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Guatemala, 24 de noviembre de 2008

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Nacional

Escuadrones de la muerte actúan con libertad en el país 

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Procurador de los Derechos Humanos

“Son grupos de exterminio” 

El procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales, afirmó que estos escuadrones de la muerte buscan su propio beneficio y que las autoridades los dejan actuar.

Para Morales, la limpieza social puede ser ejercida por el Estado o por civiles con consentimiento del Estado. “Estos grupos forman parte de esta segunda concepción, porque asesinan buscando un beneficio propio, pero el Estado lo consiente”.

“Esta gente tiene mucha logística, autos, fusiles, organización... como cualquier grupo de crimen organizado”, añadió. Morales aseguró que hay grupos criminales que necesitan tener el beneplácito de la población, pero a la vez mantener el control de sus áreas, y creen que la limpieza social es una buena forma de lograrlo.

“Esto es un baño de sangre, no es cierto que se esté asesinando a delincuentes, sino que se aprovecha la inseguridad del país y la pasividad de las autoridades para infundir terror en la población que, al final, queda igual en las manos de estos escuadrones de la muerte”, recalcó el procurador.

Ministro de Gobernación

“Es crimen organizado local” 

El ministro de Gobernación, Francisco Jiménez, afirmó que los escuadrones son expresiones de crimen organizado local a las que “hay que entrarles ya. Somos conscientes de que algunos de estos grupos están vinculados al crimen organizado y al poder político local para causar terror y tener más poder”, aseguró.

Jiménez cree que aunque son expresiones locales, que no responden a una estructura nacional, se alimentan de la percepción de inseguridad general para cometer crímenes. “En algunos casos, estos grupos están poniendo en sus listas de ejecutables hasta personas que cometen adulterio”, manifestó.

“Tenemos que entrar ya a abordar este tema, porque van a evolucionar a crimen organizado más complejo, incluso vinculado al narco, y se nos puede ir de las manos”, enfatizó.

Para el funcionario, la solución tiene que provenir del Estado en su conjunto, pero que la Policía tiene que regionalizarse para tener más presencia en los departamentos.

Escuintla

Palín  Control total 

En Palín se agruparon dirigentes de diferentes colonias y conformaron un escuadrón de la muerte. Se reúnen en diversos puntos del municipio, desde las 21 horas a las 6 del día siguiente. Se indagó en 20 negocios acerca de las actividades de este grupo, y 12 de los propietarios dijeron que no querían volver a los tiempos de la represión, y que les asustaba pensar hasta dónde podían llegar estas personas, que tienen el control total del pueblo por las noches. Otros ocho comerciantes expresaron que estaban de acuerdo con las acciones de estos grupos, ya que la Policía no efectúa su trabajo.

Guatemala

San Juan Sacatepéquez  Cementerio clandestino 

En la PDH constan denuncias de vecinos de San Juan Sacatepéquez que aseguran que las juntas de seguridad actúan con total impunidad, que ejecutan a supuestos delincuentes, y después los entierran en un cementerio clandestino.

Capital

La terminal  Contra ladrones 

Incluso en un área tan reducida como La Terminal de la zona 4 de la capital opera un escuadrón de seguridad que mata a sangre fría a cualquiera que se le ocurra robar en los puestos del mercado, o que parezca que quiera hacerlo. A pesar de que la Policía sabe que es el grupo de seguridad privada de los negocios, el responsable de las muertes en este lugar nunca ha sido detenido, ni tampoco alguno de los integrantes de la banda.

Es más, la Policía y el Ministerio Público solo entran al levantamiento del cadáver, y no se lleva a cabo ninguna averiguación sobre el tema.

Sololá

Santiago Atitlán  El pionero 

Los vecinos de Santiago Atitlán, Sololá, tienen miedo de hablar del escuadrón de limpieza social que opera en la comunidad. Bajo promesa de anonimato aseguraron que este grupo anuncia en listados a quién van a ejecutar, ponen mantas y tiran volantes por la cabecera municipal para divulgar los nombres, a los que añaden los antecedentes de los supuestos delincuentes y el motivo que “justifica su asesinato”.

Según los vecinos, la situación de inseguridad es aprovechada por los integrantes de este grupo, formado por más de 40 personas, para solventar rencillas o llevar a cabo venganzas personales.

A veces portan fusiles Ak-47 y M-16, pero también escopetas y armas hechizas. El grupo cobra un impuesto de seguridad e, incluso, extiende recibos.



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Por lorena seijo

En lo que va del año se han producido, por lo menos, 28 ejecuciones, no por parte de turbas enardecidas, sino de grupos bien armados y estructurados para matar, que cobran una cuota a los vecinos por su “servicio de seguridad”.

Estas agrupaciones aterrorizan a la población con la publicación de listas negras de delincuentes por liquidar. La PDH acusa a la Policía de pasividad frente a estos actos, mientras las autoridades aseguran que investigan a esas organizaciones.

“Unos 30 hombres armados y con gorros pasamontañas ingresaron, a las cero horas del 8 de noviembre, en una casa del barrio San Pedro, Palín, Escuintla, y mataron a Manuel de Jesús Alonso, de 27 años, acusado de secuestro. El grupo armado dejó tirados varios volantes con señalamientos contra secuestradores”. Esta era la información que se publicaba un día después del crimen, y que daba cuenta de un supuesto linchamiento, aunque en realidad se trataba de la forma de accionar de un escuadrón de la muerte que, desde hace meses, actúa con total impunidad en Palín.

