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Guatemala, 4 de julio de 2009

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ALEPHCarolina Escobar SartiHistorias de amor

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Cuando yo era joven, y luego de cuatro años de noviazgo, mi padre aún presentaba a mi novio como “el amigo de la familia”. Cuando nos dábamos las manos nos las separaba y darnos un beso en la boca enfrente de él, ni considerarlo. ¿Hablar en aquella época de derechos sexuales y reproductivos, aborto u homosexualidad en las reuniones familiares de la conservadora sociedad guatemalteca? Impensable. Wittgenstein, el gran filósofo del lenguaje dijo alguna vez que lo que no se nombra no existe, así que supongo que nada de eso existía para muchas de nuestras familias.

Treinta años después, veo a mis hijos expresarse más libremente con sus amores, hablar honestamente de sus sentimientos y participar, incluso, en debates abiertos sobre temas como los mencionados.

Sin embargo, la homosexualidad aún provoca mucho escozor en nuestro paisito; no se habla del tema en los medios de comunicación, a menos que sea por un escándalo de curas pederastas, que no refleja en nada su verdadera dimensión.

En muchas familias aún evitan mencionar el tema o lo hacen a través de chistes sobre “huequitos”, y aún hay opiniones jurásicas que la consideran una enfermedad. Incluso, algunos padres y madres impiden que sus hijos e hijas se acerquen a homosexuales y lesbianas por temor al contagio. Hay camino por recorrer.

Por eso valoro la disposición de la Cooperación Española (CE) de abrir espacios para esta temática en Guatemala. Uno de ellos es la exposición que está en la sede de la CE en Antigua, y se llama Historias de Amor.

Desde distintas aproximaciones y desempeños estéticos, esta Colección se constituyó en un referente de la lucha en España de las lesbianas, los gays, bisexuales y transexuales (LGBT) por lograr una igualdad real y una ciudadanía más plena. Luego de presentarla en público a mediados del 2005, el 1 de julio de ese mismo año, en aquel país, entró en vigor la Ley 13/2005, que modificaba el Código Civil español en cuanto al derecho de contraer matrimonio. En su exposición de motivos reconoce que la convivencia como pareja entre personas del mismo sexo ha sido objeto de aceptación social creciente y ha superado arraigados prejuicios y estigmatizaciones.

A pesar de la férrea oposición de la jerarquía de la Iglesia y de algunos partidos políticos, la ley pasó. Las encuestas fueron claras: casi dos tercios de los españoles aprobaban el matrimonio gay y una mayoría convalidaba las adopciones de niños por parejas homosexuales.

Será porque los argumentos contra el matrimonio gay son generalmente oscuros dogmas y prejuicios de siglos que no se sostienen sobre análisis racionales. Por lo tanto, se caen al escarbar debajo de la superficie.

¿Que el matrimonio gay atenta contra la sagrada institución de la familia? Mentira. Las parejas heterosexuales podrán seguirse casando a la usanza tradicional y teniendo los hijos que quieran, nadie lo impide. Además, la familia como institución vive una crisis profunda, y el hecho de que los homosexuales crean en ella más que muchos heterosexuales, podría fortalecerla.

A lo mejor en un cuarto de siglo, las estadísticas nos dicen que hay más estabilidad entre los matrimonios gays, o a lo mejor terminamos de abrir los ojos y de darnos cuenta de que el modelito del matrimonio tal cual está no funciona para todos, sean hétero u homosexuales. ¿Los niños adoptados por parejas homosexuales se traumarán más y sufrirán más que los “normales”? Mentira. No hay estudios psicológicos que sostengan esto; lo que la niñez necesita es amor y respeto, no formas ni abstracciones. ¿Acaso no es en las familias heterosexuales “normales” donde millones de niños y niñas viven a diario los mayores traumas por abusos, ultrajes y otras formas de violencia?

En fin, la palabra está para sostener o desmarcar los convencionalismos acumulados. Que hoy sirva para iniciar diálogos posibles, para desmarcar prejuicios y sostener el amor en su diversidad.

cescobarsarti@gmail.com

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