Guatemala, 3 de septiembre de 2008
Auténtica fuente de beneficios, esta especie estuvo a punto de extinguirse en Guatemala, de donde es originaria
El árbol de Campeche también es conocido en Guatemala como mesquite, algarrobo, nacascol, nacascolote o campeche negro.
• Fue introducido a la India en 1877 en donde por sus múltiples usos lo declararon Planta Real, protegiéndolo y promoviendo plantaciones a gran escala.
• En Guatemala también se motiva a los agricultores para que reforesten con este árbol y se inscriban al programa de incentivos económicos para pequeños poseedores del Instituto Nacional de Bosques.
• Cada campesino recibe Q4.50 al año por árbol sembrado.
Por lucy calderón
Excelente fuente de alimento para seres humanos y animales, además de sus propiedades medicinales y ecológicas, el árbol de Campeche, como se le conoce comúnmente en la región nororiental del país, es un verdadero tesoro de regiones semiáridas de Guatemala.
Sin embargo, este árbol (Prosopis juliflora) con todo y sus cualidades se encuentra en peligro de extinción porque antes de conocer todos sus beneficios era cortado por los campesinos de El Progreso, de donde es nativo.
Otras personas solo sabían que a las vacas les encantaba comer las hojas, y había quienes lanzaban al río los frutos o se los daban a los cerdos.
Según Ricardo Marroquín, biólogo que conoció esta planta en el 2003 durante un viaje que efectuó a Perú, comenta: “Me llamaron la atención todos los subproductos que se obtenían de este árbol: harina para hacer pan, bebidas sustitutivas del café, miel, tamales dulces, madera de buena calidad; así que decidí traer unas semillas, y cuál sería mi sorpresa al descubrir que la especie es nativa de Mesoamérica. La teníamos en el patio de la casa y no le prestábamos atención”, señala este investigador de la Escuela de Biología de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) e integrante de la Comisión Departamental de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Codesan) del Departamento de El Progreso.
Luego del análisis del Campeche a nivel nacional, porque ya en otros países las plantas del género Prosopis sp. son conocidas ampliamente, los investigadores comprobaron que el valor de la proteína del fruto (18.94 por ciento) es más que la del maíz (8.50 por ciento) o la de la Maseca (7.14 por ciento). El fruto es dulzón, porque contiene 31.16 por ciento de carbohidratos que dan energía y sirven para saborizar alimentos.
La fibra del fruto (38.58 por ciento) es útil en panadería y pastelería. Si se coce es bueno para tratar problemas digestivos, lesiones de la piel, disolver cálculos biliares, catarros y gripes. La infusión de hojas hervidas se usa para combatir escalofríos, diarrea, dolor de cabeza, ronquera, inflamación, comezón, sarampión, dolores de garganta y heridas.
La madera del campeche es de alta calidad, comparable con la caoba y el cedro. Se usa para fabricar artesanías, estantes, puentes y diversos muebles. Sin embargo, su principal uso es para combustible, en forma de leña o carbón. Este último es apreciado en el norte de México y el sur de Estados Unidos para asar carne, porque le confiere un sabor agradable.
Al igual que otras plantas de la familia Mimosaceae, la plantación de estos árboles es recomendable para fertilizar y recuperar suelos degradados, siendo una alternativa económica para aplicar en los valles secos del país que están en proceso de desertificación. El campeche es multiusos y con alta tolerancia al calor (19 a 39 grados centígrados) y la sequía.
A nivel nacional, el primer proyecto que los profesionales de la Usac trabajaron con este árbol fue en El Progreso. Determinaron en qué municipios podía hallarse y compararon el valor nutricional de los ejemplares en cada lugar, porque varía según el tipo de suelo donde crezca.
Ahora pretenden determinar si a la par de esta especie pueden crecer otras plantas para así ayudar a la regeneración natural. También quieren formar un centro de acopio del fruto para luego procesarlo y llevarlo a diversas comunidades y departamentos. Otros profesionales que desde entonces estudiaron a fondo las peculiaridades de este árbol son Juan Fernández y Virginia Freire de la Escuela de Biología y Karen Hernández de la Escuela de Zootecnia de la Usac.
Fuentes: Juan Hernández: 5918-0779; Ricardo Marroquín 5903-4556.
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