Guatemala, 18 de febrero de 2009

CATALEJO
Análisis de la victoria chavistaMario Antonio Sandoval

UCHA’XIK¿Cuál rostro maya?Sam Colop

COLABORACIÓNBuenas noticiasDanilo Arbilla

ECLIPSEContrasentidoIleana Alamilla

A CONTRALUZUn craso error Haroldo Shetemul

CARA PARENSLa discreta retiradaLucrecia Méndez
EDITORIAL
Las críticas al presidente guatemalteco hechas públicas la semana pasada por su decisión de entregar la Orden del Quetzal a Fidel Castro, en su mayoría no tomaron en cuenta la posibilidad de que, a la postre, se materializó: el líder cubano no recibió en persona la condecoración, sino fue su hermano Raúl, quien convirtió al régimen en una monarquía hereditaria al recibir el cargo de presidente, a causa de los quebrantos de salud que sufre quien hace 50 años entró triunfante en La Habana, luego de haber derrocado al dictador Fulgencio Batista.
Este hecho solo puede ser considerado como consecuente con la manera como piensa el gobierno cubano, no solo de Guatemala, sino de su actual presidente. Desde el punto de vista nacional, para Cuba la tierra del quetzal no tiene la importancia que le otorga a Argentina y a Chile, ambos gobernados por mujeres, y por eso recibió a las presidentas Cristina Fernández y Michelle Bachelet. Las relaciones con Guatemala entran en el campo de la nostalgia: José Martí vivió en este país, y uno de los autores del Himno Nacional vio la luz en la Perla de las Antillas.
Más recientemente, durante el conflicto armado interno, Castro debió intervenir para la creación de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca. Le causó molestia el fracaso de los guerrilleros en convertirse en partido político. Y en este momento Cuba puede obtener con otros países más divisas, tan necesarias, y que son obtenidas por medio del envío de médicos que trabajan en las áreas rurales.
En suma, para Cuba la presencia del ingeniero Colom obligaba a una cordial recepción, pero nada más. No se puede olvidar que, desde la perspectiva revolucionaria cubana, personas como el actual presidente guatemalteco no gozan de prestigio, al ser consideradas izquierdistas pero no combatientes. Sin embargo, para quien encabezó la delegación guatemalteca sí era importante reunirse con un caudillo a quien evidentemente ha admirado. Eso explica la insistencia de la Cancillería por lograr una entrevista con Fidel Castro, y al no encontrar eco, también explica la idea de ofrecerle la máxima condecoración guatemalteca como una forma supuestamente elegante de forzar a esa reunión.
El análisis más simple de la decisión del gobierno de Álvaro Colom indica que fue un fracaso político y diplomático. El homenajeado no consideró esa condecoración lo suficientemente importante para acceder a una entrevista personal. Internamente, las críticas fueron no solo profusas, sino fundamentadas. Abrió una innecesaria fuente de críticas a él y a su gobierno, y demostró que las personas encargadas del manejo de la Cancillería guatemalteca no tienen el colmillo ni la calidad necesarias para evitar fiascos.
Lo ocurrido en Cuba significa una lección. El gobierno guatemalteco debe tener cuidado en cumplir con los requerimientos de la diplomacia, y sobre todo de la lógica, antes de actuar por ocurrencia de alguien. Por ese error, insistencia y falta de análisis, a Guatemala le fue recordada la manera modesta como es vista en el mundo, donde no tiene peso político específico.
“El bienestar de la comunidad (Cajolá, Quetzaltenango) se encuentra amenazado por la disminución de los recursos. En promedio, cada familia recibía unos US$100 mensuales, y ahora apenas y llegan a los US$25”.EDUARDO JIMÉNEZ,De la Asociación Grupo Cajolá
“Tenemos 69 policías cuidando el área en que se encuentran (los Zetas), por las vulnerabilidades de ésta, ya que no se cuenta con una cárcel de máxima seguridad... Esos agentes deberían estar cuidando a la población, y no a delincuentes”.MARLENE BLANCO LAPOLA,Directora de PNC
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