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PERSISTENCIAMargarita Carrera¿Fin del neoliberalismo?

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El premio Nobel de Eco- nomía Joseph E. Stiglitz es la autoridad más sobresaliente en el mundo económico. Yo me referiré a un artículo de él (en doble página) salido en elPeriódico, el 20/7/08, ya que este campo de trabajo no es mi especialidad, aunque sí la relación íntima que existe entre lo económico y lo psicológico. El artículo de Stiglitz se titula “¿El fin del neoliberalismo?”. He aquí el inicio: “Nueva York. El mundo no ha sido piadoso con el neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos eficientemente” y, con ello, sirven al interés público, ha dejado de funcionar como algo válido. Luego, hace una crítica implacable “al thatcherismo, a la reaganomía y al llamado ‘consenso de Washington’ en pro de la privatización y la liberalización, y de que los bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflación”. Semejante crítica del premio Nobel abarca, asimismo, el drama vivido por los países en desarrollo, los cuales han sido los grandes perdedores, como muchos otros lo vaticinaron hace un cuarto de siglo: “…los países que aplicaron políticas neoliberales no solo perdieron la apuesta del crecimiento, sino que, además, cuando sí crecieron, los beneficios fueron a parar desproporcionadamente a quienes se encuentran en la cumbre de la sociedad”. Estamos viviendo, según mi opinión, otra caída del muro. De la misma manera que cayó el fundamentalismo comunista, está cayendo el fundamentalismo neoliberal. Sin duda alguna, todo fundamentalismo es fatal para la humanidad. “Aunque los neoliberales no quieren reconocerlo, su ideología también reprobó el examen”, dice Stiglitz. Ahora, India y China están más integradas en la economía mundial.

El drama de las familias norteamericanas en lo relativo al pago de sus viviendas es tremendo. Mientras las casas se deterioran, las familias abandonan sus hogares y, en última instancia, “el gobierno ha tenido que intervenir por fin… para retirar las ruinas…”, lo que no evita que se extienda la plaga de la depresión económica como una enfermedad incontrolable. “Millones de personas van a perder sus ahorros de toda la vida, al perder sus hogares…” “Se ha utilizado selectivamente la retórica sobre el libre mercado… Las políticas de Bush han sido peores, pero el grado en que ha servido abiertamente al complejo militar-industrial de los Estados Unidos ha estado más a la vista…” De tal forma que su política no solo ha hundido más a su país, sino “esa mezcla de retórica sobre el libre comercio e intervención estatal ha funcionado particularmente mal para los países en desarrollo”. Éstos jamás han podido competir con EE. UU. y Europa, debido a las subvenciones que estos últimos otorgan a sus agricultores. Pero, según Stiglitz, los poderosos no tienen que preocuparse, pues los costos serán sufragados por los países en desarrollo. Y pronostica que este año vamos a ver un gran aumento de la pobreza, en otras palabras: “en un mundo de abundancia, millones de personas del mundo en desarrollo siguen sin poder satisfacer las necesidades nutricionales mínimas”.

De tal forma que no ha de extrañar la indignación que existe en contra de los especuladores, quienes “aseguran no ser los causantes del problema, sino que se limitan a practicar ‘el descubrimiento de precios’…”. Para colmo, según Stiglitz, los neoliberales fundamentalistas “quieren atribuir la culpa del fracaso del mercado a un fracaso del gobierno”, quien no ha hecho lo suficiente por destacar los servicios sociales.

Con la caída del muro neoliberal, caen aún más hondo los países en desarrollo. Según Freud, tarea de la civilización es someter la voracidad del individuo y ponerle límite a sus ilimitadas ambiciones. Hasta en esto ha fallado el neoliberalismo al exaltar el egoísmo propio de todo individuo. Lo que viene a demostrar el principio freudiano acerca de que los hombres obedecen mucho más a sus pasiones que a los intereses de su pueblo: “La civilización descansa sobre la transformación de nuestros instintos egoístas destructivos en instintos sociales fraternos”.

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