Guatemala, 10 de julio de 2009
10-07-2009 | 15:18:56 ( © 2009 AFP )
La avenida 9 de julio, la principal de Buenos Aires
juan mabromata
(AFP)
BUENOS AIRES (AFP) - "No hay nadie; entre el feriado, la gripe, el frío y los teatros cerrados, mejor nos vamos a casa", resume Edgardo, encargado de una playa de estacionamiento de la capital argentina, semivacía el viernes debido al feriado sanitario dispuesto por el gobierno nacional para frenar la gripe porcina.
Buenos Aires tenía este viernes un ritmo de domingo por la suspensión de las actividades en bancos, financieras y gran parte del sector privado, pese a que el opositor gobierno de la ciudad resolvió no adherir al feriado sanitario en la administración pública.
Muchos argentinos eludieron la recomendación de recluirse en sus casas para evitar la propagación del virus y aprovecharon para partir hacia puntos turísticos el miércoles pasado, teniendo en cuenta que el jueves fue feriado por celebrarse el Día de la Independencia.
"Usar barbijo (tapaboca), ni loca, es un papelón (rídiculo), no tengo miedo al contagio", dice Irina, de 17 años, mientras pasea por la capital.
La indiferencia de Irina contrasta con el racionamiento de la venta de alcohol y otros bactericidas que debieron imponer varias cadenas de farmacias de la ciudad ante la creciente demanda que jaquea sus stocks.
"Frente a la emergencia sanitaria, sólo vendemos dos unidades de alcohol por persona", reza el cartel de una farmacia donde un empleado confirma que "los barbijos están agotados desde hace una semana", aunque en la calle nadie los utiliza.
El tradicional paseo de la avenida Corrientes parece en cuarentena sin el brillo de las marquesinas de los teatros, cerrados por iniciativa privada para evitar los contagios y las pérdidas, tras una estrepitosa caída en la venta de boletos.
Empresarios de los cines se apresuraron a reducir a la mitad la cantidad de público permitido por cada función de manera de dejar una conveniente distancia entre los asistentes, como medida de paliar la merma de público.
"Yo mantengo a mi hija en casa, mira televisión, la pasamos como podemos", confiesa Andrea, madre de Paloma, de 5 años, de vacaciones forzadas hasta agosto debido a la suspensión de clases dispuesta hace una semana.
"Esto del feriado es una pavada (tontería), el lunes estamos de vuelta todos pegoteados en el subte (metro)", opina Ricardo, un vendedor de periódicos de la céntrica calle Florida, al aludir a la afluencia de pasajeros en ese medio de transporte, que usan a diario más de un millón de personas.
Junto a la boletería del metro, un dispensador de alcohol está sujetado a la pared.
"Casi nadie lo usa, la última vez que lo llenamos fue hace cuatro días y por acá pasan miles de personas", dice una empleada del metro que prefiere no dar su nombre.
El miedo al contagio modificó algunos hábitos de los argentinos, como compartir el mate, la tradicional infusión que varias personas sorben de una misma bombilla, pero no logró mellar la costumbre de saludarse con un beso o un apretón de manos, pese a que las autoridades lo hayan desaconsejado.
También despertó nuevos negocios, como el "lavado anti gripe A", una limpieza con "bactericida y alcohol" que, a cambio de unos 10 dólares, ofrecen lavaderos de automóviles de la ciudad para "dejar libre de gripe a su vehículo", según prometen los anuncios.
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