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Afganistán no logra ahuyentar sus demonios

14-01-2009 | 16:15:51 ( © 2009 AFP )

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David Furst - (AFP/Archivo)

- Siete años de presencia estadounidense e internacional y miles de millones de dólares de ayuda, no han impedido que Afganistán siga siendo un país frágil sumido en la violencia, convertido ahora en el rompecabezas del próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La lluvia de millones ha permitido algunas mejoras, básicamente en materia de educación, sanidad y libertad de expresión, pero el país es aún uno de los más pobres del mundo.

El fracaso es evidente en el aspecto de la seguridad, reforzada con 70.000 soldados extranjeros que no han impedido a los rebeldes ganar terreno.

Obama se ha fijado Afganistán como una de las prioridades de su mandato y se ha comprometido a desarrollar este país al que considera, junto a Pakistán, como el "frente central" de la "guerra contra el terrorismo". En 2009, se desplegarán 30.000 soldados estadounidenses más en Afganistán.

El apoyo de Washington no impide que la tarea del presidente afgano Hamid Karzai de construir un Estado sólido parezca titánica a ojos de los expertos.

Entre los "innumerables obstáculos", los dirigentes tienen que "reconstruir unas fuerzas de seguridad", todavía débiles, al tiempo que se combate a los rebeldes, dijo el ex ministro de Interior afgano, Ali Jalali.

La debilidad de la economía y de las infraestructuras, así como la corrupción, son otros graves problemas, sostuvo, en su contribución a una recopilación de ensayos titulada "El futuro de Afganistán".

En la misma obra, Barnett Rubin, experto estadounidense en el país asiático, destaca la incapacidad del gobierno de Karzai para hacer frente al "tsumani de corrupción" que ha inundado las instituciones con la lluvia de millones de la ayuda internacional.

"No veo cómo Afganistán podría convertirse en un Estado estable, en paz con sus vecinos, en 10 años", escribió.

El propio Karzai admite que la situación no es idílica.

"Estamos en una trinchera, y nuestros aliados con nosotros", dijo en diciembre al diario estadounidense Chicago Tribune, evocando "el glorioso éxito de 2002", aquella época en que su gobierno era popular.

Desde entonces, prosiguió, aumentó el número de civiles muertos en operaciones militares y, con ello, la desconfianza popular hacia las tropas extranjeras.

Sin embargo, los analistas apuntan a otro factor que explicaría el desencanto de los afganos, la incapacidad del gobierno de cumplir con su promesa de darles una vida mejor.

El 70% de los 30 millones de afganos vive bajo el umbral de la pobreza, recordó el ex ministro comunista Hamidula Tarzi. "Sólo una pequeña parte puede afirmar que la vida ha mejorado", dijo refiriéndose a los empresarios y a los gobernantes.

Una parte de esa "prosperidad" es la derivada del tráfico de opio -Afganistán es con mucho el primer productor mundial-, que ha enriquecido por igual a los rebeldes y al gobierno, a veces a niveles muy altos.

Sólo la rápida formación de unas fuerzas de seguridad sólidas podría detener esta "espiral negativa", estimó Jalali.

La opinión general es que el ejército afgano no es lo suficientemente importante, aunque cada mes aumente en 2500 soldados, y que la policía es muy corrupta.

Los refuerzos estadounidense podrían permitir "rechazar un poco a los talibanes" y llevar a algunos de ellos a aceptar la oferta de diálogo de Hamid Karzai, dijo el analista político afgano Ahmad Rahmani.

Si se llegara a producir un vacío de poder, pronosticó, los señores de la guerra podrían volver a las armas, como ocurrió durante la guerra civil que destruyó Kabul en los años 90.

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