígeno.
Escobedo cita ejemplos como Chile, donde la industria forestal ha representado un empuje considerable a la economía interna, y ha mejorado la calidad de vida de los habitantes.
“Si se trabaja adecuadamente en este sector, puede considerarse como una salida definitiva a la pobreza, ya que el 51 por ciento del territorio es de vocación forestal”, explica.
El experto opina que, ante la reciente crisis del petróleo, la generación de energía por medio de la quema de madera es una opción viable en el país.
“Esto es algo sumamente positivo para el sector, ya que las condiciones permiten producir esa energía renovable a través de la biomasa forestal”, expone.
Dale Bosworth, quien fue jefe del Servicio Forestal de EE. UU. durante seis años, explica que el fomento de una industria forestal realmente sustentable “es un desafío en los próximos años, tanto para las autoridades como para la sociedad civil”.
Bosworth enfatizó en que el reto radica en que la población tome conciencia de los recursos que tiene frente a sí, y, junto a esto, “el Gobierno se debe involucrar, erradicando los problemas y las evidentes amenazas que tiene este sector”.
Los planes de aquellos que consideran que los bosques son una oportunidad de desarrollo para el país se matizan con la opinión de los expertos en temas ambientales.
Para el Centro de Acción Legal Ambiental y Social (Calas), la actividad forestal manejada racional, técnica y sostenidamente es una alternativa deseable para el desarrollo del país, siempre y cuando no entre en contradicción con los lineamientos de legislación, como en las áreas protegidas.
“Consideramos que el desarrollo de actividades económicas que representen el desarrollo del país y que conlleve la erradicación de la pobreza y beneficio social, es importante”, explica Yuri Mellini, director de Calas.
Para el experto, un ejemplo de que esto es posible es la Reserva de la Biosfera Maya en Petén, donde la zona de usos múltiples de la reserva tiene 28 concesiones que hacen administración y manejo forestal.
Un factor fundamental será la zona de vida, pues no es lo mismo el tipo de suelo y las características ambientales de lugares como San Marcos que la de departamentos del oriente del país. “Todo el país tiene vocación forestal, hay condiciones para muchos tipos de especies de árboles en los cuatro puntos cardinales. Será bueno, dependiendo del área en donde se lleve a cabo el manejo forestal”, asegura Mellini.
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