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Juan Pablo de Laiglesia: “La impunidad es algo que nos preocupa” 

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“La falta de resultados (en seguridad) nos preocupa, pero supone modificar estructuras, y no se pueden esperar resultados mágicos”.

Juan Pablo de Laiglesia, secretario de Estado español para Iberoamérica.

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Diplomático de carrera

De Laiglesia ejerció como embajador en el país

• El secretario conoce bien la región: fue embajador en Guatemala desde 1988 hasta 1992.

• En 1992 fue designado embajador en México.

• Ingresó en la carrera diplomática, en 1973, y también trabajó en las embajadas españolas en Colombia y la Organización de Naciones Unidas.

• Desde abril último fue nombrado secretario de Estado para Iberoamérica por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

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Vea esta entrevista en www.prensalibre.com.



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Juan Pablo de Laiglesia, secretario de Estado español para Iberoamérica.

Por cristina bonillo y Miriam Larra

16:44 | 16/06/2009

Juan Pablo de Laiglesia, nuevo secretario de Estado español para Iberoamérica, tiene muy claras las prioridades bilaterales en la relación de España con Guatemala: continuar con la cooperación en materia de seguridad y justicia, una de las mayores preocupaciones de ese país europeo.

De Laiglesia no es nuevo en el país, pero asegura que las cosas han cambiado —para bien y para mal— desde que ejerció como embajador de España en Guatemala, de 1988 a 1992.

En el 2004 regresó al país, como máximo responsable de la Agencia Española de Cooperación Internacional, y en esa ocasión habló de una Guatemala renovada con ideas claras y voluntad política para mejorar.

Hoy es menos optimista, ya que reconoce avances, pero no puede ocultar su preocupación por los altos índices de violencia y criminalidad.

De éste y otros asuntos habló con Prensa Libre en su primera visita como secretario de Estado.

¿Qué recuerda del país que dejó cuando fue embajador de España en Guatemala?

Llegué a un país que acababa de recuperar la normalidad democrática, pero que todavía estaba inmerso en un proceso de negociación para la superación del conflicto interno. Existían grandes fracturas culturales, políticas e institucionales.

¿Y qué país encuentra hoy?

Una Guatemala que ha superado el conflicto, ha experimentado una normalidad en el ejercicio democrático y donde se ha producido un sensible desarrollo económico.

Todavía persisten problemas, que se enfrentan ahora de una manera más clara y más decidida, como la brecha de la desigualdad, la superación de la integración social de todos, el reconocimiento del carácter multiétnico del país, la necesidad de políticas integradoras.

¿Cuál es su percepción respecto de la violencia y la impunidad —98 por ciento— que se vive en el país?

La falta de resultados, desde luego, es algo que nos preocupa, y eso nos lleva a revisar continuamente nuestros programas y proyectos, para que tengan mayor impacto.

¿Cree que la cooperación que en este sentido da España está cayendo en saco roto?

Este es un tipo de cooperación que tarda en producir efectos, porque supone modificación de estructuras, y no cabe esperar resultados mágicos e inmediatos.

Pensar que la cooperación, porque no produce resultados inmediatos, no sirve para nada, no puede ser. El objetivo que se persigue no es la espectacularidad de un hecho, sino la consolidación de unas estructuras nuevas.

¿Cómo era el clima de seguridad durante su época de embajador?

Creo recordar que entonces prevalecía la violencia, esencialmente de carácter político, cosa que creo que no es el caso en el momento actual.

¿Está preocupado por la seguridad de los ciudadanos españoles?

De la misma manera que los guatemaltecos están preocupados por su seguridad. El incremento de los niveles de violencia que persisten a causa de la delincuencia común y organizada afecta a todos por igual.

Su antecesora en el cargo hizo ofrecimientos en materia de seguridad y justicia. ¿Éstos continúan pese a la debacle económica de España, o habría algún recorte ?

No hay ningún recorte de la ayuda; los objetivos siguen siendo los mismos, no han variado en nada.

Lo único que varía es el acento en uno u otro sector, dependiendo de cuáles son las prioridades que en cada momento fija el Gobierno guatemalteco, porque nuestra cooperación no es de oferta, es a demanda.

¿ Y cuáles son ahora esas prioridades?

Se concentran en tres áreas: primero, los sectores de necesidad básica, lucha contra la pobreza, salud, nutrición, educación y los sectores más desfavorecidos.

En segundo lugar, el fortalecimiento institucional y gobernabilidad, tanto a nivel estatal como de los municipios, y en tercer lugar, de manera muy específica, el Poder Judicial.

Hay un ámbito que no es nuevo, pero del que hemos conversado: el desarrollo rural, encaminado hacia el fortalecimiento de las estructuras productivas, de su capacidad de comercialización de productos, y la eventualidad de acompañarlo con microcréditos, facilidades financieras de algún tipo y fortalecer el desarrollo sostenible en el ámbito rural.

¿Cuál es el motivo de su visita al país como secretario de Estado?

Ha sido una visita de toma de contacto; por un lado, para traer al Gobierno y al presidente (Álvaro) Colom el apoyo español a la institucionalidad democrática del país, y por otro, ofrecer nuestro apoyo a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, como la institución que ha recibido el encargo de aclarar e investigar estos graves hechos que han traído la alarma social.

También llegué a restablecer el contacto en mis nuevas responsabilidades con la Cancillería y a hacer un repaso de la agenda bilateral.

En el tema migratorio, ¿cuál es la situación respecto del ingreso de guatemaltecos en su país? Se habla de un endurecimiento de los requisitos.

No ha habido ningún cambio en la normativa de ingreso en España, pero la ley hay que cumplirla, y a veces la ignorancia hace que se tengan que producir en la frontera algunos rechazos que se hubieran podido evitar con un previo conocimiento de los requisitos.

La política migratoria española es muy clara: favorecemos la migración legal. Hemos sido un país de emigración y entendemos la decisión; no siempre fácil, y a veces, dolorosa, de abandonar el territorio propio para buscar un mejor futuro en otro país. Una migración respetuosa de las normas, reglada, es una migración que cierra el paso a la trata de personas, a las condiciones infrahumanas de trabajo, a la vida en la ilegalidad.

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