Guatemala, 4 de julio de 2009
Por eduardo palacios
Opinión
18:35 | 02/07/2009
Todos tenemos deseos que soñamos algún día hacer realidad, no importando cuánto dinero se requiera para satisfacerlos. Satisfacer un deseo personal es darse un gusto, y existen gustos más caros que otros.
Depende cuáles y de qué tipo sean los deseos a satisfacer. Es decir, según sean los gustos, así serán los gastos.
Un hecho innegable es que siempre tendremos más gustos que entradas y por ello hasta recurrimos a las tarjetas de crédito para satisfacerlos cuando las entradas no alcanzan, lo cual generalmente nos trae problemas de gravísimas y tristes consecuencias.
Lo peor de todo es que a medida que las entradas se nos aumentan, los deseos se nos sofistifican. Se comienza con el deseo de tener un carro aunque sea usado, para luego desear uno nuevo y de agencia; y después otro, pero de características y marca que no cualquiera tenga.
Primero se desea la casita propia, no importa dónde, para luego desear vivir en tal o cual sector y tipo de residencia. Se empieza con el deseo de comer afuera, en un lugar económico, para luego querer disfrutar de la alta cocina. Y todos estamos en la libertad de hacerlo, pero sin recurrir al crédito y teniendo en cuenta cubrir primero que todo las necesidades reales, cumplir con nuestras obligaciones y compromisos, y sin dejar de apartar un poco para aumentar nuestro patrimonio, con el fin de asegurar nuestra edad madura y disfrutarla con dignidad y en paz, dándonos los gustos que deseemos.
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