Guatemala, 21 de noviembre de 2008

CATALEJO
Efervescencia en la AntiguaMario Antonio Sandoval

IMAGEN ES PERCEPCIÓNGuatemala: una selvaBrenda Sanchinelli Izeppi

DE MIS NOTASPistoAlfred Kaltschmitt

SIEMPRE VERDEEn sus manos, presidenteMagalí Rey Rosa

LO QUE EXPRESOEl Estado no es una mulaJosé Miguel Argueta

VENTANARita María RoeschSer más felices
“El resentimiento es la causa principal que drena la energía de quienes quieren convertirse en guerreros”, dijo don Juan (el legendario guerrero- chamán que mantuvo la tradición milenaria de los toltecas) a Carlos Castañeda, el famoso antropólogo que dio a conocer los secretos de los antiguos chamanes de México a Occidente, a finales del siglo pasado.
Durante siglos, los guerreros toltecas llevaron un inventario de los obstáculos que tenían que superar en su camino de aprendizaje para lograr transformarse en hombres y mujeres de conocimiento. El autoexamen era una exigencia constante. Los guerreros encontraron que la mayoría de la gente pasa gran parte de su vida sintiéndose ofendida con quienes la rodean, con su pareja, con sus hijos, con sus vecinos o con sus compañeros de trabajo. Para don Juan, la energía que desperdiciamos sintiéndonos ofendidos con los demás, la necesitamos para convertirnos en guerreros de la vida. El rencor o el odio son sentimientos que desequilibran emocionalmente a las personas muy orgullosas, “las que tienen un ego muy grande,” agregó el Clarinero.
En mi opinión, los chapines llevamos una carga muy grande de resentimientos acumulados. El rencor es como un veneno que mata el alma poco a poco. Es un sentimiento tóxico que solo contribuye a aumentar el clima de violencia que vivimos a diario.
Conozco una historia que consiste en hacer un ejercicio sencillo para romper con el resentimiento. Tengo que aceptar que al principio me pareció banal, pero luego me hizo reflexionar: “Si la vida es tan corta, lo mejor es tratar de ser yo más feliz y hacer felices a los demás”. Esa historia llegó a mis manos por medio de un familiar que después de varios años de haber vivido alejado de su hijo logró reconciliarse con él. Se las cuento.
“Para dejar atrás el resentimiento tuve que cumplir con esta tarea: en una bolsa plástica coloqué el número de papas que era equivalente al número de personas con quienes tenía resentimientos. Escribí los nombres de estas personas en cada papa, y las puse de regreso en la bolsa. Durante una semana la llevé conmigo a todos los lugares que tuve que ir. La bolsa se ponía cada día más pesada, y la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso que cargaba a diario. También aprendí cómo, mientras ponía atención en ella para no olvidarla, desatendía cosas que eran más importantes para mí”.
“Este ejercicio me hizo pensar en el precio que pagaba por no perdonar algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Muchas veces pensé que el perdón es un regalo para el otro, sin darme cuenta que el primer beneficiado era yo mismo. Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra bolsa sentimental. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario, a gotas, pero que finalmente nos termina envenenando”.
“Muchas veces al primero que tenemos que perdonar es a nosotros mismos por todas las cosas que no fueron como hubiéramos querido que fueran. Ello no significa que esté de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebe. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que me lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que me causan dolor o enojo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó”.
“Aliviana tu carga y serás más feliz”, cantó el Clarinero.
clarinerormr@hotmail.com
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