Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 8 de enero de 2009

Tipo de cambio

US$1 - Q7.8748
Fuente: BANGUAT
Presentado por

Búsqueda

  

Archivo digital

Publicidad
Opinión

PERSPECTIVASAprietos en cadenaRenzo Lautaro Rosal

INDEPENDENCIAOración a favor de...Juan Callejas Vargas

IDEASSuzyJorge Jacobs A.

REFLEXIONESLiderazgo responsableFrank La Rue Lewy



Especiales
Publicidad

PERSISTENCIAMargarita CarreraEntrevista

Enviar por e-mail Formato de impresión

J.C. Cambranes acaba de publicar Guatemala: Sobre la Recuperación de la Memoria Histórica. Entrevista a dos voces, una obra que cuestiona la postura de la derecha en el campo de la historia.

En la pág. 37, Cambranes nos aclara que se educó en la Universidad Karl Marx, en la antigua República Democrática Alemana. Por tanto, es “el resultado de un esfuerzo de interpretación histórica… que entiende la vida desde la óptica comunista”. Su postura es la misma que la de María del Rosario Valenzuela, quien publicó ¿Por qué las armas? Desde los mayas hasta la insurgencia en Guatemala, que reseñé en esta misma columna el 18/12/08. Aclaro que el hecho de que yo sea partidaria de la justicia social, sobre todo en Guatemala, en donde existe una inmensa mayoría del pueblo indígena que vive en la pobreza y miseria, estando la riqueza concentrada en manos de unos pocos (empresarios y terratenientes), no significa que sea comunista. Como monseñor Juan José Gerardi —a quien también se le tildó de comunista—, estoy del lado de los desposeídos, y creo que la situación económica de Guatemala debe cambiar. Por ello me parece pertinente exponer ciertas verdades históricas que Cambranes sostiene. Primeramente, ataca la conquista española, defendiendo al pueblo indígena, que desde entonces fue sumido en la pobreza, causa del subdesarrollo: “Primero se apoderaron de nuestras tierras y luego convirtieron a los pobladores en esclavos y siervos. Se apoderaron de sus cuerpos y en la mayoría de los casos, de sus mentes”. “Fueron los frailes precisamente quienes más hicieron por destruir nuestra memoria histórica”. Algo que jamás fue compartido —según observo— por sacerdotes como Gerardi, creador del Remhi.

A partir de la Conquista, entonces, los invasores establecieron su “monopolio del poder y su dominación”. Luego, Cambranes entra a analizar la obra de Carlos Sabino, que publicó Fondo de Cultura Económica: Guatemala, la historia silenciada (1944). Tomo I: Revolución y Liberación y Tomo II: El dominó que no cayó. A pesar de la severa crítica que le hace a Sabino, Cambranes piensa que su historia es positiva, en tanto “Los dos volúmenes de Sabino han abierto de nuevo las heridas no cicatrizadas después de casi setenta años. Esto me parece muy bueno —dice—, y ya era hora de que alguien escribiera algo provocador al respecto, a fin de desempolvar archivos y nuestra memoria…” Como lo hiciera yo hace meses, Cambranes compara la obra de Sabino con La Esperanza Rota, de Piero Gleijeses, profundo historiador de La Revolución del 44: la postura de Arévalo y Árbenz, demostrando la intervención de la CIA en la caída del último.

Sin embargo, según Cambranes, Piero “no es un provocador como Sabino, que olímpicamente pretende convertirnos a los guatemaltecos en una partida de desmemoriados…”. Cambranes recoge las opiniones publicadas por escritores que rebaten a Sabino. Entre ellas está la de Rafael López, quien pone el dedo en la llaga: “Pregunta: ¿Por qué un argentino-venezolano se interesa en escribir una historia sobre Guatemala? Respuesta: Porque le pagaron bien los oligarcas de Guatemala para distorsionar la historia y la verdad… al igual que Maité Rico y Lagrange(…)”. Asimismo, hace referencia a los archivos desclasificados de la CIA (sobre los cuales acabo de escribir), que hablan de cómo fue la CIA y el Departamento de Estado quienes fraguaron el golpe de Estado contra Árbenz. Asimismo, el hecho de que Sabino alabe a Ubico enfurece a Cambranes; también a mí, pues soy un producto de la Revolución de Octubre. Cuando ésta se dio, contaba 14 años.

Al final, Cambranes se refiere a la historia de Guatemala desde la Reforma Liberal de 1871, con la que nace el inmenso poder de los terratenientes alemanes, quienes, según él, fomentaron la miseria en que aún viven los campesinos asalariados.

Si bien Guatemala destacó como productor de café: “…sus efectos sociales sobre el campesinado indígena fueron tremendos: en pocas décadas lo condujo a la miseria más espantosa imaginable(…)”.

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2009 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio