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Guatemala, 3 de enero de 2009

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ALEPHCarolina Escobar SartiAntigua: ¿puerta grande?

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Tres cosas son la “cara” de Guatemala en el mundo actual: los niveles exacerbados de violencia en un contexto de miseria y subdesarrollo, el centro arqueológico de Tikal, y la ciudad colonial de Antigua, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, en 1979. Hay muchas otras cosas que también atraen las miradas de personas extranjeras sobre nuestro país, pero nadie puede negar que Antigua es nuestro “quedar bien” con quienes nos visitan.

Fue precisamente en Antigua donde recibí el nuevo año, en medio de calles apretadas de gente, danzas de Abuelitos, abrazos repetidos y Toritos encendidos. Recordé, entonces, que Antigua corre el riesgo de perder el estatus de ciudad patrimonio de la humanidad, porque no hemos sabido cuidarla bien.

Es nuestro primer centro turístico del país, nuestra puerta de entrada, y durante los fines de semana, un gran parqueo donde los cuidadores de carros han privatizado las calles a su antojo, cobrando hasta Q20 por adelantado a quien se deje despojar.

Esa ciudad, nuestra puerta grande, se está quedando pequeña. Le falta una lógica más personal, una inversión sostenida desde una sólida planificación de conservación patrimonial; le falta una voluntad política real. Como los grandes centros históricos del mundo, Antigua debería de ser una ciudad peatonal; habría que hacer islas de parqueos subterráneos en las afueras de las ocho cuadras que forman su trazo reticulado, y un anillo periférico donde podamos circular todos.

Los habitantes de esa ciudad son los únicos que deberían de tener un permiso de acceso a sus casas, en carro, y a los demás turistas, nacionales y extranjeros (sobre todo, a los nacionales, acostumbrados a ir en carro a la tienda de la esquina), no nos caería mal caminar un poco o hacer uso de transportes alternativos como carretelas u otros que ya circulan por allí. Por cierto, es molesto el exceso de tuctucs, que desordenadamente se pelean por pasaje en la Calzada de Santa Lucía.

La Municipalidad tendría que asegurarse de contar con ingresos sostenidos a partir de alguna subvención y de la recaudación de impuestos acordes al tipo de propiedades que se tengan en esa ciudad, sin excepciones y amiguismos, y de invertir bien esos ingresos, siguiendo una planificación integral. Por supuesto, eso significa cero corrupción para que nadie quiera pagar jugosas mordidas por construir centros comerciales en lugares inadecuados.

Hay que invertir en remodelar las aceras, en mantener limpias las calles, en hacer de esa ciudad un lugar digno de transitar, vivir y visitar. No sea que pase como sucedió con la edificación que se encuentra en uno de los costados del parque central, donde estaba la Policía y que ahora está a punto de caer, porque el dinero ya se dio hace años, pero nadie sabe dónde está.

Me molestó presenciar que dos buses para turistas se estacionaran a un lado del Hotel Antigua, sobre la 5a. avenida sur, en una calle que tiene bolardos para impedir el paso de transporte pesado. No tenían nada que hacer allí, y, preguntando, me entero de que ya ha sucedido en otras ocasiones. ¿Quién y por qué permite que esas normas mínimas se quiebren cotidianamente en la ciudad colonial, patrimonio de la humanidad? De una en una se van sumando las cosas que pueden hacer que Antigua pierda su estatus.

La reflexión parte de una visión que busca integrar todos los aspectos: lo patrimonial, lo habitacional, lo económico, lo cultural, lo geográfico, lo político, lo social; en fin, todo. Que haya restaurantes abiertos hasta la madrugada, pero tranquilidad para transitar por la ciudad a esa hora; queremos mejores controles para un turismo que crece; un mayor equilibrio entre la ciudad y el valle; sólidos sistemas económicos locales; bienes raíces a precios más equitativos, entre otras cosas ya mencionadas.

¿Es mucho pedir?

cescobarsarti@gmail.com

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