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Guatemala, 1 de septiembre de 2008

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Mendel Samayoa: “El cine es arte colectivo” 

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Este realizador busca exportar cine guatemalteco de máxima calidad, sin sacrificar humildad

Su trayectoria

Con amplia visión

Mendel Guillermo Samayoa Rubio nació en Guatemala el 22 de junio de 1964. Estudió bachillerato en el colegio Liceo Guatemala, Arquitectura en la Universidad de San Carlos y en la década de 1980 se inició en el cine, después de fundar una empresa de dirección y producción. Estudió cine durante 10 años en Chile, y a principios del nuevo milenio regresó a Guatemala.

• La cerveza en la historia (1986). Docu-ficción.

•  El café de Guatemala (1991). Pieza documental.

• Pisco control (1993). Campaña. Mención en Cannes.

• 1996-1999. Varios comerciales premiados en Chile y Guatemala.

• La Esquina (1999). Cortometraje.

• Donde acaban los caminos (2002). Adaptación fílmica de la novela de Mario Monteforte Toledo.

• Advertencia dual (2004).

• Sweet Dalila (2005).Serie de once cortos.

• Looking for Palladin (2006).

• La paciente (2006).

“No pretendo ser un ejemplo, más bien quiero ser parte del impulso que los nuevos tengan para poder crear”.



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Por Alfredo Vicente

Para Mendel Samayoa admirar a un director por una buena película es un pecado, pues afirma que la labor detrás de un realizador pertenece a todo el elenco por igual.

Su gran familia, por lo tanto, son todos aquellos con quienes trabajó a lo largo de su vida. Este realizador guatemalteco, de 44 años, que exhibió la cinta Looking for Palladin a principios de este año en Cannes, se toma el cine como algo muy serio, que requiere un respeto muy humano hacia todo el equipo tras las cámaras.

¿Cómo fue la experiencia en Cannes?

Muy buena. La película aportó algo muy especial porque el Marche du Film es una serie de proyecciones que se dan durante el festival, para compradores de cine. Por lo general, los expertos solo ven 15 minutos de las películas, pero nosotros logramos mantener la sala casi llena en su totalidad durante toda la proyección. Eso pocas veces sucede en un mercado de filme. Estoy contentísimo con ese resultado.

¿Qué se siente estar allí y dar a conocer Guatemala de esta manera?

Un orgullo, pero no patriotero, sino de que en Guatemala se hace arte y de primer nivel. Llegar a Cannes no es cosa fácil.

¿En qué consiste su trabajo más reciente?

Es un cortometraje bizarro que se llama La paciente. Tiene humor negro y trata de un personaje que se quiere suicidar. Hasta ahora le ha ido muy bien.

¿En qué sentido?

El logro más importante de ese corto es el crossover: fue elegido como la Mejor Selección del Público en el Festival de Cine de Toluca, en México. Imagínate... de entre montones de películas mexicanas, la gente prefirió una hablada totalmente en guatemalteco. Se rompió ese estigma de que había que producir películas en español neutro. Si nosotros entendemos el Chavo del 8, igual ellos entienden el lenguaje chapín...

¿Cuál es su sueño cinematográfico?

A mediano plazo queremos impulsar el cine guatemalteco y hacer producción profesional para que muchos jóvenes dirijan y sean ayudados. De esta manera sus películas podrían ser colocadas en el mismo mercado y nivel que las nuestras.

¿Cómo ve la escena del cine guatemalteco?

Muy difícil. La mayor razón es la inversión. Se requiere de millones de quetzales. Habrá quién diga que no le importa la calidad, pero a quien no le importa eso no le importa nada. Lo que uno hace lo va a ver todo el mundo. Busco hacer cine de calidad siempre: pasar de zope a gavilán no me interesa.

Es muy perfeccionista entonces...

Sí, perfeccionista riguroso.

¿Cuál cree que es la mayor responsabilidad que debe tener un realizador de Guatemala?

Con el ser humano. El cine en muchos países con industria causa miedo, porque por donde pasa un cineasta no vuelve a crecer la hierba, ya que no respetan los lugares, ni a los actores, ni el tráfico, etcétera. Por eso el realizador tiene que tener mucho compromiso con el ser humano, respetar a su equipo, velar porque coman bien, que descansen y que reciban un salario digno.

¿Cree que en un futuro no muy lejano veremos a un guatemalteco recibiendo el Oscar?

Me gustaría más una Palma de Oro (risas), porque el Oscar es gringo, pero la Palma es mundial. En mis sueños me gustaría estar presente donde un guatemalteco reciba un súper premio.

¿Hay alguna película que a usted le hubiera gustado dirigir?

Un montón (risas). Il Postino (El cartero), porque es una película que cada vez que la veo me hace llorar. Para mí es cercana a la perfección del cine: sencillez y profundidad.

¿Qué recuerdos le trae ahora Sweet Dalila (una serie que publicó por Internet)?

Recuerdo que era tal la necesidad de hacer cine, que realizábamos capítulos por Q200, por el puro placer de este trabajo.

¿A qué otros cineastas locales admira?

No puedo aún hablar de admirar, porque siento que todavía estamos en un proceso en donde nos falta a todos un camino un poquito más largo para empezar a admirarnos. Estamos todos ahora sentados en la misma mesa. Antes de nosotros no había nada, por lo que para que alguien empiece a destacar aún falta un poco más de desarrollo. Pero tengo muchísimos amigos y todos me caen muy bien, me encanta todo lo que hacen, como por ejemplo Julio Hernández.

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