Guatemala, 14 de enero de 2009
Por María del Rosario Molina
Fiel a mi costumbre de criticar los peores gazapos de cada año que pasa, me dedico ahora a mencionar unos pocos del 2008, pues sería imposible referirse a todos.
El primero que quiero mencionar es ese horrible “la manito”, venido de Suramérica, que ya el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) acepta, aunque en España y México no se usa, y aquí apenas comienza a penetrar en el habla de mis conterráneos. El término “mano”, aunque tiene morfema “o” masculino, es femenino y así lo demuestran el artículo que lo precede y los adjetivos que lo modifican. Se dice: “La mano cuidada, la mano cansada, la mano llena de fuerza…”. Sería espantoso leer u oír: “la mano cuidado; la mano cansado; la mano lleno de fuerza…”, o peor todavía: “El mano cuidado, el mano cansado, etc.” Cuando se usa alguno de los diminutivos para dicha palabra femenina, lo adecuado debería ser únicamente: “la manita”, y no “la manito”. ¿Dirán también “la manecito, la manecillo” y los aumentativos “la manoto y la manazo”?
Y a propósito de los artículos, ya no tardarán en desaparecer de nuestro idioma. Ya se escucha por ahí: “Vengo de chalet costa”; tiene gata angora; me hago manicura todas semanas…”.
El número dos es “cien por cien”, frase generalizada en España que también recibe el beneplácito del Diccionario panhispánico de dudas”, igual que “cien por ciento”. Ambos usos, aunque los avalen porque en todo el mundo hispano los utilizan, son incorrectos, pues sucede que “cien” es la apócope de “ciento” cuando es un adjetivo antepuesto a un sustantivo, pero si se trata de un sustantivo, como en el caso de “ciento por ciento” no debería apocoparse. ¿Puede usted acaso decir: “Les gana a los productos que vende el diez por cien” o “sólo el cincuenta por cien de la población votó”? Pues el mismo error se comete con el “cien por cien”. Solo falta que digamos que el “cien” de cuadernos vale un “cien” de quetzales y que al noventa por “cien” de los hablantes hispanos le caerían muy bien unas cuantas clases de gramática.
Tres: “Nicho”, según el Diccionario Esencial, el último avance de la RAE y sus correspondientes Academias (el DPD no se pronuncia al respecto) es una concavidad ya sea en una pared, para colocar estatuas, jarrones u otros adornos o una subterránea o en la superficie, que suele ser generalmente la última morada de los seres humanos y de algunas mascotas privilegiadas, cuyos dueños no tiran sus cadáveres a la basura. Sin embargo, media Guatemala está utilizando el término para referirse a “espacio”: “Nicho ecológico, nicho en el mercado, etc.”
Me falta aún oír que las personas debemos respetar el “nicho vital” de las otras, no así su esnobismo, que las lleva a emplear palabras cognadas del inglés, en lugar de usar las propias, v.gr. “aplicar” por “solicitar”, “rentar” por “alquilar”, “asumir” por “suponer” (esta última ya fue aceptada con esa acepción), “nicho” por “espacio”, etc.
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