Guatemala, 18 de mayo de 2008
Asesinan a altos mandos policiales
El 90 por ciento de los habitantes de Tijuana, México, desconfía de policías y soldados, según sondeos de la Asociación Esperanza contra las Desapariciones Forzadas y la Impunidad.
Esta ONG representa a 350 familias con hijos o parientes desaparecidos en los últimos años, y tiene registrados 150 secuestros solo en lo que va del 2008. La mayoría de las denuncias son contra la Policía.
En Culiacán, Sinaloa, sicarios al servicio de los carteles de la droga amenazan a las fuerzas de seguridad.
Por redacción internacional
Durante las últimas semanas, México ha vivido un contraataque violento del crimen organizado y del narcotráfico, donde han sido asesinados varios altos mandos policiales, en represalia por los golpes que los agentes han dado contra esos grupos delictivos. Además, se han perpetrado matanzas contra ganaderos.
“El crimen organizado reacciona así, porque siente que estamos golpeando su estructura criminal y operativa. Lejos de atemorizarnos, redoblamos la lucha contra éstos”, enfatizó el presidente mexicano, Felipe Calderón, tras haber participado en un homenaje al coordinador de Seguridad Regional de la Policía Federal Preventiva (PFP), Édgar Eusebio Millán, quien fue asesinado el 8 de mayo recién pasado.
Según el Gobierno, Millán era pieza clave en los operativos contra esos grupos criminales, y fue muerto por pistoleros del cartel de Sinaloa, de los hermanos Beltrán Leyva, y el prófugo Joaquín el Chapo Guzmán, en respuesta al arresto de 13 de sus sicarios.
Desde que asumió el poder, en diciembre del 2006, Calderón ordenó el despliegue de miles de soldados y policías, para enfrentar al narcotráfico, que ha causado una ola de violencia traducida en miles de asesinatos.
El hecho más reciente de la ola sangrienta fue el asesinato del comandante de la Policía Judicial de la Ciudad de México, Esteban Robles Espinoza, quien fue abatido el 9 de mayo pasado dentro de su auto.
Ese mismo día, fueron hallados en Sinaloa los cadáveres de 10 personas, entre los que se contaba el de un policía de tráfico que había sido secuestrado.
El 4 de mayo último, fue acribillado a tiros, también en Sinaloa, el coordinador de investigaciones de la Policía ministerial del Estado, Miguel Ángel Santacruz.
El ministro Genaro García Luna, titular de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, manifestó que dicha institución vive “horas difíciles”, debido a que esa dependencia ha sido golpeada en los últimos días con el asesinato de varios de sus miembros.
La muerte de Robles fue el cuarto asesinato de un mando policial en la capital mexicana en las dos últimas semanas, pues el 1 y 2 de mayo recién pasados fueron ejecutados el comandante de la PFP, Roberto Velasco Bravo, quien fue abatido en su casa y, otro que se sumó a la lista, fue el inspector de la misma corporación, José Aristeo López.
Por aparte, las deserciones, los asesinatos de mandos policiales, la corrupción y las críticas por los pocos avances en la lucha contra la violencia lastran aun más la ya deteriorada imagen de la Policía de México.
Como si esto fuera poco, 900 agentes de la Policía Federal de Nuevo León amenazaron la semana pasada con pasarse al crimen organizado si no les pagan los seis meses de salario que les adeudan.
“Muchos cuerpos policiales han sido corrompidos por el poder del crimen organizado. No todos, a esos hay que rescatarlos. Eso tiene que salir como una política de Estado para hacer una investigación a fondo, y ver quiénes son recuperables”, afirmó el experto René Jiménez Ornelas, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Con información de agencias y sitios de Internet
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