Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 23 de octubre de 2008

Tipo de cambio

US$1.00 | Q7.50

Búsqueda

  

Archivo digital

Publicidad
Últimas noticias

Los barriletes y el fiambre, una ancestral tradición por los difuntos 

Más Noticias





Especiales
Publicidad

Varios hombres intentan elevar un barrilete en Santiago Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: EFE)

09:00 | 23/10/2008

Los habitantes de Santiago Sacatepéquez, rodeada de parajes naturales, se esfuerzan por mantener viva la belleza de cometas, que son elaborados en el salón municipal, que se convierte en un taller artesano provisional.

Los gigantescos barriletes, que también se elaboran en la población de Sumpango, llegan a medir más de 13 metros de diámetro y su fin es transmitir a las almas amor, fe, paz, respeto y unidad, según el antropólogo e historiados guatemalteco, Celso Lara.

Estos cometas, que comienzan a construirse con unos tres meses de antelación al Día de los Difuntos, son la mejor muestra de la creatividad de los artesanos indígenas que elaboran graciosas figuras multicolores, y de acuerdo con Lara, su vuelo tiene un gran significado místico porque en el lenguaje religioso representa el cordón de plata que une a los vivos y los muertos.

Este año por primera vez el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, anunció un pequeño apoyo económico para este Festival de Barriletes Gigantes de Santiago Sacatepéquez, que desde 1999 fue declarado como Patrimonio Cultural de la Nación.

Según el vicepresidente de la Asociación del Barrilete, Humberto Choxin, este año participarán unos 35 grupos que están inscritos con sus cometas gigantes que serán exhibidos en el cementerio del lugar.

Choxin dijo que el año pasado recibieron 85 mil turistas extranjeros y 152 mil nacionales, y esperan que este año llegue un número similar o mayor de visitantes.

Los enormes barriletes sirven como receptores del alma y luego de ser volados son destruidos o arrojados a los barrancos para que el ánima vuelva a su morada y descanse.

Confeccionados con papel de china y caña de bambú, un equipo de hasta 35 artesanos comienza por estudiar y realizar el diseño y el motivo que recuerda la tradición maya, incluyen preocupaciones como la violencia, la guerra y las drogas, y plasman bellos paisajes, lo cual es la principal atracción de los turistas nacionales y extranjeros.

Almas de los muertos

Según la tradición, en el Día de los Santos, las ánimas de los muertos salían de sus tumbas para llenar los pueblos con malos espíritus, lo que traía desgracias a la gente local. De ahí que los habitantes decidieran construir unos barriletes tan grandes, que al volar hicieran un ruido que ahuyentara a estos malos espíritus, de acuerdo con el historiador.

No obstante, los habitantes de Santiago asegura que esa leyenda ya no los mueve para construir los cometas sino el deseo de mantener viva la tradición de elaborar estas estructuras, algunas de las cuales no puede levantar vuelo para surcar los cielos por la gran dimensión y se quedan en tierra como elementos decorativos.

De camino a Santiago Sacatepéquez, pueden verse desde la carretera Interamericana paisajes únicos como el volcán de Agua, al que los indígenas de la región le conocía como El Gran Hunapú, que consideraban como uno de sus dioses en la cosmovisión maya.

El nombre del volcán proviene de la laguna que se encontraba en su cima, que por causa de unas intensas lluvias se desbordó destruyendo la primera capital de Guatemala, el pueblo que hoy se conoce como Ciudad Vieja.

La celebración comienza desde el 31 de octubre cuando se acostumbra que los niños salgan a las casas del vecindario a pedir algún alimento, dulces o hasta dinero, simbolizando a las ánimas.

Un ejemplo de estas costumbres ocurre en Petén, donde los niños salen por la noche a pedir Ixpasá, bebida hecha de maíz negro. Estos actos se han interpretado como un fenómeno religioso anterior a la instauración del cristianismo en Europa, y se presentan en muchos lugares, aunque la forma de practicarse es propia de Mesoamérica.

Ya dentro de la tradición cristiana, la iglesia católica estableció que el 1 de noviembre se celebrase una fiesta en honor de Todos los Santos, cuyo número se eleva a varios millares. El 2 de noviembre, en cambio, se ora por las personas que han muerto. Santos o no, son los seres queridos de todos los vivientes y, por eso, se les dedican los oficios religiosos. En Guatemala se han fusionado ambas celebraciones.

El 1 de noviembre los cementerios se vuelven centros donde los vivos recuerdan a los muertos y cobran una alegría inusitada. Muchas personas los recuerdan comiendo en su compañía, cerca de las tumbas o nichos, y hasta con música, ya sea mariachis o marimba.

Las tumbas son adornadas con flores, alimentos y frutas, que previamente son limpiadas y pintadas y al pie de los panteones las familias recuerdan anécdotas relacionas con sus difuntos.

Platillo culinario único

Elaborado con base en un encurtido de vegetales, con diversas carnes y embutidos, el fiambre es una de las mejores expresiones de la tradición guatemalteca, “representa la pluriculturalidad y multiculturalidad de nuestra raza”, dice el antropólogo e historiador Celso Lara.

Su consumo se acompaña con trago blanco, una bebida embriagante transparente como el ron o el agua ardiente, y es el punto culminante de la visita al lugar de los muertos.

En alguna partes del país el platillo sólo está compuesto de verduras como güisquil, ayote y maíz, con postres de jocote, ayote o garbanzos en miel, y según Lara, es una costumbre de raíces muy profundas por la cual los seres humanos han pretendido atraer las fuerzas positivas de las ánimas para que ayuden a los vivos, y de alejar los impulsos negativos.

El antropólogo reconoce que en muchas sociedades hispano-americanas se elaboran platillos especiales para la fiesta de Todos los Santos y de Difuntos, pero la guatemalteca es única por la creatividad demostrada en la incorporación de productos tan diferentes al paladar y de orígenes tan diversos que confluyeron en la tierra primaveral de Guatemala.

En la región central del país se come mezclado con remolacha, lo que le da un color morado, y en el oeste se le da un sabor agridulce al mezclársele varios granos, como maíz y cebada, pero no se le pone remolacha.

En la parte de oriente y sureste se sirve de forma separada o “divorciada”, que consiste en ofrecer a los comensales en un plato las carnes y en otro las verduras, que parece ser la forma en que se originó el platillo.

No importa la variante regional ni el lugar donde se coma, en cualquier parte del país se ofrece al comensal una agradable sensación al paladar que combina vegetales, especias, productos de origen animal y una larga experiencia culinaria que, mientras se prepara o se consume, es una manera de recordar a los seres queridos que han pasado el umbral de la vida.

La tradición de este platillo emblemático dada de entre 1623 y 1636 y es “una mezcla de la vida representada por las verduras, y la muerte representada en las carnes frías”.

La celebración del Día de los Santos se remonta al año 311 cuando el emperador romano Constantino declara al Panteón como “templo de todos los dioses”.

EFE

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio