Guatemala, 7 de septiembre de 2008
La falta de acceso al agua afecta a todo el continente.
• 77 millones de habitantes en América Latina y el Caribe no tienen acceso adecuado al agua potable.
• Esta cifra se divide en 26 millones, en zonas urbanas, y 51 millones, en rurales.
• Solamente uno de cada seis latinoamericanos cuenta con redes de saneamiento adecuadas.
• Menos del 14 por ciento de las aguas residuales son procesadas en plantas de tratamiento, a lo largo de Latinoamérica.
• El resto de las aguas servidas se descarga al ambiente, sin tratamiento alguno.
• Más de cien millones de personas en América Latina no están conectadas a una red de saneamiento.
Esta denuncia se presenta en contra del Gobierno Central de Guatemala y la empresa minera Montana Exploradora de Guatemala, S.A., por la minería a cielo abierto en la cuenca del río Cuilco y subcuenca del río Tzalá, en San Marcos.
La denuncia es presentada por Centro Pluricultural para la Democracia, Centro para la Investigación y Planificación del Desarrollo Maya Sotz’il y Pueblo Maya Sipakapense. La actividad que efectúa la empresa canadiense Montana Exploradora de Guatemala, S.A., a juicio de los denunciantes, vulnera los medios de vida de los pobladores sipakapenses y de San Miguel Ixtahuacán, y podría generar un conflicto fronterizo, porque el río es compartido con México.
La acusación se debe a la prolongada contaminación, asociada a los desechos orgánicos y los taninos, de la Laguna de Chichoj, Alta Verapaz. Esto ha deteriorado significativamente la salud de este cuerpo hídrico, lo cual ha afectado directamente a las poblaciones mayas poqomchíes, afirman los denunciantes.
Se sostiene que el 40 por ciento de los drenajes desemboca de forma directa en la laguna. Incluso su extensión se ha reducido en tercera parte, debido a la contaminación. El denunciante en este caso es la Asociación para el Desarrollo Integral Verapaz. Los acusados son la Municipalidad de San Cristóbal, Alta Verapaz, y el Consejo Departamental de Desarrollo.
La comunidad maya-chalchiteca, en Aguacatán, Huehuetenango, sostiene que el río San Juan ha reducido su caudal a partir de 1992.
Ese río ha sido utilizado por el pueblo maya-chalchiteca desde tiempos inmemoriales.
En el 2007, la comunidad creyó que el río había desaparecido, cuando por espacio de cuatro horas se quedó completamente seco. Se identifican las siguientes causas de deterioro: tala inmoderada en la montaña donde nace el río, vertido de desechos sólidos y aguas servidas, y la consiguiente contaminación del agua entubada.
La comunidad maya-chalchiteca señala como culpables de esa situación al Instituto Nacional de Bosques, a la Municipalidad de Aguacatán y al Ministerio de Energía y Minas.
La Alianza Naso, la Asociación para la Conservación de la Naturaleza y la Cultura Ngöbe, la Alianza para la Conservación y el Desarrollo y la Asociación para la Conservación de la Biosfera —todas panameñas— denunciaron al gobierno de ese país, la Autoridad Nacional del Ambiente, la Empresa Hidroecológica del Teribe, S.A., y la empresa AES, por los proyectos de embalses que inundarían una zona de dos mil 500 hectáreas, distribuidas en los ríos Bonyic y Changuinola.
La principal causa del conflicto radica en que los embalses se podrían construir en tierras de las etnias naso y ngöbe. Desde octubre del 2007, esas comunidades han protagonizado protestas violentas.
La contaminación del río Sensunapán y la construcción de una segunda etapa de la represa del mismo nombre, en el río Los Trozos, ubicado en los distritos de Pushtan y Sisimitepet, Sonsonate, El Salvador, es otro de los casos que debe analizar el Tribunal.
Esa denuncia fue presentada por comunidades indígenas del cantón Sisimitepec, Nahuizalco, en contra de la Presidencia de la República de El Salvador y los ministerios de Medioambiente y Salud Pública y Asistencia Social de ese país. La base principal de la denuncia es cómo afecta la contaminación a la salud de la población cercana a los ríos y el daño que se causa a la naturaleza.
“(...) El tema del agua ha llegado incluso a generar problemas entre comunidades en la provincia”.
Javier Bogantes,presidente del Tragua.
Por Juan Fernando Estrada
El presidente del Tribunal Latinoamericano del Agua (Tragua), Javier Bogantes, explica que la situación hídrica del país es alarmante, según las denuncias que han recibido, y opina que la minería a cielo abierto es un problema a nivel continental. Esta semana se llevará a cabo una audiencia pública de este tribunal —de carácter ético—, en Antigua Guatemala, Sacatepéquez, en donde se presentarán varios casos de atentados que se dan en Centroamérica contra el medioambiente y el agua.
Las leyes tienen gran importancia, porque ordenan y le otorgan respaldo legal al uso adecuado y a la protección del agua, a nivel nacional. Como en el resto de los países centroamericanos, es urgente que se promueva ese tipo de políticas.
En términos generales, la ley de aguas tiene que garantizar el derecho humano de acceso al agua y establecer cómo debe actuar la administración pública para asegurarlo. Es importante rescatar que la distribución de agua potable no debe ser totalmente concesionada a empresas privadas, sino que lo ideal sería un manejo mixto entre el Estado y el sector empresarial.
La situación de Guatemala en cuanto al manejo del agua es gravísima; se sitúa entre los peores de América Latina. Ejemplo evidente es la contaminación del río Villalobos y del Lago de Amatitlán. Lo más alarmante es que tenemos reportes de que tanto el Lago de Izabal como el de Atitlán se encuentran en proceso de contaminación, que debe detenerse inmediatamente.
Hemos percibido que el tema del agua ha llegado incluso a generar problemas entre comunidades en la provincia, porque hay pueblos que contaminan los ríos y a la siguiente población le toca recibir esa agua, además de carecer de servicio residencial del fluido. Esto genera malestar popular que puede desembocar en actos violentos, como ha ocurrido en varias comunidades de Sololá. Este problema lo hemos comprobado con las visitas de nuestros técnicos a esos lugares.
Podríamos pensar que tal vez no se acabe, pero si volteamos a ver en cualquier dirección, la gente está dependiendo del agua embotellada para el consumo, y no como se hacía antes, cuando era normal tomar agua del chorro. En los años cincuenta y sesenta, las personas abrían el chorro y saciaban su sed tranquilamente; ahora no se puede. La seguridad hídrica se ha perdido, no se puede estar seguro de si tomo agua proveniente de las tuberías me voy a enfermar al día siguiente.
Es urgente que el Estado guatemalteco empiece a recuperar las grandes fuentes de agua del país; los ríos, lagos, el agua subterránea; todo. Se deben aplicar normas que protejan los cuerpos hídricos. Todo esto comienza por la formación y producción de leyes. Actualmente, es evidente que el Estado no tienen la capacidad de lograr un abastecimiento o los proyectos necesarios para abastecer a toda la población de agua potable.
Los veredictos del Tribunal no son vinculantes; es decir, no se impone ningún tipo de sanción penal. Se atienden denuncias de varios sectores acerca de situaciones que atenten contra el medioambiente y los recursos hídricos, para luego dar veredictos basándonos en la ética.
En varias etapas, se llevan a cabo foros de carácter científico, en donde se hacen las denuncias, se analizan detenidamente con un equipo de técnicos y especialistas en el tema, para preparar un veredicto. Luego, se llevan a cabo las audiencias, en donde se invita a todas las partes involucradas, tanto el que pone la denuncia como la persona o institución señalada. Al mismo tiempo, se les extiende una invitación a instituciones gubernamentales e internacionales. Al final, se tiene el veredicto.
Los veredictos no son vinculantes, sino que son de orden ético, y se establecen recomendaciones científicas para que el daño a los recursos pare o se acuerde una solución viable.
Hay una situación importante en cuanto a las empresas, y es que ahora no solamente representan una marca y confeccionan sus productos, sino que al mismo tiempo tienen una cara institucional que deben mantener lo más transparente posible; deben mantener una estrecha relación con la sociedad, el ambiente y todas las personas que podrían llegar a perjudicar. Hay que dejar claro que si las leyes se cumplieran, el Tribunal no tendría razón de existir.
Aproximadamente, hemos recibido 80 casos significativos a nivel latinoamericano, pero cabe mencionar que alrededor de 48 han terminado en audiencias y con veredicto.
El caso de la hidroeléctrica La Parota, en el estado de Guerrero, México. Los constructores anunciaron que se iba a inundar una zona habitada por 30 mil personas. En esa ocasión, la población estuvo en pie de guerra, y se manifestó totalmente en contra del proyecto, asegurando que jamás iban a aceptar que se estableciera la represa. El veredicto del Tribunal tuvo resonancia a nivel internacional. Se llevó a Naciones Unidas y se le dio cobertura por parte de los medios más importantes de ese país.
Hicimos un taller de seguimiento. La comunidad demandante nos hizo saber que el veredicto del Tribunal había sido muy importante, ya que el proyecto se paralizó.
Hubo uno que resonó en los medios de comunicación, por el veredicto; correspondió a una denuncia en contra de la minería a cielo abierto que se presentó en México por parte de tres países: Guatemala, Nicaragua, y El Salvador.
En este caso se redactó un documento denunciando directamente que la minería a cielo abierto afectaba los recursos hídricos de las poblaciones aledañas; fue una sanción histórica. Hay que recordar que los veredictos tienen varias funciones, una de ellas es evidenciar que algo está sucediendo en una determinada región. Estas conclusiones finales fueron presentadas por un jurado de expertos internacionales que recomendaron la censura de esta actividad y sugirieron que se mejoraran los procesos de producción, para que respete al medioambiente y los derechos de las poblaciones cercanas.
Lamentablemente no. Este tipo de violaciones al medioambiente, por parte de la industria minera, se da desde Argentina hasta México.
Un caso ejemplar es el de El Salvador. Tuvimos un foro en el que dos de las principales compañías mineras de ese país se presentaron, y se llevó a cabo un debate bastante interesante, en donde se escuchó a las partes involucradas y se dio un referente para que las demás compañías acudieran.
Se percibieron y fomentaron posiciones que determinaron que El Salvador era un país muy pequeño para que se diera la explotación minera a gran escala, y se tomó en cuenta la postura de la población, que evidenciaba total rechazo, como en la mayoría de países en que se lleva a cabo.
No completamente, pero el eco que producen los veredictos resuena, para que se tome conciencia de la situación, establecer precedentes y una plataforma en donde las personas se puedan abocar para denunciar a nivel internacional. Este es un medio para salir de la frustración colectiva que sienten cuando hacen referendos, protestan o acuden a un juzgado y no se soluciona nada.
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