Guatemala, 29 de septiembre de 2008
Durante 20 años se mantuvo como el único crítico de arte del país.
Por Nancy Arroyave
El nombre de Juan B. Juárez está ligado a la historia de la plástica guatemalteca. En principio, como crítico de arte y, más recientemente, como pintor.
En la Galería El Túnel, rodeado de obras de muchos de los artistas que él ha reseñado, Juárez recuerda cómo empezó y desarrolló su carrera de crítico, hace ya tres décadas. Y cómo todo ese acercamiento teórico, filosófico y estético ha sido recogido en obras referentes a la historia del arte contemporáneo guatemalteco.
Mi formación básica es filosófico-literaria, que fue lo que estudié en la Universidad (Rafael) Landívar. Pero anecdóticamente siempre he comentado que no conseguí trabajo como filósofo ni como escritor. Así que trabajaba en un departamento de publicidad como corrector de pruebas. Allí trabajaban pintores que empezaban sus carreras artísticas. Uno de ellos, Erwin Guillermo, preparaba una exposición. Tuve acceso a sus cuadros y le escribí algo. Le gustó y me lo pidió para publicarlo en el catálogo. Esto fue en 1978. Por ello, varios pintores me solicitaban textos.
Por supuesto. Ya no bastaba la respuesta espontánea. Necesitaba conocer de historia y de las intenciones y motivaciones. Entonces empecé a indagar sobre los grandes teóricos filosóficos en el campo de la estética y la crítica vigente. Fue muy importante para mí el acercamiento al trabajo de crítica que realizaba Roberto Cabrera en el país, más como actitud que como método. Luego descubriría a (Umberto) Eco, (Hans-Georg) Gadamer y otros, y fui acumulando gran cantidad de lecturas clave para interpretar el trabajo artístico.
En el verdadero sentido es más bien un análisis de la obra, una forma de escuchar lo que dice. El crítico es el que hace el esfuerzo por absorber la obra para que la sociedad la pueda comprender. La crítica de arte es un oficio. Tiene su lado técnico, pero también su sensibilidad.
Después de 30 años de hacer esta actividad, ha logrado calar un poco mi trabajo de interpretación de la obra de los artistas guatemaltecos. Durante 20 años no hubo otras personas que lo hicieran dentro del país; Cabrera estaba en Costa Rica, y la doctora (Silvia) Herrera, en España. Durante ese lapso, los documentos que hay sobre arte guatemalteco yo los escribí.
Varias personas han hecho algunos estudios más o menos rigurosos. Algunas me citan y otras me plagian. Puedo decir que el 90 por ciento de esos contenidos son de mi autoría.
En 1984 publiqué el libro Pintura de Guatemala. Un acercamiento a la obra de varios de los grandes pintores contemporáneos. Fue un buen logro y una gran frustración. Publicar un libro es motivo de mucho orgullo, y que pase inadvertido es frustrante. Costaba Q5, yo lo ponía en las librerías que lo recibían en consignación. A los dos o tres meses llegaba y solo se habían vendido pocos ejemplares. Fue tan grande mi frustración que trabajé como obrero en Estados Unidos. Poco tiempo después de mi regreso, el libro se volvió lectura obligatoria y se agotó. Ya no recibí nada por su venta. Ahora cuesta encontrarlo y se vende a Q70 o Q100 ¡y yo no lo pude vender a Q5!
Escribí para la Revista Domingo de Prensa Libre, pero el fenómeno artístico tiene complejidades y el medio no era el adecuado, sino en revistas especializadas que, a la fecha, no hay. Escribo catálogos, colaboraciones para revistas como la de la Universidad de San Carlos (USAC), y algunas extranjeras, de vez en cuando. Además tengo un espacio en el suplemento cultural de La Hora. También dicto conferencias. Me invitaron a dar la lección inaugural de la Escuela Superior de Arte (ESA) de la USAC, y eso es un reconocimiento especial.
En la ESA preparan un texto sobre arte que toca el período de 1944 a 1996, y me contrataron para revisarlo tanto desde el aspecto estilístico como histórico. El último capítulo, —que va desde el retorno a la democracia hasta los acuerdos de paz (1986 a 1996)— no llenaba las exigencias del tema y lo tuve que rehacer. El libro está en proceso de impresión. Lleva como apéndice la conferencia que ofrecí.
Cuando estuve en contacto con los pintores en sus estudios se me hizo fácil. Un pintor es tal no solo porque pinte bonitos cuadros, sino porque en forma espontánea se expresa de manera pictórica. Creo que logro expresarme de manera pictórica con cierta espontaneidad. Al principio dije que no vendería; sin embargo, para mí fue una gran satisfacción que una personalidad como Amérigo Giracca comprara dos de mis cuadros.
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