Guatemala, 6 de enero de 2009

HOMO ECONOMICUS¿Patria libre o esclava?José Raúl González Merlo

MIRADOREl embajadorPedro Trujillo

PUNTO DE ENCUENTROLa gran diferenciaMarielos Monzón

WACHIK’AJSin cancillerMartín Rodríguez

SIEMBRALos tres reyesCarlos Enrique Zúñiga Fumagalli

DE MIS NOTASAlfred KaltschmittLa agonía de los océanos
Volando durante horas a más de 20 mil pies de altura sobre el nivel del mar, la realidad de la agonía de los océanos del planeta no puede ser percibida por nadie.
Sin embargo, pocos saben que agonizan y que en unas décadas los cambios biológicos serán irreversibles.
En los últimos años, las mediciones científicas que se han llevado a cabo revelan perturbadores indicadores: el grado de acidificación afecta a los microorganismos marinos krill, que juegan un papel crucial en la cadena alimenticia.
Al afectarlos, se altera todo el ecosistema, lo que incluye a los arrecifes corales que ya sufren contaminación y explotación pesquera.
Algunos científicos predicen que en unas décadas, la mayoría de los arrecifes que albergan más de un cuarto de todas las especies marinas podrían desaparecer.
Un reportaje de la revista The Economist revela que las mareas rojas, en las que pululan mantos de algas y plagas de medusas —zonas muertas en las que casi solo organismos simples viven—, se están incrementando en frecuencia e intensidad.
Todo esto asociado a varios tipos de estrés creados por el hombre en los ecosistemas marinos, tales como explotación, calentamiento global, fertilizantes de ríos y estuarios, y otros tipos de contaminantes.
Una de las tantas causas de la drástica reducción de especies son las metodologías de pesca, por ejemplo.
Al arrastrar las trampas en el lecho submarino arrasan con todo lo que encuentran. Año tras año, la explotación impide que se regenere la vida de plantas y animales.
El efecto es que cada vez hay menos peces. En Nova Scotia, pese a que existe una prohibición de pesca desde hace más de 16 años, el bacalao jamás ha regresado.
El 90 por ciento de atún, pez vela y tiburones ha declinado. El 85 por ciento de las grandes ballenas y el 60 por ciento de las pequeñas han desaparecido.
El reportaje afirma que casi todas las criaturas del mar han sido perjudicadas, desde los leones marinos y focas hasta las ostras.
La humanidad debería estar preocupada cuando casi tres cuartas partes de todas las especies de pescados están por debajo, o en el borde, de los niveles de sostenibilidad.
Además, hay dos mantos de desechos plásticos del tamaño de Estados Unidos que flotan en el océano Pacífico.
Desde hace décadas se ha vertido de todo en los mares: llantas desechadas, plásticos, desperdicios tóxicos, búnkeres, petróleo y químicos de todo tipo.
Éstos han contaminado los ecosistemas, según se comprueba con los análisis de sangre de osos polares y otras especies marinas.
La Academia Royal Society, de Inglaterra, asegura que pasarán decenas de miles de años para que la composición química de los océanos vuelva a las condiciones similares a la era preindustrial de hace 200 años.
Los científicos temen que los cambios se aceleren en forma incontrolable.
Nadie sabe por qué los glaciares y mantos de hielo se están derritiendo con tanta rapidez, o la razón de que un lago de seis kilómetros en Groenlandia se haya secado en menos de 24 horas, como sucedió hace tres años.
De acuerdo con el Banco Mundial, más de US$50 millardos se desperdician al año por sobreexplotación marina y mal manejo de los océanos, por lo que recomienda, para comenzar, que se eliminen los subsidios que gran cantidad de gobiernos otorgan a la industria pesquera, que se caracteriza por su ineficiencia y sobreexplotación.
El reportaje termina con el planteamiento de graves interrogantes: ¿qué se necesita para llamar la atención mundial y hacer algo? Que desaparezcan la mayoría de las especies.
Quizás unos huracanes más como Katrina y algunas inundaciones dramáticas en las costas de los países ricos.
Tal vez eso llamaría la atención.
Lo malo es que podría ser muy tarde para entonces.
alfredkalt@gmail.com
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