Guatemala, 7 de julio de 2009

DE MIS NOTASCiciguimos asíAlfred Kaltschmitt

HOMO ECONOMICUSCuarenta y ocho horas...José Raúl González

SIEMBRACon mis propios ojos Carlos Enrique Zúñiga Fumagalli

WACHIK’AJEmbargoMartín Rodríguez P.

PUNTO DE ENCUENTROHonduras: dolor y sangreMarielos Monzón

MIRADORPedro TrujilloClub de chiflados
Los sucesos de Honduras han hecho correr mucha tinta, alguna de interesada procedencia. Se habló, y se sigue hablando en menor medida, de un golpe de Estado y de ruptura del orden institucional. Utilizamos palabras viejas para describir nuevos hechos, donde el uso interesado de los términos carga la emotividad, remonta a experiencias superadas y restringe la capacidad de interpretar los sucesos.
El presidente Zelaya decidió, en contra del dictamen del TSE, la Corte Suprema de Justicia, el fiscal general y la mayoría de ciudadanos, convocar a una asamblea constituyente, disfrazada de consulta popular, para cambiar la Constitución en su beneficio. Hizo como sus vecinos del Sur y, con el apoyo de quienes imprimieron las boletas, sobrevolaron el espacio aéreo y enviaron asesores y agitamasas, incumplió y dilató el tiempo hasta el límite. Irrumpió en una base militar y se llevó las urnas, el Congreso lo improbó por medio de una comisión de investigación, el jefe de las Fuerzas Armadas se negó a cumplir una orden ilegal y medio mundo le advirtió que cuanto hacía estaba fuera de la ley. ¡Todo le resbaló! Su soberbia y algunos revolucionarios consejos lo hicieron creerse virrey.
Si se hubiera permitido “la encuesta”, es posible que con la manipulación existente y la ilegalidad manifiesta se habría terminado por justificar la Asamblea Constituyente y mucho más probable que el presidente desconociera al resto de poderes y asumiera como única autoridad, que es lo que sus cofrades aconsejadores hicieron en esos otros países del ALBA.
Las Fuerzas Armadas, institución del Estado, cumplieron con la orden judicial de sacar al mandatario antes de que se llegara a un proceso irreversible, cediendo el poder inmediatamente, tal y como la Constitución lo determina. ¿Fue un mal menor sacarlo del país para evitar violencia extrema?, eso es algo que nunca se sabrá y por lo que tendrá que responder judicialmente su comandante.
La presión mediática de los dictadores del ALBA se notó rápidamente. En poco tiempo se convocó a una reunión de aquellos, otra de la OEA y una extraordinaria de la Asamblea General de la ONU, todas con un tufo a izquierda rancia y manipuladora que se siente rabiosa y perdedora viendo cómo el péndulo de la revolución bolivariana se torna al otro extremo tras las elecciones en El Salvador, la derrota de la pareja presidencial argentina y el triunfo de la nueva visión panameña. La OEA, precipitadamente, dictó una resolución que no da salida a la negociación, única vía para arreglar la crisis. ¿Quiénes apoyarán la reelección de Insulza? Todo esto es el despropósito de una especie de dictadura cosmopolita que bajo la quimera de “comunidad internacional” representa exclusivamente a los jefes de algunos Estados donde la democracia está matando a la República, y el populismo, erigiéndose como absoluto soberano.
La solución, como siempre, está en manos de individuos responsables y capaces de tomar decisiones difíciles en momentos trascendentales, sin amedrentarse por golpistas que desaprueban los golpes, dictadores que defienden la democracia ni antimilitaristas que se hacen llamar comandantes y constantemente amenazan con el uso de la fuerza. Nadie debe estar por encima de la ley, y cuando eso ocurre, hay que aplicar la ley y actuar sin miedo y contundentemente. Si algo ha quedado claro es que la ola despótica que se aproximaba se puede parar. ¡Oyeron todos!: se puede parar.
Esto debe ser un mensaje para quienes, estén donde estén, creían poder caminar por encima de las aguas.
www.miradorprensa.blogspot.com
Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos
© Copyright 2009 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio