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Guatemala, 18 de junio de 2009

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ALEPHCarolina Escobar SartiNo fueron daños colaterales

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No hay guerra buena ni violaciones

perpetradas en ese contexto que puedan ser calificadas como daños colaterales. En Guatemala tenemos que ponerle atención a este tema, porque según un estudio de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado, publicado en 1998, en una de cada seis matanzas perpetradas durante el tiempo de la guerra en nuestro país, se dio la violación de mujeres y niñas como fenómeno generalizado. Muchas de ellas aún están vivas.

Anne-Marie Goetz, de Unifem, dijo que “Por primera vez, el Consejo de Seguridad de la ONU reconoce que la violencia sexual sistemática puede ser una táctica de guerra, y porque es una táctica de guerra requiere de una respuesta de seguridad con políticas”. Hace un año, esa misma instancia aprobó la resolución 1820, para combatir la violencia sexual en situaciones de conflicto.

Dicha resolución determina que la violencia sexual se propaga en zonas de conflicto, y que rebasa el ser únicamente un problema social. El texto señala que esta forma de agresión “puede exacerbar significativamente situaciones de crisis armadas y puede dificultar la restauración de la paz y seguridad internacionales”. Goetz y dos personas más se reunieron para revisar los avances en la implementación de esa resolución, revisaron nuevos desafíos a enfrentar, y analizaron los motivos de los perpetradores.

¿Cuántas violaciones sexuales sucedieron durante la guerra sucia que vivimos? Es difícil saberlo porque las víctimas llevan a cuestas un estigma que les impide hablar hasta hoy en muchos de los casos. Por otra parte, las violaciones cometidas en zonas de guerra no necesariamente son perpetradas por miembros de algún ejército, sino también por la pareja de la víctima. La violencia en contextos de guerra casi nunca es denunciada, por miedo a represalias; menos la doméstica.

Muchas de las mujeres violadas, hasta no sanar, sienten que una violación es el problema principal de sus vidas, y esto seguramente, además de afectarlas a ellas, afecta incluso la reconstrucción y recuperación de las zonas de conflicto. No se sabe cuánto, pero definitivamente hay una relación directa entre violaciones sexuales en contextos de guerra y formas y tiempos de reconstrucción.

Una de las expertas trató de responder a la pregunta de ¿por qué se viola a las mujeres y niñas en las guerras? Una de las respuestas es que “La violencia sexual es un fenómeno usado como práctica de socialización, especialmente por combatientes que necesitan confiar entre ellos pero que no se conocen”, y afirmó que los grupos armados realizan sistemáticas violaciones para crear cohesión entre sus miembros. Seguramente los casos más fáciles para prevenir y enjuiciar son los “comandados, planeados y organizados” por la cúpula de los grupos armados, pero estos no son la totalidad.

¿Y las consecuencias? La humillación y degradación que viven las víctimas que viven dos y tres violaciones más al tener que contar y probar que fueron violadas; las enfermedades sexualmente transmisibles; los traumas profundos y sus correlatos. Daño colateral es un término usado por las Fuerzas Armadas para referirse al daño no intencional o accidental producto de una operación militar. Habría que preguntarle a una mujer violada en contexto de guerra, incluso una guerra doméstica, si un ultraje es simplemente eso: un daño colateral.

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