Guatemala, 11 de junio de 2009

PERSISTENCIAViolencia contra la niñezMargarita Carrera

INDEPENDENCIASed de justiciaJuan Callejas Vargas

IDEAS¿Bossa-roba?Jorge Jacobs A.

ALEPHPerú profundoCarolina Escobar Sarti

REFLEXIONESExpresión y ciudadaníaFrank La Rue Lewy

PERSPECTIVASRenzo Lautaro RosalCrisis van, crisis vienen
¿Realmente experimenta- mos en las pasadas semanas una crisis política? ¿La institucionalidad del país estuvo amenazada? En un principio, se partió de ambas premisas. Las preocupaciones adquirieron un tono álgido. Sin embargo, con el pasar de los días y las semanas, todo ha vuelto a la normalidad. Tal parece que ésta ha sido la constante ante la diversidad de aparentes “crisis” que hemos experimentado, o de las cuales nos han querido hacer parte.
Todo parte del mismo ardid: se lanza una provocación, que adquiere en poco tiempo un volumen de altas proporciones. Todo parece venirse abajo. El reino del cuestionamiento, la incertidumbre y la desconfianza adquieren su máximo nivel. Después, la fuerza de los pactos adquiere protagonismo y todo queda en aparente silencio. El reino de las “colas machucadas” traspasa cualquier diferencia. Pero no todo queda igual: hay reconfiguraciones en las relaciones de poder, las negociaciones requieren pagos por nuevas deudas; nuevos actores irrumpen en la escena que se constituyen en comparsas, en un nuevo episodio de un melodrama que no tiene final.
A pesar de todo, ningún sector sale afectado por completo. Por el contrario, la aparente “crisis” permite cierta oxigenación que reconforta, e incluso potencia a los sectores en aparente pugna. El pacto de élites, tras el llamado a la estabilidad institucional y la preservación de la democracia, acarrea la misma ecuación: remover el hormiguero, crear confusión, anunciar el precipicio y doblar la página para preparar una nueva embestida. ¿Qué hay en medio de todo esto? Mantener los hilos del poder, disipar toda posibilidad para el protagonismo de las élites emergentes, anular los núcleos proveedores de fuerza y recursos a la UNE y su posibilidad de continuismo, y por supuesto, proseguir con la erosión de los recursos del Estado, fuente inagotable de negocios y contubernios.
Mientras tanto, los únicos productos tangibles son la Ley de Comisiones de Postulación y el aumento de demandas a la Cicig. En el caso de la ley, sus mecanismos y las puertas que cierra darán lugar a un nuevo escenario de negociaciones “debajo de la mesa”, incluso de mayores implicaciones a las anteriores. Esta será la primera gran prueba para su aplicabilidad. El exceso de demandas y presiones sobre la Cicig representan una trama. No por casualidad sectores y personas que insistieron en su inoperancia, ahora se suman en su favor. La daga está colocada sobre el pecho.
Nuestro sistema político tiende a su permanente reacomodo, ante su alta capacidad de mutación. No hay actor que altere esta lógica. En fin, esperemos la siguiente escaramuza.
rlrosal@yahoo.es
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