A esa nota de prensa le faltaban unos cuántos detalles que ayudaran a explicar el porqué del asesinato, y que pone en duda si la víctima era un delincuente.

El 20 de febrero de este año, la familia Alonso Pirique presentó una denuncia en la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), en la que aseguraba que estaban siendo extorsionados por personas que les ofrecían protección para su negocio de panadería y reparación de celulares, a cambio de que les dieran un pago mensual.

La familia se negó al chantaje y, poco después, dos de sus hijos aparecían en una lista de posibles ejecutables, junto con otras 21 personas, firmada por Ejército secreto de ejecución. Casi al mismo tiempo, patrullas de la Policía empezaron a hacer guardia frente a la casa y a tomarles fotografías.

Aunque la PDH solicitó, tanto a la Policía como al Ministerio Público, que se investigaran las amenazas, nunca hubo respuesta. La familia Alonso incluso acudió a una reunión con el comisario de Escuintla para pedir ayuda.

Un mes después, Manuel de Jesús Alonso, el hijo mayor, fue detenido y acusado de plagio, pero salió libre por falta de pruebas.

El 8 de noviembre, el hijo mayor de los Alonso se encontraba junto con su familia en su vivienda, cuando 30 hombres vestidos de verde olivo, con botas militares y armados con fusiles rodearon la casa. Las víctimas llamaron por teléfono a la comisaría y al destacamento militar para pedir auxilio, pero no llegaron. Los encapuchados entraron por la fuerza a la vivienda, encañonaron y golpearon a la familia, y sacaron a Manuel arrastrado a la calle.

Cuando los padres del acusado pudieron salir de la casa, que estaba ardiendo, vieron a la Policía en la puerta, que observaba el cuerpo calcinado de su hijo. “Para qué vienen ahora que ya no hay nada que hacer”, les gritó la madre de Manuel. Los agentes solo se rieron.

Los volantes, que en el lugar del crimen repartió este grupo paramilitar, decían textualmente: “El comando de la muerte está en acción en San Vicente Pacaya, Palín, Villa Nueva, Escuintla y Puerto San José. Quemaremos uno por uno, no solo a ellos, sino también pagarán sus familiares, para que sepan cómo se siente el dolor. Ya no permitiremos ningún secuestro más, porque el pueblo se ha levantado y creó este comando”.

La PDH ha recibido varias denuncias de vecinos de Palín, que viven atemorizados por este grupo, el cual se ha erigido como “supuesto salvador del municipio”, pero eso sí, a cambio de que todos colaboren con una cuota, en algunos casos hasta de Q20 mil.

En lo que va del año se han llevado a cabo 28 linchamientos, según el Organismo Judicial, aunque la Policía solo registra seis. A diferencia de lo que sucedía en épocas pasadas, los ejecutores no son pobladores desorganizados que deciden “tomarse la justicia por sus manos”, sino que se trata de grupos que con premeditación aplican la pena capital con total libertad, como si fueran el Ku Klux Klan.

Lo mismo ha ocurrido en Izabal, donde por lo menos cuatro personas han sido ejecutadas extrajudicialmente por una banda autodenominada Grupo sin derechos humanos.

Estas personas, que actúan encapuchadas, están dispuestas a matar a aquellos jóvenes que lleven puestos aretes, tatuajes, el pelo largo, o que sean acusados de ladrones. Ofrecen sus servicios a cualquiera que les proporcione una lista de “posibles delincuentes”. A pesar de que la PDH informó de estos casos a la PNC y el MP, aún no han recibido respuesta.

Recientemente, otra banda se ha conformado en Escuintla y, aunque parece ser menos agresiva que la de Palín, patrullan las calles encapuchados, armados con machetes y pistolas. Cobran Q50 por sus servicios, y le han solicitado al gobernador que los dote de gafetes y radios.

Uno de los casos más graves que ha tenido lugar en el 2008 es el de San Juan Sacatepéquez, donde unas supuestas juntas de seguridad han tomado el control del municipio a cambio de contribuciones “obligatorias” de los vecinos. La anarquía e impunidad han llegado a tal nivel que una persona que se negó a ser registrada en un retén establecido por estas agrupaciones fue secuestrada, torturada y posteriormente quemada, debido a su irreverencia.

Esta organización, según constan en denuncias en la Procuraduría, tiene incluso un cementerio clandestino en el que entierra a sus víctimas, por lo que muchos de los casos de ejecuciones que se dan en el municipio nunca son reportados por las autoridades. Aún así se les atribuye la responsabilidad directa de, por lo menos, seis muertes.

El precursor de todos estos grupos que han proliferado como la pólvora por todo el país fue el constituido hace dos años en Santiago Atitlán, Sololá, único caso en que fueron detenidos ocho de sus integrantes, pero que quedaron libres por falta de mérito.

En los departamentos del oriente del país, esta función de exterminio la ejercen los sicarios del narcotráfico, que se preocupan de que los delitos contra el patrimonio no suban, y de tener supuestamente contenta a la población.

Todos ellos operan bajo la pasividad y, en algunos casos, la connivencia de las propias autoridades locales, que se ven incapaces de enfrentarlos.

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