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Guatemala, 11 de junio de 2009

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PERSISTENCIAMargarita CarreraViolencia contra la niñez

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Todavía recuerdo aquel mediodía cuando estaba en Pollo Campero. Cerca de mí se sentó una familia con tres hijos. Al más pequeño lo pusieron en una silla especial, muy cerca de mí. De pronto oí al padre gritar duramente al niñito simplemente porque éste lloraba en silencio. Le ordenaba que cesara de lloriquear. No hay nada que conmueva tanto como el llanto silencioso de un(a) menor. Por eso, cuando se levantó el padre para pegarle, de inmediato también me levanté yo para abrazar al pequeño y enfrentarme al ogro, ya que la madre guardaba silencio. ¡Cuidadito si le pega al niño! le dije. Es que es mi hijo y yo tengo derecho a pegarle. ¡En absoluto, nadie tiene derecho de alzar la mano contra un(a) menor que es incapaz de defenderse!

Han pasado algunos años después de este incidente. Pero lo que iba a acontecer aquella tarde, acontece todos los días y en todas las clases sociales. Entre ricos y pobres, ladinos e indígenas. Se cree que la “Patria potestad” (que puede incluir también a la madre) significa el derecho de abusar de niños y niñas de parte de padres o madres o quienes hagan sus veces, simplemente porque contravienen su voluntad.

Las leyes que protegen a los(as) menores y a las mujeres son totalmente desconocidas en el ámbito guatemalteco. Gente insensible que jamás lee un libro, ni siquiera ve los periódicos. Porque el analfabetismo se refiere no sólo al que no aprendió a leer y escribir, sino a aquéllos que a pesar de ser alfabetas no saben o no quieren leer. Tampoco escuchan a sacerdotes o pastores que predican el amor, no el odio, mucho menos la violencia.

Actualmente, Guatemala se ha conmovido con los horribles crímenes en contra de las hermanas Suruy: Wendy, de 12 años; Diana Liseth, de 8, y Heidy, de 7. Fueron degolladas el 29 de mayo último, cuando regresaban de la escuela y se dirigían a su casa, en Chicamán. Sus asesinos ya están en manos de la justicia y resulta que son parientes de las víctimas: Áxel Noé Cho Axpuac, Morony Silva y Luis Socorec. Todo el mundo pide para ellos la pena de muerte. Si los meten a la cárcel, pueden salir un día y volver a cometer asesinatos en contra de niñas indefensas.

Yo me pregunto cuánta violencia sufrieron estos tres jóvenes desalmados para haber crecido con tan malas entrañas. ¿Fueron golpeados, violados, castigados cruelmente? ¿Los supieron educar e inculcarles buenos principios? De todas formas, el peso de la ley debe caer sobre los tres. ¿Querrá alguien ser su abogado defensor? Asunto que también deben tener en cuenta psiquiatras y psicoanalistas. ¿Qué historia tétrica se esconde en su niñez? Aún quienes estamos en contra de la pena de muerte, respetamos la opinión de la gente honrada, aunque somos conscientes de que matar a quien ha matado nos convierte en asesinos.

Sin embargo, no nos cabe en la cabeza tanta maldad oculta en los seres humanos, como nos es imposible imaginar el holocausto judío en época de Hitler o el holocausto de los pueblos y aldeas indígenas de parte del ejército durante la guerra sucia. ¿Qué castigo se ha de dar a semejantes asesinos? ¿Que se les torture y asesine cruelmente como ellos lo hicieron en contra de los y las inocentes? Ojo por ojo. La ley del Talión. Pero entonces seríamos iguales a ellos. Asesinos a su imagen y semejanza.

Yo recuerdo una niñez solitaria, en donde lloraba en silencio detrás de una puerta hasta quedarme dormida. Pero en absoluto deseo que inocente alguno sufra lo que yo sufrí. Al contrario. Me he vuelto defensora de los oprimidos en todos los aspectos. Por ello me enamoré de la figura de monseñor Juan José Gerardi. Por ello decidí, inconscientemente al principio, escribir sobre él. Gerardi: un ejemplo de bondad y de justicia. Un ejemplo de entrega a los indígenas desposeídos y golpeados, masacrados y asesinados por la contrainsurgencia. Lo que no lo hace comunista, como le acusan muchos. A mí también me han llamado comunista.

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